Carta a un amigo brasileño/II y última parte
Guillermo García Oropeza
Querido Henrique: Bendito Mundial de Futbol que me sacó de mi irresponsable inercia y me hizo que por fin te escribiera esta carta que renueva nuestra amistad que no por epistolar es menos intensa.
Revivo los felices días en que tú y la amiga Sonia me descubrieron ese mundo que es Brasil y me enseñaron tantas cosas como el que tu país es mucho más que Río como tantos mexicanos suponen, alucinados por la belleza de las playas cariocas.
También con ustedes aprendí que la cultura brasileña va mucho más allá de la samba y del carnaval y gracias a aquel viaje, por ejemplo, me puse a descubrir autores deliciosos como Lima Barreto, Monteiro Lobato o ese coloso, Joaquín María Machado de Assis, elegante y atormentado, el de los cuentos, de Don Casmurro, el de Quincas Borba, el que hay que leer oyendo, para completar el encanto aquellas “Bachianas Brasileiras” de Heitor Villa-Lobos.
Y ya entrado en gastos deberíamos los mexicanos en trance de descubrir tu tierra, darnos el placer de “falar um pouquinho de portugués” o al menos de portuñol, y es que si nuestros idiomas son tan parecidos, gracias a Dios no son iguales y descubrir tu brasileiro nos trae encantadoras sorpresas y hallazgos, y escribí brasileiro porque así como nosotros hablamos un español que ha suavizado, enriquecido y enloquecido a la dura parla de los de España, así ustedes le dieron al portugués palabras y músicas indias, africanas, tropicales, que nos encanta oír, y aunque si bien lo decía Cervantes que el portugués es un español sin huesos, es decir, sin durezas, lo que ustedes hablan es aún más frutal y sabroso.
Asomarse a la lengua y la historia fantástica de tu tierra, ese paraíso terrenal que se le fue de las manos a los franceses y que le tocó en suerte a los portugueses marineros a los cuales un papa, de muy malas costumbres por cierto regaló la mitad del pastel de América.
La historia brasileña es única y original con personajes como el emperador Don Pedro que hubiera encantado a Platón o personalidades como Getulio Vargas o Juscelino, o como sus millonarios como el increíble Matarazzo paulista. Brasil al que tengo que regresar porque mucho me faltó en el primer viaje incluyendo el trágico “sertao” de la sequía y los “cangaceiros” que descubrí en el cine de Rocha o ya en plena locura ir hasta Manaos y su Opera perdida en la Amazonia. Brasil tan rico o tan pobre, el que me recuerda aquella respuesta del gran pintor Cándido Portinari que a un cliente necio que le preguntó si no tenía cuadros de flores, el artista respondió: “No, sólo pinto miseria”.
Pero, Henrique, lo importante ahora para nosotros los mexicanos ya no es algo artístico sino político y observar cómo Brasil se atreve a desafiar al amo yanqui, lo que nosotros no hacemos, y me da vergüenza decirlo y jugar la nueva geopolítica con Rusia, China, India, Sudáfrica, para demostrar que el mundo no lo hizo Dios para Estados Unidos y sus satélites.
Dale mi cariño a la amiga Sonia que es tan bella, y me explicaste porque en ella reencarnó Yemanyá, la diosa del mar.
