España

 

 

No le tengo miedo a la muerte pero cuando

llegue quiero estar muy lejos de ella.

Woody Allen

 

Regino Díaz Redondo

Madrid.- La abdicación de Juan Carlos I fue pactada, de antemano, por la cúpula de los partidos mayoritarios, PSOE y PP, y supieron de ella los expresidentes del gobierno Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. Todo se cerró en un encuentro en el que estuvieron el rey, Mariano Rajoy, Pérez Rubalcaba y el príncipe de Asturias e inminente Felipe VI.

En principio, fue un acuerdo al viejo estilo dictatorial. De inmediato, la decisión (todavía en secreto) se comunicó a los dirigentes de los empresarios y de la Iglesia católica. Antes de anunciarlo, el monarca habló con los presidentes de la Cámara de los Diputados, del Senado, con Rosa Díez, presidenta del UPyD, y nadie más.

Se ocultó el arreglo a los líderes de CC. OO Y UGT y a los dirigentes de Izquierda Unida, Podemos y Ciudadanos.

Fue una reunión de la élite española de derechas con la anuencia del jefe de los socialistas que se comprometió a votar a favor de la monarquía, “porque aunque tengamos profundas raíces republicanas”, seremos fieles a lo acordado en la Transición y la Carta Magna de 1978”.

A los dirigentes del PNV y CIU no se les informó por adelantado. Éstos se abstendrán en la votación del 18 de este mes cuando se apruebe en el Congreso la Ley de Sucesión elaborada, a marchas forzadas, por especialistas del neoliberalismo. Fue, por tanto, una reunión de la élite sin tomar en cuenta al grueso de la población.

Los españoles conocieron del cambio monárquico a través del discurso del Borbón “a todos mis compatriotas”.

Todo quedó “atado y bien atado” como dijo Franco al entregar el bastón de mando a Juan Carlos y designarlo heredero al trono.

Las Cortes apoyarán la sucesión

El grupo que mantiene en alto el inmovilismo decidió que, en la misma fecha, las Cortes apoyarán la sucesión real, elaborada aprisa, y que la ratificarán los senadores ese mismo día.

La ceremonia de coronación (corona no hay) será inmediatamente después, quizás al día siguiente o a más tardar el viernes 20, “si así lo considera la Casa Real”, expresó el gobierno.

Juan Carlos estuvo al frente de la jefatura del Estado durante 39 años. Viajó mucho pero casi siempre al Golfo Pérsico, hizo alguna que otra escapada al centro de Europa y se fue de safari. En los últimos cuatro años fue operado ocho veces y su deterioro físico es evidente y agradecemos su renuncia. Pero, atrás de todo, está un movimiento iconoclasta que apuesta por mantenerse en el poder aquí y en el resto de Europa.

El luxemburgués Jean-Claude Juncker, conservador, amigo de la canciller Ángela Merkel, será quien presida el Parlamento Europeo.

De esta forma, los defensores del statu quo tendrán una mayoría del 90% a la hora de aprobar la transferencia real a Felipe VI.

Traicionar los ideales republicanos para subsistir, no es válido. Pérez Rubalcaba tampoco conseguirá nada, sino que, por el contario, aumentará el desprecio que ya le tienen los socialistas y serán mayores los reclamos por la actitud que asumió.

El socialismo español sólo podrá repuntar si vuelve a su origen, reasume el compromiso con su ideología primigenia y no se confabula con las fuerzas retardatarias. Su última oportunidad, ¿o será la penúltima?, es el mes próximo, cuando se elija a los nuevos dirigentes del PSOE cuyo líder debe estar alejado del neoliberalismo a ultranza y de los cochupos que han hecho pedazos dicha institución.

Sin posibilidades de consulta popular

En manos de los partidos pequeñosqueda la transformación política y económica del país y su crecimiento se advertirá contundentemente en los próximos meses. El clamor por un referéndum, que surgió de las bases de una izquierda real, aumenta a diario, sorprende y asusta a los neodemócratas que ya se quitaron la máscara para dejar ver una cara sucia y poco agradable.

En estos momentos, queda descartada la posibilidad de convocar la consulta popular. Sin embargo, en las elecciones generales de 2015 veremos con claridad que las fuerzas progresistas adquieren mayor influencia y que, juntas, podrían llegar a tener una importante participación en el devenir de España.

Los catalanes de ERC y ICV no tienen vela en este entierro. Lo han dejado claro: “no nos interesa lo que vaya a pasar en España si nos vamos a ir de ella pronto”. He aquí el primer problema de don Felipe.

Fueron más concretos los separatistas al decir que “no vamos a contaminarnos con la opinión de los españoles”.

