Socialismo y derecha han cumplido bastante mal su labor
Rinde Francia homenaje a los republicanos españoles que, arriba de sus tanques, fueron los primeros en entrar a París para liberar de los nazis a esta capital.
Regino Díaz Redondo
Madrid.- ¡Albricias, europeos!, el continente se mueve hacía una reivindicación social de magnas dimensiones. Los gobiernos pro-globalización se tambalean e irán cayendo poco a poco. Una nueva izquierda, sin maniqueísmo, aparece en el panorama con ideas claras, prácticas y el entusiasmo juvenil.
Se oye la música de un sistema nuevo que reemplazará por completo a los fabricantes de desigualdades y pobreza que son ya muchos millones en este hemisferio. Desaparecen las siglas tradicionales. Socialismo y derecha han cumplido bastante mal con su labor. Dejan en el terreno carencias, perturbaciones bélicas, desigualdades insoportables para construir una Europa imaginativa, democrática y ejemplarizante.
Las falsas normas y las conductas equívocas avanzan hacia el camposanto a hombros del nefasto totalitarismo. La llegada de políticas progresistas hará que los ciudadanos vuelvan a creer en su gobierno y duerman más tranquilos.
Antes, hay que terminar –ya falta poco—con los conflictos de interés, la troika, los bancos avaros, las prácticas injustas y las ideologías medievales.
La realidad comienza con el surgimiento de Estados que se dedican a atender y subsanar las carencias del ciudadano de pie. Los países que mandan en el mundo, Estados Unidos, China, Alemania y los emergentes de Latinoamérica y la India transformarán su modo de hacer política en beneficio de la mayoría.
Se acabaron las imposiciones y el pensamiento único. Terminará el esclavismo social, acabarán las ablaciones, las torturas “legales”, como en Guantánamo, y en las cárceles del neoliberalismo brutal.
Las clases medias podrán respirar a gusto y satisfechas. El trabajo será la fuente de ingresos adecuada para mantener un nivel de vida digno que permita la presencia de la dignidad y de la investigación científica.
Los totalitarismos embozados de Asia central y las dictaduras de África y el Medio Oriente serán borradas de la faz de la Tierra. No es ilusión ni demagogia. Lo afirmo porque son el resultado de análisis que realizan multitud de politólogos y estudiosos de la economía y de las finanzas.
Los señores de horca y cuchillo pasarán a la historia y esperemos que no vuelvan. Trabajadores y obreros estudiarán y tendrán cultura. Serán los artífices de un mundo vivible y eficiente.
No falta mucho aunque subsisten algunos fenómenos sociales antidemocráticos. Los oligopolios del petróleo y los dueños de la cibernética más sofisticada tendrán que abrirse a la competencia para no obtener beneficios onerosos.
Aquí, en España, la soberbia de los que ordenan y manejan las finanzas dan sus últimos pasos y se defienden con agresiones insospechadas. Saben que están a punto de perecer y quieren llevarse a muchos por delante.
La juventud española empieza a tener referentes positivos. Los costumbristas están asustados con partidos recién creados y los tachan de extremistas y antisistema. Cuánto más los atacan mayor popularidad adquieren.
Es el caso de Podemos se podrá estar o no de acuerdo con sus reclamos porque algunos son deseos utópicos. Pero nadie niega que han cimbrado a la sociedad y que los industriales y los políticos de siempre buscan complicidades para destruirlos.
Puede destruirse una medida pero no una idea. Sobre todo sí esta es congruente con las aspiraciones de las clases más necesitadas que sólo buscan pan y techo.
Cuidado. Por decir algo, el Ministerio de la Defensa acaba de informar salomónicamente, que gastará diez mil millones de euros en la “modernización del ejército”. Será para nuevos aviones, aumentar la fabricación de armas, dotar a los militares de equipo de alta gama, recompensar a quienes se distingan por el servicio a la patria y vender material bélico a los países en guerras regionales.
El tricornio, Marruecos, el generalísimo, el alzamiento de las botas dictatoriales, acude a la mente. Las luchas fraticidas en diversas regiones del mundo son alimentadas con armamento de los gobiernos que se dicen pacifistas. Es un mal atávico que desaparecerá.
A golpe de machetazos, el dolor que nos produce, los insultos que se desparraman en esta vieja tierra, los privilegios, tienen el tiempo contado. En la península se desea (al menos yo) que vascos, gallegos, catalanes, valencianos, andaluces, extremeños se fundan dentro de un solo fin: España.
Respetaremos el legado de nuestros antecesores iberos, celtas, fenicios, cartagineses, árabes, judíos, mesopotámicos, godos y visigodos. Nos dejaron virtudes envidiables que deben ser respetadas y convivir juntas.
El pacto de la Moncloa está ya superado, tenemos que suscribir acuerdos que abran el camino de la democracia para los que estamos y los que nos siguen.
Que los habitantes de Latinoamérica sientan que los peninsulares somos sus hermanos. Nada de madre patria. Sobre todo, estamos unidos por el deseo de hacer un mundo mejor.
PAGE
PAGE 7
