Artur Mas ofrece enseñanzas en árabe para los musulmanes que viven en Cataluña y voten por la independencia.
Regino Díaz Redondo
Madrid.- La consulta sobre la independencia de Cataluña fue controlada exclusivamente, por los voluntarios secesionistas. Los locales, las urnas y todo el personal estuvo a su cargo. Nadie más intervino en este proceso considerado ilegal, por la unanimidad de los miembros del Tribunal Supremo. Al terminar, el Govern se hizo responsable de todo lo que allí ocurrió durante una ceremonia en la que Artur Mas, president de la Generalitat se lució con un exceso de protagonismo.
Las sedes públicas nacionales y del territorio fueron transformadas para que se realizaran los comicios a los que concurrieron un millón novecientas mil personas de los cinco millones y medio que podían hacerlo.
Los resultados, como es natural, fueron atronadoramente mayoritarios porque solo depositaron su voto los independentistas. Fácil manera de anunciar un triunfo engañoso. Como también es reprobable la actitud de Mariano Rajoy, presidente del gobierno español, quien siguió la jornada cómodamente sentado, en su despacho de la Moncloa.
Los ciudadanos catalanes pudieron votar varias veces ya que no había ningún control más que el de los separatistas. Pero a juzgar por la actitud de estos todo se realizó dentro del más absoluto respeto que no hará verano pero sí permitirá a Mas citar a elecciones anticipadas y convertirlas en un plebiscito a favor de la soberanía.
El 9-N coincidió con el acto realizado en Alemania con motivo del vigésimo quinto aniversario de la caída del muro de Berlín. El ambiente fue de jolgorio y un poco tenso. Se registraron pocos incidentes salvo los insultos merecidos a Jordi Pujol al que increparon con frases como “ladrón, sinvergüenza e inmoral”.
Oriol Junqueras, presidente de Ezquerra Republicana per Catalunya, insistió en que la “desobediencia civil obedece a la falta de diálogo con el gobierno central, cuyo presidente se ha negado a entrar en razones”.
El país sigue siendo víctima de la tozudez de Prometeo que utilizó la Carta Magna como escudo a la supina ignorancia de que ha hecho gala desde que tomó posesión. Desechó siempre reformar las normas que nos rigen para convertir a España en una nación federalista e incluir a Cataluña como Estado independiente, a la manera de México.
Las horas pasaron y los encargados de vigilar el proceso actuaron como sí se efectuase una consulta autorizada por el Estado español. Los edificios amanecieron pintados con la senyera y frases con las que se apoyaba la convocatoria que fue desautorizada desde el primer momento.
Los partidos UPyD y Ciudadanos condenaron a Mas y consideraron que la votación “fue una farsa y un cochupo para engatusar a los votantes”.
El matrimonio jordiano, no sé si toda la famiglia, acudió a votar como si los insultos que le dirigieron fuese lo mismo que las llamadas a misa. Cada quien va si quiere.
La Operación Independencia, como se la denomina, fue ejecutada con precisión milimétrica y ante la mirada condescendiente de los separatistas, únicos escrutadores oficializados.
Un pequeño grupo de encapuchados de la extrema derecha irrumpió en unos de los salones donde se efectuaban los comicios, rompió urnas y pupitres y arremetió de mala manera contra los allí presentes.
Flaco favor nos hacen estos indeseables que enarbolan banderas posfranquistas en un afán de revivir el totalitarismo de la dictadura.
Las personas que se manifestaban a las afueras de los lugares de la votación no cesaron en repetir “seamos libres, alejémonos de la España que nos explota y reprime”.
Desde el lunes pasado comenzó el estire y afloje. Mas y Junqueras propugnan convocar un referéndum que se convertiría en el comprobante incuestionable y unilateral a favor de un nuevo país que quedaría fuera de la Unión Europea con una deuda externa y otra interna muy elevadas.
Pero Mas teme a Oriol y éste a Artur. Y entre los dos hay una única afinidad: presidir el Govern del futuro ya como nación soberana sin haber consultado al resto de los españoles.
Es decir, que los une el proceso separatista pero cada uno pretende encabezar el poder institucional. Ninguno da su brazo a torcer y no sería difícil un alejamiento entre ambos en las próximas semanas.
Por lo pronto, después del 9-N, Mariano Rajoy y el Poder Judicial estarán pendientes de la deriva que origine estos acontecimientos para tomar medidas más radicales y menos razonables con el fin de poner la horma en la cabeza de los inmarcesibles e iluminados personajes catalanes.
Rajoy se enfrenta a tres graves problemas que darán al traste con su deseo de reeligirse. Primero, el auge imparable del catalanismo dispuesto a todo por lograr su objetivo y convertir en realidad sus deseos y ambiciones. Después, la pérdida de credibilidad del gobierno neoliberal ya sin recursos legales ni morales para afrontar las justas protestas de cerca de 6 millones de ciudadanos que están en la pobreza o muy cerca de ella.
Y por último, la corrupción escandalosa de miles de partidarios del PP acusados de lucrar con dinero b y defraudar al fisco por el cobro de salarios en negro y compensaciones que nunca fueron declaradas a Hacienda.
Queda claro que el amigo Prometeo no pudo resolver ninguno de estos males. Muchas veces mandó ánimo a los que están en la cárcel cuando ya lo estaban y tuvo que admitir que se había equivocado.
No es tan simple pedir perdón y seguir dictando leyes y órdenes de claro corte coercitivo destinados sólo contra los menesterosos y la gente de menores recursos.
Le falta un año a don Mariano y desde hace un par de semanas se empeña en presentar una cara nueva ante sus gobernados. Sus escasas apariciones a través de una televisión de plasma sin permitir preguntas de los reporteros no se olvidan.
Tampoco, su alejamiento de la realidad para beneficiar a las grandes empresas con una ley laboral infame.
Faltan sí 24 meses para irse y no volver. Creo que sí algo es seguro es que el PP no gobernará los siguientes cuatro años a partir del 2016.
A no ser que cuaje una gran coalición con el PSOE en lo que no parece estar de acuerdo, por el momento, el líder socialista Pedro Sánchez.
El independentismo se ha convertido en una sinfonía de confusiones, con argumentos de doble sentido en donde la dialéctica y el eufemismo imperan. La política, que exuda malos olores, está compuesta por personajes tradicionales ya obsoletos que repudia la mayoría de la gente.
El porvenir peninsular es inseguro. Se enrarece el ambiente, Prometeo toma decisiones antidemocráticas y Mas abusa de la misma democracia. Junqueras está bien definido. El, no tiene dudas, quiere que Cataluña se independice pase lo que pase y no importa cuantos sean apartados de la lucha y relegados a una vida política vegetativa.
Todo indica que el proceso de independencia se alargará en el tiempo y que el rencor de unos y otros puede terminar en violencia permanente.
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