“La soberanía es de los mercados”

José María Gay de Liébana, célebre economista catalán.

Regino Díaz Redondo

Madrid.-España se mueve hoy sin rumbo y protagoniza una enorme convulsión social de magnitud impredecible. Se abren dos frentes irreconciliables sobre el independentismo catalán que no dan margen al diálogo. Antes de llegar a la meta, Artur Mas lleva ventaja, aunque no lo merezca.

Mariano Rajoy se arropa en los artículos 92 y 155 de la Constitución y lanza al combate a su artillería mayor. La gente lo cuestiona y no lo secunda aunque se apoye en la legalidad. Quieren los españoles un trato más digno de su ADN.

Los ciudadanos se han vueltos escépticos, no creen en nada ni en nadie. El egoísmo asuela a la nación. Las palabras huelgan y sólo las evidencias de un progreso sostenido pueden cambiar el presente y abrir las puertas a un porvenir más igualitario.

El Govern firmó la convocatoria a una consulta sobre soberanía. Las preguntas son “¿quiere que Cataluña sea un Estado? y, “en caso afirmativo, ¿quiere que este Estado sea independiente?”.

Contundente cuestionario. Decir que el llamado a las urnas con la consulta no es vinculante con la futura votación para separarse y formar un país nuevo, es igual de diáfano.

En Moncloa y la Generalitat se mantienen dos posiciones absurdas, axiomáticas y muy peligrosas.

Prometeo y Mas mienten porque el primero es ajeno a la sensibilidad que debe tener un político y el presidente catalán ya se considera un héroe y no dará marcha atrás.

Ambos se arropan en sus respectivas banderas aunque las estén ensuciando.

Rajoy es un rodador de poca consistencia y casi nula seriedad. Habla poco y mal. Es tozudo y pertinaz y deja que los problemas crezcan porque cree que así se resuelven. Pero no es cierto, se agrandan.

En días pasados, los doce miembros del Consejo de Estado aprobaron la inconstitucionalidad de la consulta e inmediatamente pasó al Tribunal Constitucional para que éste, al admitir el recurso, suspenda cautelarmente el proceso separatista.

Doña Soraya, esta vez seria y brillante, explicó: “no se efectuará la consulta porque es ilegal. No permitiremos algo que está por encima de la Carta Magna. El llamado del Govern a las urnas es inconstitucional. Sin la ley no hay democracia”.

Pero no podía faltar María Dolores de Cospedal, el robot de anémicas neuronas, quien descalificó en forma grosera, a los secesionistas: “Mas es un gobernante irresponsable y suicida”, adjetivos peyorativos a los que nos tiene acostumbrados.

Mas habló en una prosopopéyica ceremonia “queremos votar, que nos escuchen, votar es democracia, nuestra determinación es efectuar el trámite consultivo hasta sus últimas consecuencias”.

Se han desatado las filias y las fobias, incontroladas y exorbitantes.

Las opiniones en pro y contra llenan los medios de comunicación. Hasta nos hemos olvidado del fraude cometido de Jordi Pujol, que descansa feliz en una de sus mansiones.

No hay consenso pese a que, paradójicamente, se pide desde todas las atalayas sociales. Entran al juego los empresarios y las organizaciones civiles. Juristas, sociólogos, escritores, clubes de derecha y extrema derecha invaden los púlpitos de opinión. El partidismo nos ahoga y cierra los márgenes de esperanza.

El PSOE avala la ilegalidad de la convocatoria pero acusa a Rajoy de obstruccionista e inmovilismo. Palabras estas que se repiten a diario. En el otro lado, el gobierno catalán y ERC sueltan la misma parrafada: nadie nos impedirá votar el 9 de noviembre próximo. En la plaza de San Jaume,  bajo la estatua de San Jordi, patrón de Cataluña, la plana mayor escenificó un acto oficial y sentimentaloide. Aplausos para Mas y aliento para que continúe.

Cien mil personas visitarán, hasta la fecha convenida, los hogares catalanes para instar a las familias a que vayan a depositar sus votos.

La nación se balancea entre la pasión nacionalista y la sordera del gobierno central. Cada uno en su casa y Dios en ninguna.

