Cultura y comunicación 20 años después del TLCAN/V-X
Javier Esteinou Madrid
Durante los últimos 20 años, México experimentó diversas transformaciones en su estructura global de país, pero la más importante fue la firma de Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá (TLCAN). Dicho pacto impactó sustancialmente sobre todos los sistemas sociales, especialmente los referentes a la cultura y la comunicación nacionales. Dentro de las consecuencias más relevantes que generó en dicho ámbito destacan, entre otras, las siguientes:
11.- El debilitamiento del prototipo de medios de comunicación de servicio público.
Presionado por el retiro del Estado como instancia rectora de la comunicación y por la imposición de las fuertes tendencias que introdujeron las políticas econométricas neoliberales para convertir a éste en una entidad “altamente eficiente”, se generó una severa crisis del modelo de medios de comunicación de servicio público que durante tres décadas habían funcionado en México con muchas dificultades, déficits y carencias; para ahora dar paso mayoritariamente al proyecto de mercado con sistemas de información privados altamente concentrados, mercantilizados, sin acotaciones y con programación intensamente “basura”. Es decir, debido a que las leyes de la “libre competencia” exigieron que las empresas contendieran entre sí con sus propios recursos y sin apoyo estatal, el gobierno mexicano retiró gradualmente los subsidios que fortalecían a los medios públicos y éstos progresivamente, tuvieron que luchar con sus propios recursos económicos para sobrevivir ante la fuerte presión de las empresas privadas.
Así, al dar marcha atrás el Estado benefactor que mantenía con presupuesto oficial al prototipo de medios de comunicación de servicio público, ocasionó que éste tuviera que buscar crecientemente otras fuentes de ingreso para sobrevivir, que giraron básicamente alrededor de la venta del tiempo de pantalla a las grandes empresas monopólicas y a los negocios de comercialización publicitaria. Dicha situación obligó a que el modelo de información público se comercializara reduciendo su pluralismo y originalidad, abriendo mayor campo aún a los grupos multinacionales, tanto en lo que se refiere a la propiedad de las emisoras, como a su programación. Esta tendencia cultural erosionó los contenidos de los medios públicos convirtiéndose, cada vez más, en flujos de información basura y no en comunicación de servicio público.
De esta forma, derivado del orden social darwinista que extensivamente introdujo el modelo neoliberal con la práctica del TLCAN para que la sociedad funcionara libremente beneficiando al más fuerte, se acentuó la inclinación progresiva del Estado mexicano para reducir o abandonar el financiamiento del modelo de medios de comunicación de servicio público a través de permitir la veloz privatización de las empresas de Estado y la adopción del nuevo esquema comercial que dirigen los principios del mercado. En este sentido, desde principios de los años noventas a la fecha la sociedad se enfrentó, a corto plazo, a una transformación del modelo de comunicación pública, y a largo plazo, quizás a su existencia muy restringida o a su desaparición.
Con ello, maduró el tránsito radical de un proyecto de comunicación y cultura colectivas dirigidas por el Estado, por más deficiencias, limitaciones y errores que haya ejercido éste en el pasado; a una práctica informativa conducida por el mercado fenicio orientada por el objetivo de alcanzar el máximo lucro que busca alcanzar rápidas ganancias, a costa de lo que fuera.
De esta forma, más que un proceso de avance en el ámbito de la comunicación de servicio público la población enfrentó un retroceso o involución de los medios públicos, pues crecientemente estos abandonaron su proyecto cultural de Estado para luchar desmedidamente por elevar su rating a costa de lo que fuera, renunciando a ser instituciones de servicio público para trocarse en instituciones para la realización del capital o medios de gobierno al servicio de la reproducción del poder en turno.
Todo ello provocó que el modelo audiovisual de comunicación colectiva en el país quedara sujeto con enorme vigor a las dinámicas y presiones de la lógica del mercado y de la acumulación de capital a escala nacional e internacional; y no a la lógica del crecimiento y bienestar social a través del ejercicio del servicio público, vía la comunicación, para construir una cultura de la sobrevivencia social y una comunicación para el fortalecimiento ciudadano. Así, los medios públicos dejaron de ser un contrapeso a la comunicación privada y se convirtieron en soportes paralelos para el avance del modelo del mercado y no cimientos del modelo de servicio público.
Dicha tendencia estructural contribuyó a que el modelo de comunicación privado dirigido por el espíritu del mercado, se instalara como la principal brújula cultural para conducir a las mentalidades y a los sentimientos colectivos de la población del país. Debido a esto, los medios públicos, cada vez menos, dejaron de impulsar la construcción del proyecto histórico de la nación republicana y favorecieron la conformación la Cuarta República Mediática en México, funcional con la dinámica neoliberal. Con todo ello, el modelo de servicio público se debilitó y con ello se erosionó la estructura del Estado nación.
