José María Aznar: Yo me absuelvo.
(Ideario del sublime pensador y
ex presidente del gobierno de España).
Regino Díaz Redondo
Madrid.-Los diversos acontecimientos internacionales que se suceden en varias partes de la geografía demuestran la inequívoca intención que tenemos de acabar con el planeta a toda costa y a como dé lugar.
En la actualidad las manifestaciones bélicas, xenófobas y expansionistas protagonizadas por falsos líderes políticos con la sordera de los organismos mundiales y el beneplácito egoísta de las naciones que lideran la sociedad, nos han llevado a traspasar la línea roja y caemos estrepitosamente al precipicio.
Justificar lo que pasa con actitudes irracionales o de conveniencia es el resultado de cómo el poder se ha ido condensando en unos pocos, cada vez menos, que serán víctimas de sus propias agresiones.
El gobierno de Israel, encabezado por Benjamín Netanyahu,sostiene y justifica la agresión a la Franja de Gaza porque “¿cómo se combate contra un enemigo que busca tu muerte a través de la suya propia ?”.
Afirma que el asesinato de centenares de palestinos y 35 israelíes, hasta el momento, se debe a la intransigencia de Hamás que representa a un grupo terrorista con el que hay que acabar no importa los métodos que se utilicen.
Por fortuna, la larga lucha del pueblo judío durante siglos, agredido y vituperado sin cesar, no lo representan quienes, desde el poder, ordenan arrasar a cuanto ser viviente se ponga en su camino para destruir “los túneles” construidos en esa franja.
Recuerdo al extraordinario ser humano que fue Teodoro Césarman que tanto hizo por el bien de México. Fue respetado y admirado por todos.
Las luchas que sostienen los judíos en todo el mundo para que se respete su etnia y sus costumbres, no limpian la cara de quienes exterminan a cientos o miles de palestinos que viven en condiciones infrahumanas.
Mientras continúan los ataques del ejército de Netanyahu, son pocas las voces que se alzan para impedirlos. La ONU se posicionó en estos días y dijo que lo que ocurre puede violar las leyes internacionales y catalogar la agresión como “crímenes de guerra”.
Pero Estados Unidos, Rusia, la Unión Europea, el Tribunal de La Haya condenan la invasión sólo de palabra y no ponen el remedio efectivo para conseguir el alto el fuego. Todos son probabilidades. Probabilidades de que acabe el conflicto al término del Ramadán, probabilidades de que el grupo duro del gobierno israelí pare la guerra y se conduele de lo que sucede. Probabilidades de que la sociedad mundial adopte medidas como las de enviar tropas de paz a la zona. Probabilidades…. Probabilidades. Pero sólo eso.
Hay organizaciones pro-israelíes en todo el mundo que se han manifestado contrarias al conflicto creado en la franja de Gaza. Los propios judíos piden al gobierno de su país que detenga el bombardeo y el avance por tierra en esa zona.
Lo cierto es que las conversaciones de paz en El Cairo han fracasado hasta ahora. Y lo que es peor, da pocas esperanzas el nombramiento de Reuvén Rivlin en sustitución de Shimon Peres en la presidencia del gobierno. Rivlin representa al ala ultraderecha del gobierno.
Todos los días mueren mujeres y niños entre los gritos de desesperación de sus familiares. Gaza se ha convertido en un cementerio, destrucción por doquier, niños muertos que son llevados en camillas, gritos de madres desoladas y llanto de los ancianos sentados a la puerta de su casa en espera de más bombardeos. Las escenas grabadas muestran un panorama dantesco.
Hay centenas de casas destruidas, la vida social se ha detenido y la gente camina sin rumbo fijo por las calles en busca de algún lugar donde protegerse de las balas. Los misiles surcan el cielo y más de 70 mil personas se fueron al exilio. Y sigue la caravana de destartalados autobuses pletóricos de gente que huye de la franja.
Los intereses económicos vuelven a abrir heridas en Oriente Cercano ante la pasividad de los países que confunden libertad con esclavismo, democracia con dictadura y los que creen que la paz se consigue aunque sea sobre los cadáveres de los que luchan por conservarla.