En el avión vamos todos. Caemos en picada otra vez (es parte de nuestra historia). Es posible que nos estrellemos y las cosas vayan a peor. La negra tradición nos estremece. Volvemos al enfrentamiento entre nosotros como siempre, con pequeños periodos de tranquilidad que sólo son el caldo de cultivo para la violencia.

No parece haber remedio. ¿A quiénes echaremos la culpa esta vez?.

Los españoles deberían tener más presencia en decisiones de tal envergadura.

Engaña el Govern porque se atreve decir que el citatorio no es vinculante con una votación por la independencia. Es un embuste con todas las dosis de cinismo y demagogia.

Don Artur se siente cada vez más un cruzado, el que, por fin, sacará a Cataluña de las garras depredadoras españolas. “Es español el que no puede ser otra cosa” dicen con alegría en la Generalitat y hasta sonríen por tan imponente agudeza verbal.

Pocas veces, quizá ninguna, un llamado al independentismo ha estado tan lleno del culto a la personalidad. Mas, en la calle, rodeado de sus súbditos que lo aplauden a rabiar, quiere reflejar una actitud sobria y no lo consigue. La vanidad interna lo delata.

Oriol Junqueras, el visir catalán, sentencia: “si votar es un llamado a la desobediencia civil, bienvenida sea”.

El presidente de Ezquerra Republicana per Catalunya, callado, tótem moderno, símbolo del radicalismo, es el que ordena y vigila cualquier movimiento equívoco de Mas. Debería participar a menudo. En las charlas, es un hombre inteligente, inmutable. Pero sus ideas son dogmas y sus vicios, axiomas. Sería un buen diputado neoliberal en el Congreso de la nación.

Por la desorientación en que vivimos, la democracia vuelve a la palestra. En mi país la democracia se usa como escudo defensivo y arma de toque a la vez; como disculpa y para tapar a quienes nunca la practicaron ni practican. El PP es descendiente de otros tiempos, de una dictadura que no tuvo más remedio que agarrarse a la democracia para sobrevivir.

El fascio la aceptó para sacar adelante la Transición de 1978 por conveniencia. De vez en cuando, algunos portavoces gubernamentales emiten juicios nostálgicos. Después, piden disculpas y hasta la próxima. Que nadie se olvide de ello.

En la Residencia de los Canónicos, en Barcelona, se oyen voces en lengua romance ¡A las urnas con la bendición de la Virgen de Montserrat!.

Del rencor creciente surge la convicción de que es imprescindible un cambio en el modelo político y económico que nos dio Bretton Woods. La salud democrática, la verdadera, vencerá a la hipocresía y al egoísmo; de la desigualdad brotarán los movimientos sociales pacíficos (pacíficos desde luego y siempre) que abortarán la preeminencia de los recortes salvajes.

Conclusión: Mas es cínico e inteligente. Provocador y demagogo. Tiene una estrategia (“que no la daré a conocer”), exculpa a Jordi Pujol y abre una rendija de luz para llegar a un acuerdo con el gobierno central antes del 9-N.

Rajoy: en sus trece. Se cierra la boca con candados sin darse cuenta que tiene grilletes en los pies.

Los españoles queremos ver a Prometeo y al presidente de la Generalitat anunciar que han llegado a un punto de acuerdo como dar mayores atribuciones al Govern en materia fiscal y revisar la Constitución para establecer un Estado Federal en España.

Es el momento para ello. Se observa un deseo de transformación en todo el continente. La superficie europea es la que más guerras ha tenido. También, donde nacieron pensadores y científicos inigualables.

Por cierto, que ya surgen por ahí, en tierra del lehendakari, declaraciones vinculantes, éstas sí, con la consulta catalana. Pide el PNV la autonomía de su región y matiza que con acuerdos legales y lógicos. Ojalá así sea.

   Pero ¿se repetirá la historia cainita que nos caracteriza?. ¿Quiénes llegarán primero, las fuerzas progresistas que integran las juventudes o las voces de las cavernas desde donde en tiempos pasados nació la Inquisición?