Hacia otro Sistema Nacional de Investigadores/VIII-X

Javier Esteinou Madrid

Desde la década de los años 80, cuando surgió el Sistema Nacional de Investigadores (SNI), a la fecha, el país cambió drásticamente evolucionando de ser una nación en crisis al finalizar el siglo XX, a ser una nación extraviada en su proyecto de desarrollo global en la segunda década del siglo XXI.

Así, en el lapso de tres décadas se observó que en nuestra sociedad el salario mínimo se degradó en más del 65%; las principales ciudades entraron en procesos de degeneración salvaje; el campo alcanzó su mayor abandono sectorial, aumentando las migraciones hacia los Estados Unidos; el sistema educativo se colapsó al grado de hoy ser una sociedad de alumnos reprobados y de maestros que se oponen a su evaluación magisterial; la población se depauperó en más de un 50 % teniendo que ampliar su jornada de trabajo horas extras para sobrevivir; las áreas verdes entraron en un proceso creciente de destrucción de más de 800 mil hectáreas anuales; el desempleo avanzó notablemente impulsando la economía informal; la deserción escolar avanzó 22%; los partidos políticos dejaron de representar a los ciudadanos; las especies animales como cadenas de reproducción de la vida se extinguieron 35% más; la población evolucionó de 70 millones de habitantes a 114 millones hoy día; el modelo monopólico de economía se reforzó desproporcionadamente; la depresión cundió como epidemia psíquica en el país; la importación de patentes se incrementó en un 25%; la pobreza extrema se acentuó de forma extrema dejando a más del 50% de la población mexicana en esa situación; la inseguridad aumentó en todas las metrópolis del país dejando un saldo de guerra de 70 mil muertos hasta finales del gobierno del presidente Felipe Calderón.

Sin embargo, en ese largo periodo de colapso de la república, que se le calificó por los gobiernos en turno como etapa de “modernización” y de “competitividad” nacional, el SNI evolucionó de mil 396 investigadores, cuando se fundó en 1983, a más de 20 mil investigadores nacionales que hoy están reconocidos por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología en el 2013.

Ante esta situación, una de las preguntas fundamentales es de qué sirvió el conocimiento especializado producido en tres décadas por los investigadores del SNI para tratar de evitar el proceso de avance del deterioro nacional.

Frente a esta situación, la respuesta es que la creación de dicha riqueza científica ha sido muy valiosa en sí misma, pero también ha sido muy poco utilizada para salir de la crisis civilizatoria en la que se encuentra sumido el país, pues el remolino de la realidad nacional avanza por una dirección y el desenvolvimiento de la ciencia y la innovación local por otro muy distinto.

Es por ello que ante los diversos desafíos que encara el SIN en la segunda década del siglo XXI, no hay que reprobar a dicho organismo como lo ha manifestado la Auditoría Superior de la Federación del Congreso de la Unión en su diagnóstico sobre tal institución en año el 2012; sino que hay que enjuiciar a las directrices irresponsables de Estado que no han formado una política de corto y largo plazo para el desarrollo de la ciencia y la tecnología en la nación.

En este sentido, de ninguna manera se debe cancelar el SNI como lo han propuesto radicalmente algunas fracciones políticas del Poder Legislativo, sino al contrario, es necesario refundarlo urgentemente con nuevas propuestas que permitan reestructurar ampliamente el proyecto del desarrollo científico de México.

De esta manera, así como hoy día es necesario transformar el modelo económico para que ofrezca más empleos a la población, la Constitución para que refleje los cambios profundos que ha vivido la sociedad en las últimas décadas, el pacto social para que exista paz en la república, a los partidos políticos para que representen las principales demandas de los ciudadanos y no sus intereses grupusculares, los hábitos  irresponsables del uso del agua y de otros recursos no renovables, la estructura de las telecomunicaciones para que permita mayor participación ciudadana.

De igual forma, es necesario transformar profundamente al SNI para que sea un organismo que valore con mayor virtuosismo el esfuerzo intelectual de sus académicos, fortalezca la estructura de remuneraciones económicas de los analistas, abandone las practicas “discrecionales” o “subjetivas” con las que evalúa a sus miembros y aproveche la sabiduría producida por los académicos para propiciar el desarrollo de la sociedad a través de la difusión de los resultados del conocimiento científico.

De no efectuarse este proceso de transformación institucional, se confirmaría que el SNI es inmodificable por estar penetrado por grupos de poder académico que impiden su evolución. Es indispensable dotarlo de un sentido social y ético que obligue a que los investigadores dejen de practicar investigaciones de escasa relevancia para el desarrollo de México, sobre todo en la actual crisis económica, social, cultural y ética.

De lo contrario, se tendrá un sistema científico divorciado de las prioridades de nuestras comunidades que operará más como un “adorno institucional” que como un instrumento eficaz para avanzar como país.

En la etapa de deterioro de crecimiento en la que se encuentra colocado el país, el SNI requiere generar un nuevo sistema científico que impulse el desarrollo nacional en sus diversas áreas. Por ello, debemos preguntarnos cómo construir un sistema científico y de innovación nacional que induzca el avance de nuestra sociedad.

jesteinou@gmail.com