“Detesto decirlo, pero es verdad:
cuando llega el dolor es cuando más me gusta”
Frank Fletcher – El Animal.
Regino Díaz Redondo
Madrid.-Aparte un rato a España y su circunstancia. Entérese que el déficit de Francia es de 90 mil millones de euros y el de Portugal de 10 mil millones. De Grecia e Irlanda no se habla y Chipre está en las antípodas de la Unión Europea, pero dentro.
Frente a este panorama estremecedor el continente se deshilacha y hay que coserlo de nuevo si aún es tiempo.
El primer ministro francés, Manuel Valls, anuncia que recortará 50 mil millones de euros en tres años y Portugal, con un gobierno conservador, tendrá que ajustar sus cuentas para ahorrar 1,400 millones del sector público si quiere subsistir dentro del Eurogrupo.
La Comisión Europea advierte a España que no está contenta con su quehacer y ha de aplicarse más mediante ajuste necesarios al gasto público. Es preciso, por órdenes superiores, continuar con la austeridad fijada por Alemania y Austria. Seguimos en recesión, ojerosos, con legañas, enjutos y asustados.
Desde sus poltronas, Manuel Durao Barroso y Hermann Van Rompuy lanzan consignas injustas y reprobables a las naciones periféricas para controlarlas mejor y exprimirlas en lo posible en beneficio de los grandes capitales y la troika.
Su labor se limita a eso. No conozco ninguna iniciativa distinta a la que vienen pregonando estos próceres desde que tomaron el poder. Merkel ordena, Barroso ejecuta, Van Rompuy asiente y España consiente sin rechistar y pone en práctica cuantas atrocidades le ordenan.
La increíble “recuperación” sacada de los estómagos del presidente del gobierno Mariano Rajoy, de la ministra Fátima Báñez, del ministro de Economía Luis de Guindos y del ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro, no encaja en la realidad de nuestro cotidiano vivir. Somos cobayas cada vez más dóciles listas para cualquier experimento que intenten realizar desde el norte del continente.
El gobierno de Prometeo se cierra en banda.
Avanza por los pasillos de la Unión Europea en Bruselas con sigilo y temor; sonríe apenas e intenta establecer diálogo con alguno de sus colegas. Pocos le hacen caso.
Merkel vuelve a exigir medidas arbitrarias, imposibles de cumplir en estos momentos. Bastante ha sido el sacrificio de los españoles durante los últimos seis años ¿Quieren más? Vayan a buscarlo a las selvas e islas de Oceanía.
La presión descorazona y entristece al más optimista. Hay que cuidar la piel, la piel de la dignidad que está en peligro. Si nos dejamos, caminaremos en carne viva por todas nuestras ciudades.
Ya conocemos el discurso comunitario, no es imparcial. ¿Nadie ha cometido errores?… ¿No es más error estrangular a un país que los habitantes de éste gasten diez o quince euros más?
¿Dónde está la UE cuando en España hay tres millones de niños que padecen hambre? ¿Cómo responde la troika ante las familias que han sido desahuciadas ilegalmente y viven en la calle cubiertas por mantas y sin alimentos?
¿No es más indigno ser sordos a estos reclamos humanitarios que gastarse 500 euros en un viaje a París?
No para ahí el desprecio hacia las naciones del sur.
Acaban de desechar a un nutrido número de profesionales españoles a los que prometieron trabajo en Alemania porque no había cupo. Faltaron a la promesa los cumplidos germanos y la sociedad calla nuevamente.
Se especula con la necesidad de devaluar el euro para que la economía no siga cuesta abajo. Pero allá, donde los pajarracos hacen su nido entre nubes de algodón, se desmiente con rotundidad.
El euro y su actual valor es una garantía firme del dominio de las potencias que dominan Europa.
Difícil será convencerlos de que transijan en algo para que las diferencias sociales y morales disminuyan.
