Cultura y comunicación 20 años después del TLCAN/VII-X
Javier Esteinou Madrid
La incorporación de México al Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá generó a lo largo de las últimas dos décadas diversas consecuencias de naturaleza tecnológico cultural, entre las cuales figura la siguiente:
13.- El surgimiento de la videovida
Dentro de la dinámica estructural que siguió el modelo de comunicación-mercado se difundió rápidamente la mentalidad que exigió que para que todo espacio público o privado de comunicación sea moderno éste debe de estar atravesado por el complejo audiovisual más avanzado, pues de lo contrario sería atrasado, anacrónico, arcaico y poco competitivo: en la medida en que nuestras vidas estén rodeadas de tecnologías, especialmente audiovisuales, que arrojen abundante información constante sobre nuestros sentidos se demostrará el grado de progreso, avance y actualización, personal y grupal, que se alcanza para ascender socialmente.
En esta forma, tratando de huir de la contradicción existente entre lo tradicional y lo moderno en el campo de la cultura y la información que impuso la lógica de la globalización e intentando resolverlo desde su concepción pragmática del mercado que señala que lo reciente, lo inmediato, lo rápido, lo nuevo y lo actual es lo “moderno”, y no lo pasado, lo antiguo, lo tradicional, lo viejo o lo lento; surgió en las principales ciudades de México el fenómeno de la videovida. Dicha realidad emergió como una fiebre tecnológico-ideológico-cultural moderna que atravesó todas las actividades cotidianas de nuestra existencia y se caracterizó por penetrar todos los espacios, públicos y privados, de nuestra cotidianeidad, con las mediaciones radiofónicas o audiovisuales y el universo de mensajes fragmentados que se derivan de éstas, según son las propiedades difusoras de cada canal en particular. Así, nuestra vida cotidiana, cada vez más, quedó atravesada por la red de interrelaciones y sentidos que construyen los medios y las nuevas tecnologías de información para definir la existencia habitual.
De esta manera, en los reducidos momentos de diálogo, reunión, encuentro y descubrimiento personal que quedan en nuestros deteriorados mapas urbanos, la intervención de los comunicadores profesionales progresistas y la aplicación del modelo de comunicación “moderno” derivado de la apertura a la globalización fue dar el tiro de gracia a estos resquicios de vida, para convertirlos en zonas de pasatiempo posmodernos: así, se tendió a convertir lo íntimo, lo privado, lo personal, lo colectivo y lo público en videovida. De esta forma, en el espacio del hogar la casa se transformó en videocasa, la recámara en videorrecámara, la sala en videosala, etc. En los ámbitos de socialización humana, la taquería se convirtió en videotaco, el bar en videobar, la pizzería en videopizza, el café en videocafé, el restaurante en videogourmet, la conversación de sobremesa en videoplática, el domingo en videodomingo, la sala de espera en videosala, etc. En los lugares de esparcimiento, la discoteca se modificó en videodiscoteca, las atracciones en videoshow, el espectáculo en videoespectáculo, el estadio en videoestadio, el deporte en videodeporte, el entretenimiento en videoentretenimiento, etc. En los lugares de encuentro público, la plaza se mudó en videomall, las alamedas comunitarias en videoalamedas, los jardines en videojardines, los zócalos de las ciudades en videozócalos, etc. En los procesos de transporte, el camión se transfiguró en videobus, el coche en autoDVD, el taxi en videotaxi, el metro en videometro, el avión en aereovideo, el elevador en videoelevador, la caseta telefónica en videoteléfono, el celular en videocelular, etcétera.
