Cultura y comunicación 20 años después del TLCAN/XI-XV
Javier Esteinou Madrid
A lo largo de los últimos veinte años, el proceso de modernización neoliberal de la sociedad mexicana conducido por la dinámica del mercado que potenció el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) generó diversas consecuencias ideológicas que transformaron sustancialmente la estructura cultural del país. Dentro de las principales consecuencias figuraron, entre otras, los siguientes fenómenos:
17.- La sobrevivencia de las ideologías del mercado
De la misma forma como en el terreno productivo para conservar el precio de las mercancías la ley de la oferta y la demanda del mercado obligó permanentemente durante las últimas dos décadas a desperdiciar miles de toneladas de productos en nuestro país plagado de carencias vitales; de igual forma la aplicación de los principios del mercado al campo de la conciencia forzaron producir a través de las industrias culturales las ideologías del desperdicio más rentables, y a sacrificar los valores más importantes que nos constituyen como comunidad, memoria y nación en la medida en que no fueran altamente lucrativas en términos monetarios y de corto plazo, o que se opusieran al crecimiento del mercado.
Es decir, en la sociedad mexicana regida exclusiva o mayoritariamente por los principios de la oferta y la demanda, la dinámica del mercado liquidó “naturalmente” a todas aquellas formas culturales que fueron “ineficientes” para respaldar e impulsar el proceso de sobre acumulación y super consumo social y fomentó a las que si le permitieron la expansión material del nuevo proyecto neoliberal concretizado por el TLCAN.
De esta forma, así como con la aplicación de las leyes del mercado al campo económico durante los preparativos para el ingreso al Sistema General de Aranceles y Comercio y el acceso al TLCAN, produjeron una gran quiebra de la industria metal mecánica, agricultura, textil, plástico, alimentos, tejido, mueblera, calzado, restaurantera, electrónica, transformación, pequeño comercio y muchos otros más; ahora con el reinado creciente de los principios del mercado en el ámbito cultural debemos preguntarnos cuáles fueron las cosmovisiones, las ideologías y los valores culturales propios de la cohesión e identificación de nuestra civilización nacional que quebraron ante la producción de la enorme cultura parasitaria o cultura chatarra que produjo sobre nuestros niveles de conciencia durante más dos décadas la implementación del proyecto modernizador de acumulación material a escala super transnacional, vía las industrias comunicativas.
Lo más paradójico de todo es que la aniquilación de dichos “mapas de conciencia” o “unidades culturales históricas” colectivas, o “cementos mentales” que integraron a la sociedad mexicana con su realidad concreta en otras fases del desarrollo nacional no han sido examinadas o sopesadas por el “Estado ultra pragmático” que se instaló en el país desde la década de los 80.
18.- Surgimiento del neoconsumo nacional
Motivado por la necesidad de movilizar el enorme flujo de mercancías que acceden al país por la apertura de fronteras comerciales a través del TLCAN, se produjo en nuestra república una nueva mentalidad neoconsumista que actuó como cemento ideológico que articuló a las todas las clases sociales en sola práctica: el neoconsumo colectivo. Dicha ideología se caracterizó por difundir intensamente el pensamiento que planteó que para ser modernos, estar al día y mantenerse adaptados a la permanente dinámica de cambio que vive en el mundo contemporáneo, hay que consumir constantemente los nuevos productos, especialmente extranjeros, que produce la dinámica de la modernidad.
De esta forma, sin estar preparada culturalmente la sociedad mexicana y existiendo otras prioridades enormemente más urgentes para lograr la sobrevivencia nacional, el aparato masivo de difusión mediático y otras infraestructuras de socialización ideológica, produjeron a través de la ingeniería mercadológica un nuevo “salto cultural” radical en la mente de los ciudadanos que presentó como superiores las mercancías importadas, y por lo tanto, consumirlas intensamente; y no contemplar en la misma forma valiosa los productos elaborados en el territorio nacional, y en consecuencia, no adquirirlos con la misma rapidez y proporción.
Así, gradualmente se fue creando en el país una fuerte atmósfera de “normalidad”, “naturalización” o “acostumbramiento” del consumo moderno que planteó que había que aceptar con mayor facilidad y fascinación todo el mundo material proveniente del exterior y con menor calificación o estimación del mundo objetivo e imaginario forjado nacionalmente.
Con ello, las leyes internacionales del nuevo patrón de acumulación de capital que se gestaron y que permearon todos los niveles de nuestra sociedad, exigieron en la esfera cultural que el alma colectiva que se construyera en el país a través de los canales electrónicos de información se basara en una visión de la vida más cosificada y transnacionalizada que nos llevara a saber cada vez más del gran mundo externo y cada día menos de nosotros como nacionalidad, como república y como personas.
La realización de dicho proceso de “modernización cultural” a partir de la incorporación de la sociedad mexicana al modelo de la globalización desde la década de los 80. hasta nuestros días, disparó brutalmente la velocidad de reacción conductual consumista de los habitantes, que se lanzaron en grandes proporciones a la adquisición de bienes importados, mientras que el consumo de las mercancías de las empresas nacionales o regionales fue más lento o nulo.
A través de la implementación de esta política “cultural moderna” se dislocó seriamente la estructura económica del país pues alteró la relación de correspondencia y proporcionalidad existente entre los procesos básicos de producción, distribución y consumo de la economía nacional.
De esta forma, con la aplicación del proyecto económico-cultural neoliberal en el país durante más de dos décadas se configuró peligrosamente un mercado moderno de consumo acelerado de mercancías importadas, antes que un modelo industrial de economía e innovación productiva nacional que generara empleos, distribución de la riqueza, culturas sustentables y equilibrio social.
