Hacia un modelo de comunicación ciudadano/II-V
Javier Esteinou Madrid
Debido al marginamiento de la sociedad mexicana para participar dentro del sistema establecido de medios de difusión colectivos a principios del tercer milenio en la república, ésta continúa siendo sólo una comunidad receptora y no emisora de mensajes. Las únicas excepciones de participación de la ciudadanía en los medios de información colectivos se dan cuando alguno de estos sectores, por alguna circunstancia excepcional, se convierten en noticia y entonces son difundidos por los medios como las mercancías informativas del momento y desaparecen de las pantallas cuando dejan de ser novedosos, y en consecuencia, ya no elevan el rating, sin contar con ningún derecho civil para participar permanentemente en estos cuando ellos lo requieran para discutir en el espacio público mediático sus necesidades o problemáticas de existencia.
En otras palabras, la sociedad civil o los grupos emergentes sólo pueden participar en la programación de los medios cuando sirven como apoyo para elevar el rating de las empresas, pero no son considerados permanentemente dentro de las industrias culturales electrónicas como sujetos o entidades con derecho a contar con espacios permanentes de información colectivos para producir corrientes de opinión y de participación social. Por consiguiente, es la lógica de oportunidad económica del rating la que decide quién, cuándo y en qué grado participa la sociedad civil dentro de los medios y en qué momento no.
Esta realidad política corroboró, una vez más, que en materia comunicacional a principios del siglo XXI si existió transición política en el país, pero no fue la transición pacífica a la democracia participativa; sino fue el cambio creciente a la super concentración y monopolización comunicativa, que excluyó y amordazó a la población para participar en el nuevo espacio público mediático colectivo. En otros términos, aunque desde el año 2000 existió en la sociedad mexicana una débil transición política a la democracia que ha atravesó fundamentalmente la transformación de las estructuras electorales, el cambio del Poder Legislativo, la modificación del Poder Ejecutivo, la mutación del Poder Judicial, la evolución de los partidos políticos, la seudo transparencia gubernamental, etc; en términos comunicativos, no existió una transición a la democracia, puesto que éste proceso no penetró sustantivamente la transformación de los viejos sistemas viciados de los medios electrónicos de información colectivos, ahora disfrazados de modernos. Así, estos continúan funcionando dentro del esquema concentrador, vertical, autoritario, discrecional, hermético, monopólico, elitista, anti ético, desigual, no ciudadano, etc, opuesto al proceso de apertura, horizontalidad, pluralidad, moralidad, participación, equilibrio, igualdad, etc., que exige el proceso de comunicación democrática que demanda el nuevo modelo de país.
Los espacios contados de “apertura” o “avance democrático” que se han dado en el modelo dominante de medios electrónicos, como han sido la introducción de los programas de debate, la inclusión de la discusión de otros temas antes vedados, los análisis críticos de coyuntura, la creación de algunos medios ciudadanos, etc, han sido excepciones informativas muy contadas que no han sido factores suficientes para marcar un cambio de tendencia estructural del viejo modelo de comunicación autoritario en el país.
Ante este horizonte de cerrazón estatal para la democratización informativa, la sociedad mexicana se enfrentó al delicado panorama político en el que los grandes grupos no cuenten con espacios de expresión dentro de estos para expresar sus necesidades, problemáticas, demandas y soluciones. Frente a ello, se observó la tendencia creciente de que los movimientos sociales en emergencia continúen creando sus propios procesos clandestinos de comunicación colectivos, que derivarán, tarde o temprano, en la construcción de un nuevo Estado ampliado paralelo al oficial, con el consecuente acrecentamiento de nuestra crisis de hegemonía nacional. Ejemplo de ello, han sido el surgimiento temporal de los medios contra estatales como “Televerdad”, “Radio Vampiro”, “Radio Pirata”, “Medios Comunitarios” y las intervenciones guerrilleras que se han dado a través de Internet. Obviamente todas estas expresiones no pueden sobrevivir en el espacio público, a mediano y largo plazo, pues son instituciones perseguidas por el gobierno, hasta abolirlos, destruirlos y encarcelarlos.
Debemos recordar que cuando los grupos sociales, especialmente los marginados, no tienen acceso al espacio público simbólico, vía los medios de información colectivos, para exponer sus necesidades e intereses, entonces toman, pacífica o violentamente, los espacios públicos físicos como las vías de comunicación materiales como son las calles, las plazas, las avenidas, las carreteras e incluso las instituciones de difusión masiva para presentar sus demandas.
En este sentido, es muy importante asimilar que en la medida en que las organizaciones sociales cuenten con tiempos en los medios de difusión electrónicos se evitará la presencia de tantas manifestaciones callejeras que todos los días suceden en las principales ciudades del país y que implican pérdidas económicas, cierre de empresas y comercios, destrucción de bienes, caos vial, ingobernabilidad, anarquía urbana, irritación ciudadana, fuga de capitales, aumento del stress y pérdida de la calidad de vida en la población. La sociedad toma permanentemente las calles del país por no tener espacios de expresión en los medios de difusión colectivos ni garantías comunicativas.
De esta forma, debido a que no se ha permitido la participación de los grandes grupos o entidades fundamentales en los medios electrónicos, tanto públicos como privados, éstos instituciones continúan desvinculados del análisis sistemático de los grandes obstáculos que impiden nuestro desarrollo nacional y de la difusión constante de las posibles alternativas de solución para cada rama de nuestro crecimiento interno.
Este control gubernamental de los medios electrónicos impidió que los grandes grupos civiles participaran de forma constante y directa en la construcción de un nuevo espacio público que contribuyera a crear otra cultura para la sobreviviencia nacional.
Así se consolidó un modelo de comunicación altamente concentrador, que permitió que solo unos cuantos expresaran a la mayoría sus puntos de vista y su visión del mundo. En este sentido, dichos espacios de participación funcionaron más como herramientas de control político y de legitimación del viejo Estado, y no de espacios para la creación y fortalecimiento de la democracia y la civilidad nacional.
Frente a este panorama, no podemos desconocer que es imposible edificar un gobierno moderno y avanzado, sin la transformación democrática e integral de sus instituciones de medios de comunicación colectivos, ya que es a través de ellos, como se realiza cotidianamente la principal forma de conducción, organización y participación colectiva en comunidad. En la fase de evolución masiva en que se encuentra la sociedad mexicana, es desde la apertura plural y ciudadanización del sistema mediático como se puede reconstruir de manera principal el tejido democrático y participativo de la sociedad.
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