Una cosa es que termine esta guerra y otra que con ello se hayan resuelto los problemas en el Cercano Oriente. Seguirán, como ocurre desde hace cientos de años, y no se avizora ninguna solución eficaz y definitiva a los enfrentamientos.
Sólo en Francia las protestas contra la guerra israelí-palestina aumentan a diario. En las calles de París se enfrentan los partidarios de ambos bandos y han empezado a crear problemas a las autoridades.
En la vecina nación habitan 600 mil judíos y 6 millones de musulmanes. Por lo que la tensión crece y no tiene visos de acabar en tanto no haya un alto el fuego.
Lo único cierto es que cualquier conflicto armado conduce a un desasosiego que es el final del sistema de una sociedad globalizada que termina y cuyos estertores serán largos y causarán más víctimas.
El llamado de Ban Ki Moon, secretario general de la ONU, carece de respuesta. Hasta el momento, no hay señales de que vayan a tomarse decisiones más efectivas. Parece que este señor considera que sus palabras son suficientes aunque bien sabe que no tendrán eco.
Casi con la misma intensidad que las balas se producen las declaraciones de los responsables de ambos desaguisados en esa parte del hemisferio. Netanhayu afirma que hará “todo lo necesario” para detener el lanzamiento de misiles de Hamás y agrega que la ofensiva militar es la única opción viable y que no desea dañar a un sólo civil. A uno no, a muchos.
Apunta a que las ciudades israelíes han sido alcanzadas por cohetes de Hamás y que esto no puede permitirse. Agradece a los líderes mundiales su apoyo porque entienden que “Hamás es el responsable”.
La Casa Blanca sostiene que Israel tiene el derecho a defenderse pero muestra su preocupación por el creciente número de víctimas y la pérdida de soldados israelíes.
Los principales diarios de este continente se ocupan del conflicto con hipersensibilidad y analizan el problema como si cada palabra escrita fuese un estigma o llevara impresa una condena de por vida. Sí, hablan de “masacre” pero lo atribuyen a que los palestinos habían construidos 29 túneles para desde allí alcanzar con misiles el territorio israelí.
Al mismo tiempo, en Ucrania se ve más de lo mismo. Los pro-rusos se sienten respaldados por el presidente Putin. Este dice que nada tiene que ver con ellos pero veta cualquier resolución que permita la estabilidad de ese país. El presidente Obama aparece continuamente ante la prensa con un lenguaje entre tímido y ambiguo. Señala que Rusia es la culpable de la guerra que persiste allí y piensa, piensa mucho, en adoptar medidas económicas contra los intereses rusos.
Está claro: Putin le dice a Obama: déjame hacer en Ucrania. Este le contesta sí, pero no te metas en el conflicto israelí.
Aquí, el gobierno de Mariano Rajoy no ha hecho ninguna declaración sobre el asunto. Seguramente, Prometeo no está enterado de que hay una guerra regional en la franja. De lo contrario, y como siempre, su amor por la libertad le hubiese llevado a sancionar lo que pasa con la severidad e inteligencia que le caracterizan.
Con la nueva conformación de la dirigencia de la Unión Europea sólo cabe esperar un apoltronamiento de voluntades y la falta de decisiones firmes y contundentes. Su fuerza política es muy débil y, pese a que el europarlamento es más plural, la mayoría responde a los intereses de las multinacionales, de los bancos que se rescatan con dinero público y se venden en subasta a precios irrisorios.
La clase privilegiada impone su doctrina y mantiene la hegemonía. Se aferra a los preceptos de siempre y defiende al que atosiga y aplasta. Destierra a los nuevos dirigentes políticos de una izquierda que camina muy aprisa y a la que muchos ya le tienen miedo.
Para sostener su prevalencia, los que mandan deberían dejar la soberbia a un lado y entender que reducir la desigualdad arrojaría beneficios para todos.
La riqueza no ablanda corazones sino que los destruye. Repartirla mejor es muy conveniente y facilitaría el diálogo en Estrasburgo. Aunque parece que los eurodiputados que tienen mayoría volverán a sus curules para defender lo que ya está podrido. El mal olor no es suficiente para cambiar criterios.
La tregua humanitaria se ha convertido en una prostituta en espera de clientes.