Mariano Rajoy se mostró satisfecho con la posición de Pérez Rubalcaba. Públicamente señaló: felicitó a don Alfredo por su gran sentido de Estado y respetuoso de la Constitución. Es un hombre maduro y sabe que no se pueden alterar las leyes. Si alguien lo intenta, que recurra al Congreso con su iniciativa y que éste lo apruebe. Si no, todo queda en una algarabía sin importancia, añadió.

¡Qué vergüenza!

Mientras, la bandera tricolor republicana volvió a ondear en la Puerta del Sol, donde se concentraron miles de personas. Una manifestación igual ocurrió en las treinta principales ciudades del país, en diversas comunidades y municipios.

Los colores rojo, amarillo y morado cubrieron a los grupos reunidos en el corazón de nuestro país. Nos recordaron los tiempos en que Manuel Azaña dijo que “con la República podrán no ser más felices pero sí tendrán más libertad”.

Como están las cosas, la disyuntiva monarquía-república es inviable y tiene una vida efímera, por el momento.

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Se quiera o no, las voces a favor de la cosa pública continuarán oyéndose, cada vez con mayor fuerza en todos los rincones del territorio.

Es un momento histórico en que jóvenes, y no tanto, se dan la mano para celebrar un futuro realmente democrático, sin depender de los hegemónicos poderes que ahora dominan el panorama nacional.

Si algo quiere la República es consultar a todos, ayudar a empresarios, respetar las religiones (no sólo la católica). También busca diferenciar entre lo que es jerarquía eclesiástica y los verdaderos católicos. Con éstos, siempre, con la cúpula, nunca.

El contubernio de la cúspide descuella cuando Pérez Rubalcaba asegura que “todo debe hacerse dentro de la ley”. No es lo mismo, don Alfredo, hablar de legalidad y olvidarse de la legitimidad del grueso de una nación.

Hemos ido de mal en peor

Felipe González, otrora ícono del PSOE, defensor a rajatabla de la democracia, se convierte hoy en un personaje poco creíble porque “hay que respetar la Constitución y el Pacto de 1977 que dio paso a la paz y logró el progreso en los últimos 39 años”. Olvida el expresidente del gobierno que durante todo este tiempo hemos ido de mal en peor y que las frases hechas, las decisiones unilaterales, la predisposición a mentir y robar, hicieron mella y rompen el tejido social.

¡Qué casualidad que la permanencia en el poder de Juan Carlos I sea igual en el tiempo a la de Francisco Franco y su dictadura! (39 años). Una casualidad a la que nos tiene acostumbrados la naturaleza, ésta sí, apolítica.

González, asesor de algunas multinacionales, desperdicia su paso por la historia grande de España y lo sitúa como regresor político.

El teorema de mantener la monarquía como instrumento legal no garantiza que vivamos en una democracia real.

Algunos asuntillos que deben resolverse lo antes posible, pueden ser los siguientes: ¿cuánto ganará el rey en su retiro?, ¿cuál será el salario de Elena y Cristina que dejarán de ser infantas en el momento en que Leonor sea declarada princesa de Asturias y heredera al trono?

Al abandonar la jefatura del Estado, Juan Carlos se convierte en un individuo más de la comunidad, y, por lo tanto, puede ser cuestionado y hasta denunciado, si hay pruebas de ello, por algunos asuntos pendientes o desconocidos. Estos meses, el exrey tendrá mucho cuidado de aparecer en público. Debe limitarse a su papel de jubilado junto con la reina madre Sofía.

Felipe VI se enfrenta también al descontento de más de seis millones de hogares cuyos integrantes no tienen trabajo. En sus últimos dos discursos, el nuevo monarca, todavía sin ejercer el puesto, habló de la “unión y diversidad de España” y de respetar la tradición milenaria de este país.

Como se esperaba, su discurso fue ambiguo y no pueden aventurarse descalificaciones o elogios porque no ha dado motivo.

A partir de finales de este mes, la familia real quedará reducida a Felipe VI, la reina consorte Letizia Ortiz y las dos infantas Leonor y Sofía. Los demás engrosarán las filas de los ciudadanos comunes y corrientes aunque tengan sangre real.

Al parecer, Felipe VI no tendrá más poderes que Juan Carlos, lo que significa que actuará conforme a los acuerdos del Congreso de los diputados. Más bien, firmará los reales decretos que le lleve el presidente del gobierno en turno y, si acaso, podrá corregir alguna que otra omisión o privilegios.

Julio Anguita, exdirigente de Izquierda Unida, resumió en pocas palabras lo que debe hacerse en esta Transición:

“Elaboremos una nueva Constitución y un programa de trabajo adecuado a las exigencias de la mayoría, ahora en condiciones precarias, y, después, cuando estemos preparados, vayamos a las urnas y votemos por la Tercera República”.