En el campo de trabajo, la conferencia varió en videoconferencia, la ceremonia en videoceremonia, los premios en videopremios, etc. En zonas de servicios, la vigilancia se transformó en videoseguridad, el banco en telebanco, las ventas en videoventas, etc. En el campo de la administración, las organizaciones se convirtieron en videoorganizaciones, las instituciones en videoinstituciones, las Secretarías de Estado en videoministerios, etc. En el terreno religioso, la celebración de la misa se modificó en videomisa, el salón de meditación en videomeditación, la oración en teleoración, la homilía en videohomilía, la iglesia en videoiglesia, el papa en videopapa, la fe en telefé, etc. En la esfera de la capacitación, la inscripción escolar se modificó en videoinscripción por red, la educación en videoeducación, la orientación del maestro en teleasesoría, la conferencia en videoconferencia, el simposio en videosimpósium, los posgrados en videoposgrados, la alfabetización en telealfabetización, la universidad en videouniversidad a distancia, la actividad escolar en videotarea, etc. En el territorio de la política, la marcha se cambió en videomarcha, la promoción política en videolanzamiento, los mítines en videomítines, la marcha en videomarcha, el debate en videodebate, la denuncia en videoescándalo, la presión política en videopresión, la ejecución política en videoasesinato, el terrorismo en videoterrorismo, los sufragios en votaciones electrónicas, la plaza pública en videoplaza, la política en videopolítica, el gobierno en telecracia, la democracia en videodemocracia, etcétera.
En la relación bélica, la violencia se mudó en videoviolencia, la guerra en videoguerra, la muerte en videoespectáculo, etc. En el espacio del encuentro humano, el acercamiento personal se transfiguró en videonavegación, el juego en videojuego, la conversación en videochat, el lazo comunitario en comunidad virtual, la seducción en videopornografía, la comunicación de los braceros mexicanos en Estados Unidos en videomensaje, la aceptación humana en telelike, el amor en virtuoamor, la compañía en videocompañía, la infidelidad en videoinfidelidad el sentimiento de pertenencia en telerredes, la identidad en teleidentidad, la soledad en videosoledad, la vejez en videovejez, el psicoanálisis en videoanálisis, el fallecimiento en videomuerte, etc. En la conformación humana, el niño se convirtió en videoniño, las generaciones en videogeneraciones, el hombre en videohombre, etc. (sólo falta el videosanitario que no tardará en surgir).
En pocas palabras, la relación humana, cada vez más, se inclinó por convertirse en una videorrelación, propiciando, crecientemente, la distancia y el desencuentro entre las personas, con su consecuente estado de aislamiento, depresión y oscuridad humana. No en balde la depresión se ha convertido actualmente en la principal enfermedad nacional y mundial que ha ocasionado fuertes repercusiones económicas, laborales, médicas, psíquicas, familiares, etc. que han debilitado la integración de la sociedad.
De esta manera, la relación con el complejo de las redes del video en las ciudades crecientemente substituyó el espacio de encuentro y contacto humano con el otro en la plaza pública, en parque, en la alameda, en el quiosco, etc., produciendo la videovida como el nuevo encuadre “moderno” del acercamiento interpersonal. Nos convertimos, cada vez más, en una sociedad que no puede existir sin las mediaciones de los medios o las tecnologías: cada vez más, sólo se sobrevive socialmente si se está en contacto con la videovida o televida, pues en este espacio los auditorios se nutren de información para vincularse e interactuar socialmente. Así, surgió en los inicios del siglo XXI en México y en el mundo en general el Homo videns, que se caracteriza por comprender e interactuar la vida a través de los códigos, lenguajes, contenidos y dinámicas que introduce el complejo mediático de la virtualidad audiovisual y que creó un prototipo mediático dominante para generar la cultura y establecer los vínculos humanos que progresivamente se imponen más en las comunidades.
De esta forma, paradójicamente, intentando producir dinámicas de comunicación con todo el arsenal de tecnologías informativas con que contaba la sociedad mexicana al principiar el siglo XXI, estas video prácticas urbanas posmodernas transformaron progresivamente dichos espacios, y otros más, en zonas de incomunicación humana, al suprimirles su ambiente de privacidad, cercanía, calidez, individuación e identidad que le son propios para alcanzar tranquilidad, el encuentro humano y la sana sobrevivencia psicoemocional de los sujetos; para convertirlos en otros aparatos o espacios más del consumo, del negocio y de la ideologización del dinero y del poder que requiere la reproducción del modelo de comunicación del mercado globalizado que demanda la sociedad neoliberal.
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