Regino Díaz Redondo

Madrid.- Su Alteza Real la Infanta doña Cristina de Borbón y Grecia, duquesa de Palma, hija menor de los reyes de España, declaró que no tenía conocimiento de las maquinaciones de su marido en el Instituto Nóos; tampoco de sus fraudes al fisco, del lavado de dinero y del tráfico de influencias que realizó durante años Iñaki Urdangarin y por lo que se embolsó millones de euros con la complacencia y ayuda de políticos, empresarios y algún que otro arquitecto.

Por primera vez en la historia un miembro de la casa real española acude como imputada a testificar sobre un caso de fraude en los juzgados de Palma de Mallorca donde se instaló la filial Aizoon que comparte en propiedad con su marido.

Durante largas seis horas y algunos intervalos, estuvo ocho dentro del edificio, el juez José Castro le hizo más de 300 preguntas a las que doña Cristina contestó casi siempre “no se…, no me consta…, no sabía…, no estaba enterada…” y la respuesta más elegante que sus abogados enaltecieron es porque “enamorada, la señora confió plenamente en su marido como ella misma lo expresó”.

La benjamina, hija de Juan Carlos, firmó todo lo que su marido le ponía por delante sin ni siquiera leer el contenido más importante ni las condiciones de contratos y acuerdos que avaló sin cuestionar al ex jugador de balonmano.

Aizoon es otro negocio fantasma que tenía su sede precisamente en el domicilio de ambos, el Palacete de Pedralbes, y ella misma se auto-alquiló el inmueble. Aparte de Castro, sólo se permitieron preguntas al frente cívico “Julio Anguita” y ninguna a Manos Limpias, organización de extrema derecha. La estrategia de la defensa diseñada por los abogados Miguel Roca y Jesús María Silva, reconocidos constitucionalistas y distinguidos profesionales, se enfocó a presentar a la infanta como una mujer enamorada de su esposo que creía a ciegas en él y además cargada de obligaciones por su puesto en las oficinas de La Caixa en Ginebra y la atención de sus cuatro hijos.

Ante la opinión pública, doña Cristina recorrió unos cuatro metros antes de entrar al edificio donde testificó. Se vio tranquila, serena y sonriente, aunque un poco desconcertada porque estuvo a punto de darle la mano a una guardia civil que se mantuvo inamovible.

Afuera, esperaron durante muchas horas 399 periodistas venidos de todo el mundo y el lugar fue custodiado por 200 policías armados, motociclistas y francotiradores de élite apostados en 200 metros a la redonda.

Pero todo se desarrolló con normalidad dentro de la tensión evidente que existía porque tanto Roca como Silva se estuvieron comunicando con la Zarzuela en muchas ocasiones desde dentro de los juzgados para informar de cómo iba la declaración de la Infanta.

Juiciosos, Silva más serio que Roca que intentó exagerar sus explicaciones, los abogados consideran que los españoles han quedado satisfechos con la presencia de la duquesa de Palma ante el magistrado Castro.

Se equivocan los letrados. Afuera también hubo manifestaciones de protesta por parte de pequeños grupos de republicanos que ondeaban la bandera tricolor y de personas que están siendo afectadas por los recortes en una empresa transnacional de refrescos.

A mi entender, la esposa de Iñaki puede estar muy enamorada pero por sus contestaciones a las preguntas del juez Castro se deduce que toda la culpa de los malos manejos se la echó, evidentemente, a su esposo y que estaba enterada de una gran parte de las maquinaciones que el cántabro hizo durante muchos años pese a que el rey Juan Carlos le ordenó tajantemente hace mucho que se retirara de una institución como Nóos porque la convirtió en un organismo de lucro y no de beneficencia como era el propósito que había avalado la Casa Real.

La Infanta sólo se conmovió cuando le preguntaron sobre el préstamo de 1,200 mil euros que le había concedido Juan Carlos I y casi se le saltaron las lágrimas. Mas el asunto no pasó a mayores.

Tal parece que doña Cristina es una mujer dedicada exclusivamente a su casa. No obstante tiene una licenciatura en Ciencias Políticas y dos Masters, uno en Inglaterra y otro en Nueva York. Quizá el paso del tiempo haya minado sus conocimientos y se olvidó de que el que algo firma se responsabiliza de ello, sea lo que sea y pase lo que pase.

Sin embargo, había que quedar bien ante los millones de personas que siguieron la trama interrogatoria desde su casa y en la calle, cosa que reitero no fue muy cierta.

La perfidia de Iñaki Urdangarin el empalmado puede tener consecuencias mucho más graves de las que esperan la Fiscalía Anticorrupción, los abogados defensores, la Agencia Tributaria, la Casa del rey y el sunsum corda. Porque si se mete el dedo a fondo del asunto de los fraudes que presuntamente cometió, éste debe ir a la cárcel, según se baraja en los medios afines al gobierno y a la Zarzuela.

No saldrá doña Cristina de rositas, aunque todo indica que no volverá a pisar ni un juzgado ni mucho menos se sentará en el banquillo. Eso sí sería que la ley es igual para todos, como dijo Juan Carlos un fin de año.