Servimos, eso sí, para que descarguen contra nuestros cuerpos epítetos grotescos y mentirosos sin acercarse para ayudar a resolver nuestros problemas que son también de ellos puesto que formamos unión dizque indivisible.
Estamos resentidos y distanciados. La situación no puede continuar así. De hacerlo, llegaremos a convertirnos en enemigos, en verdaderos censores del mal hacer, de quienes tienen el dinero y eso es peligroso y puede echar abajo el extraordinario proyecto de la unidad europea.
No hay de dónde hacer más recortes, señores parlamentarios que el 25 de mayo se renuevan; nuestro traje se ha quedado chico y ya no nos viene. Pasamos frío y estamos a punto de quedar desnudos por la inmoralidad ajena. Esto sí que sería un blandón para la sociedad rica.
Todavía hay quien exige sin medida, sin control, egoístamente, pero no toman en cuenta la siguiente realidad:
Francia tiene un déficit público del 4.3%, y debe llegar al 3; Portugal con un 4.9% ha de rebajarlo al 2,5 y España con un 6.6% debe cumplir con una reducción impensable hasta el 4.2%, cálculos hechos por el neoliberalismo insensible.
¿Conviene a España la inversión abundante de capitales extranjeros en nuestro territorio? Definitivamente no; en la forma en que se intenta hacerlo nos convertiremos en más dependientes del capital salvaje.
Ocurre en estos momentos que los inversores, grandes máquinas de acumular billetes, han puesto su mira en España. Somos un manjar delicioso.
Edificios, a la mitad de precio; industrias, más incentivos fiscales y menos compromisos con el asalariado; compra de inmuebles simbólicos que desdibujan nuestra personalidad; empresas que manejan el turismo interno y externo entre las que ya quedan pocas nacionales.
Los terrenos de las costas españolas, la mayoría, han sido comprados por capital de afuera. Allí se levantan y construirán grandes consorcios turísticos cuyos beneficios saldrán del país.
Don Emilio Botín, presidente del Banco Santander, se frota las manos al decir que el dinero llama con insistencia a nuestra puerta y que viene de todas partes de los más recónditos lugares porque somos un país confiable.
Somos confiables para ser colonia y súbditos de una economía enferma.
¿Cómo evitar, otra vez, que la guadaña de los grandes capitales arranque las pocas cabezas de negocios españoles que quedan?
¿Nos protegerá la UE del abuso? La repuesta carpetovetónica es no.
El premier Valls, de origen catalán, congela pensiones y sueldos de funcionarios públicos. Implementa recortes en ayudas sociales pero no toca las pensiones ni el sueldo mínimo que es el doble que el nuestro. La sanidad, educación y justicia, serán intocables para los franceses. Eso se llama actitud positiva y firme.
Rajoy está en Pontevedra, llega al Congreso de los Diputados, se sienta en su curul y desde allí lanza las palabras de siempre: “hacemos lo posible por evitar el caos en que nos dejó el gobierno anterior”.
¿Cuántas veces habremos oído esta frase?
Toma decisiones sin calcular los tiempos políticos, lo poco que habla lo hace a destiempo y sin imaginación; se enreda en sus palabras y no acierta a responder cómo se resuelven los grandes problemas que nos aquejan.
Durante Semana Santa nuestro Prometeo leyó en una playa exclusiva pequeñita y acogedora, algunas de las normas generales de la política de la UE y varias cuartillas que le proporcionaron sus asesores pero que desechó de inmediato.
Ya no queda casi nada por vender. Perdón, sí, algo hay: nosotros nos estamos vendiendo sin darnos cuenta o nos están poniendo en venta para curarse en salud.
Esto es indecente.
Por si fuera poco, ya se tambalea en el aire la posibilidad de aumentar los impuestos de los trabajadores sin tocar los incentivos y reducción de tasas a los que manejan las grandes empresas o tienen propiedades que no pagan el Impuesto Sobre Bienes Inmuebles.
El ruido del fin se oye cada vez más fuerte y vigoroso.
