“No sé si hablar de tibieza o de confusión pero se perdió oportunidad de oro para que el gobierno demostrara una imagen fuerte”
Sería el principio de un gran cambio
Guillermo García Oropeza
Hay eventos en la historia de todos los pueblos que teniendo un principio insignificante van creciendo hasta convertirse en verdaderos terremotos políticos. Mencionaría entre tantos a dos muy célebres, uno de ellos es el conocido como Affaire Dreyfus que sacudió en la Francia de la Bella Época polarizando a la población y provocando un escándalo mundial. Dreyfus era un oficial judío que fue acusado de pasar información a los alemanes; juzgado y condenado a la terrible Isla del Diablo, Dreyfus logró, sin embargo, que algunos franceses decidieran contra toda lógica defender su caso y basta recordar el valor civil del gran Emilio Zola que acusó al todopoderoso ejército de haber cometido una gravísima injusticia.
Otro caso mucho más reciente sería el del llamado Watergate, aparentemente más banal; se trataba de un caso de espionaje de lo más común y corriente, pero que llevó a la renuncia del presidente Richard Nixon. En ambos casos el pequeño incidente inicial va creciendo como una mancha de aceite y llega a interesar a la usualmente pasiva mayoría silenciosa, generando reacciones que quizá sorprendan a los políticos acostumbrados a que todo esté bajo control, y aquí habría que hacer notar que la inquietud y el descontento se multiplican en nuestros días a través de las incontrolables redes sociales.
El caso de los desaparecidos de Guerrero es también en un principio un incidente local en ese estado crónicamente atrasado, lejano del gran centro político y mediático del país. Pero el innegable hecho es que el caso de los normalistas desaparecidos es hoy noticia mundial creando mucho daño a la llamada Marca México que promueven los grandes poderes.
Seguramente que en la sangrienta historia de los últimos años en México ha habido horrores mayores pero éste, gracias a la actitud de los padres de las víctimas, se convirtió en algo explosivo frente a un gobierno que no actuó con la rapidez y la contundencia necesarias. No sé si hablar de tibieza o de confusión pero se perdió oportunidad de oro para que el gobierno demostrara una imagen fuerte. Y los mexicanos que somos escépticos frente al poder público y su aparato de justicia pensamos lo peor; y si a eso añadimos escandalitos paralelos manejados también con gran torpeza, el costo político es muy alto, y me pregunto si en este gobierno que habla tanto de las reformas no existe una suprema y prioritaria que es la reforma moral, el principio de un gran cambio.
Pero parecería que el nuevo estilo político practicado por esos brillantes hombre jóvenes que nos prometen el milagro neoliberal, este gobierno de eficientistas, de técnicos apoyados por el poder de los medios no le dicen mucho a los mexicanos que estamos buscando la figura de un caudillo moral cercano al pueblo, nacionalista con larga experiencia en el oficio político, con solida madurez; ya sería mucho pedir sabiduría, que reconcilie a gobernantes y gobernados.