La mayor sanción que podrá imponerse a la infanta es de 600 mil euros si su marido es responsable de los trámites realizados en Aizoon, ilegales, que alcanzan 1,200.000 euros.

Nada más. Nada más si la ley no es igual para todos, porque si lo fuera, otro gallo cantaría en este país en el que todos nos damos golpes de pecho y el que más y el que menos se rompe alguna costilla por conseguir beneficios económicos y restringir cada vez más su moral y decencia.

Iñaki se sentará en el banquillo de los acusados. Esto es casi seguro, a no ser que los arcángeles protectores de la realeza borbónica lo ayuden a salir adelante. ¿Cómo podría evadir la cárcel? Muy sencillo. Si lo condenan a 2 años de prisión, no tendrá que ingresar porque como no tiene antecedentes penales, con esa pena no es necesario estar entre rejas.

El caso es que no ha terminado este mitote que lleva ya más de cinco años instruyéndose en Palma de Mallorca y en otras partes. A Roca y a Silva se les escapó en alguna breve conversación muy informal y casi privada, que podría prolongarse la investigación un año más. Si es así, el zafarrancho está escrito y la gente ya no creerá ni en su propia acta de nacimiento.

 Lo triste es que lo anterior es posible, muy posible, porque se están moviendo las influencias en todos los niveles. El presidente del gobierno, Mariano Rajoy, declaró unos días antes que confiaba plenamente en la inocencia de doña Cristina y que todo saldría bien.

¿Cómo un jefe del Ejecutivo puede entrometerse con comentarios favorables en los asuntos que estudian y deciden sobre ellos los juzgados que pertenecen al Poder Judicial y, por lo tanto, no son competencia de la Moncloa? A ver si dejamos claro que en toda democracia, de la que tanto alardeamos y no respetamos, hay tres Poderes y que estos deben ser respetados y sus miembros no pueden recibir consignas.

Que tome nota Rajoy de que el asunto está trascendiendo las fronteras de esta España querida por tantos a la que no dejan de apuñalar arteramente sin miramiento ni piedad.

A toda la cúpula de defensores que le han salido a la casa real, y en este caso al asunto del Instituto Nóos, sólo les faltó el 8 de febrero levantar el vaso ¿de cava o de champagne? para celebrar el triunfo de la esposa de Iñaki por su impecables, acertadas e inteligentes declaraciones al magistrado.

La hija del Rey será desimputada en unos días, o ya lo fue, y por lo tanto, todo el peso de la ley debe caer, y así será, en Urdangarin que además de merecerlo parece que ya se llegó a un acuerdo para que él asuma esa responsabilidad y no empañar más el cristal intachable de la realeza española.

Es indudable que doña Cristina tuvo conocimiento de muchos de los desmanes cometidos por su marido. Quizá no les dio importancia o consideró que algunos eran legales, pero negar que no estuviese al tanto de algo de lo que tramó durante tanto tiempo el ínclito balonmanista, es buscarle tres pies al gato y encontrarle cinco; no admitir que la madre de cuatro preciosos chiquillos que por ahí andan ajenos a todo, desconoce la totalidad de los delitos o presuntos ilícitos cometidos por Iñaki, es comulgar con ruedas de molino.

Ella tiene documentos firmados, pagó gastos de viajes con su tarjeta de crédito, de remodelación de su casa, comida en restaurantes, todos cargados a la tarjeta Aizoon.

Si es cierto que la historia la escriben los vencedores, desconsuelo habrá entre el pueblo español. No se está haciendo justicia adecuada. El señalar verdades, aunque sean incómodas, no significa que quiera empecinarme en desacreditar a doña Cristina, que ni soy quien ni le importa, sino que en los libros aparecería un relato totalmente engañoso de esta trama tan disgustante.

No obstante, lo ocurrido es un paso adelante en el intento que hace España para ir desbrozando las malas hierbas y llegar a una democracia respetable y respetada. Hace 10 años nadie hubiese concebido una situación similar. Ahora tanto los reyes como el gobierno, menos el gobierno que los reyes, han puesto una pica en Flandes para afianzar su hegemonía y su gobierno.

El jefe del Estado, Juan Carlos I, convaleciente de una operación de cadera y ya en franca mejoría, dicen que dio un puñetazo sobre la mesa cuando se enteró de la segunda imputación de doña cristina y ordenó que no se apelara y que se procediese conforme a la ley. Si tal cosa fue cierta, vaya un as de oros para el hijo del Conde de Barcelona.

Hizo bien, si así hizo, porque la sociedad ya no es propicia a tanto engaño y tantas agresiones económicas y sociales y puede en un momento enfrentarse con mayor fuerza y número.

Lo dicho por la Infanta sólo se grabó, no se tomaron videos ni se permitieron teléfonos, cámaras ni ningún artefacto de comunicación dentro de la sala. Pero jure usted que en unos días sabremos más de lo que ella le dijo al juez Castro durante poco más de cinco horas y media en que estuvo interrogándola con respeto y contundencia.