“No es patria el suelo que se pisa sino el suelo que se labra”
Antonio Machado
Regino Díaz Redondo
Madrid.- Volver a lo mismo es una práctica muy usual de los peces gordos de la economía y la política españolas. Por eso, y asustados, los dirigentes de dieciocho grandes empresas nacionales presentaron un plan de emergencia para rescatar a España de la crisis en la que vive.
Encabezados por César Alierta, presidente de Telefónica, se reunieron de urgencia, con el fin de poner un dique al descontento social y responder, al mismo tiempo, al pánico que les produjo Podemos, partido que sería el más votado en las elecciones generales del año próximo.
Estos gerentes de la macroeconomía han ganado dinero a costa de los ajustes infames que hizo el gobierno en sanidad, educación y a las medidas de ajuste implantadas por Prometeo.
El plan consiste en calificar de “antisistema” a todos los que cuestionan las obsoletas normas del conservadurismo más despreciable. Se trata de sostener a una elite burocrática y política que agobia a los españoles.
El programa que presentan tiene un corte neoliberal que ya huele a podrido. Su texto revela que es preciso desplegar un enorme paraguas salvavidas contra los requerimientos de una sociedad empobrecida que se exilia y pasa hambre.
No pide aplicar el IBI (impuesto sobre bienes inmuebles) a quienes están exentos por obra y gracia del Estado. La Iglesia y los terratenientes, nobles y de alcurnia que para el caso es lo mismo, tienen el privilegio de no pagar por el usufructo de sus propiedades y, alguno que otro, podría estar ejerciendo el derecho de pernada.
Si Podemos o cualquier otra fuerza social corta por lo sano y disminuye la brutal desigualdad que existe, bienvenidos sean.
Los nuevos partidos políticos servirán para detener los abusos y las canonjías, la corrupción institucionalizada en las clases privilegiadas del gobierno y en las multinacionales. Pablo Iglesias es un señor inteligente, universitario y catedrático. Así como la mayoría de los miembros de este instituto público.
El fenómeno Iglesias, y sus ideas realistas, siembran pavor y odio entre los jefes del poder. Representa el principio de una revolución pacífica posible ante el endurecimiento de la plutocracia y de los oligopolios.
Los jerarcas del Partido Popular presentan a Podemos como portador del virus del ébola, flor de un día, demagógico y peligroso para la gobernabilidad no sólo de España sino del resto de los países de la Unión Europea.
Su programa no es una entelequia, se ajusta a los requerimientos de la gente. Los españoles ven en él la posible reivindicación de sus derechos perdidos por las políticas asfixiantes del poder que protagonizan los conservadores en el continente.
Por otra parte, el PSOE nada entre dos aguas. Pedro Sánchez, su secretario general, descarta una gran alianza con el PP pero abre la puerta para coincidir en “asuntos puntuales”. También, por el miedo que cunde dentro de los socialistas por el mismo motivo.
Es difícil que Sánchez, con su enjundia y entusiasmo, pueda despegarse de la sombra del tradicional partido en el gobierno y pactará en muchos asuntos, más de los deseados.
La actualidad nacional atraviesa por un largo periodo de imposiciones que condujeron y conducen a que haya mas de 5 millones de desempleados, crezcan los desahucios, los hospitales se privaticen y se reduzcan los subsidios a la ciencia e investigación.
Los ancianos y niños están proclives a la precariedad y cada vez hay más descontento entre los ciudadanos que han pasado de la irritación al encabronamiento, a protestar públicamente contra los culpables de su precariedad.
El plan calificado por los empresarios mencionados, se presenta como “una iniciativa realista” pero es todo lo contrario. Dentro del cúmulo de medidas que presentan como solución para que las aplique el Estado, se encuentran la reducción del paro al 11% en 2018, crear 2 millones de empleos, combatir la economía sumergida, y obtener mayores ingresos fiscales, buscar a los que defraudan y acabar con “la buena vida” de 307 mil españoles que no trabajan pero que “obtienen beneficios injustos”.
Ha tenido que llegar un grupo de jóvenes honestos decididos a rescatar a España del fondo de Europa para que los negociantes, siempre privilegiados impunes, cómplices de latrocinios, elaboren un proyecto económico utópico que no profundiza en el origen del mal y que nos destroza en progresión geométrica.
Hasta ahora, todo iba, bien, según el Consejo Empresarial de la Competitividad (CEC). Seis años después se dan cuenta de que las cosas no van sino todo lo contrario. Retorcer el cuello de las clases necesitadas es la intención del neoliberalismo. Los ciudadanos sufren y apechugan con salarios infames de entre trescientos y cuatrocientos euros al mes con lo que no tienen para satisfacer sus más ingentes necesidades. Se les ofrecen contratos leoninos por hora, día o semana en condiciones inadmisibles. Pero nada pasa.
Por lo visto los únicos que pueden cobrar en negro (b) son lo políticos venales, los expresidentes de Comunidades, alcaldes corruptos y sus hermanos de cochupos entre los que se encuentra una gran cantidad de empresarios que no merecen la menor consideración.
Subsisten los financieros delincuentes y tiemblan. El cambio esta ahí. El ambiente en la península esta emborronado por no decir que habitamos en una sociedad amoral donde los menos obtienen onerosos rendimientos.
El mencionado plan de choque empresarial, cacareado por muchos medios de comunicación, es una entelequia. No se lo creen ni quienes lo elaboraron. Se trata de llevar a cabo unas medidas que no se cumplirían pero que van encaminadas a cerrar los espacios de libertad, imponer el orden por decreto y reprimir las manifestaciones de la sociedad con leyes antipopulares.
Alierta, desde su pulpito laico, expresa que “no hay recetas milagrosas” pero espera que “sus sugerencias” sean la panacea. Todos a una, políticos y empresarios ladrones se unen para defender su casa.
Están habituados a lucrar sin límite, se coluden los impresentables y cometen cuantiosos fraudes. La connivencia entre ellos se produce en el momento en que la transformación española está a la vista.
La gente ya no aguanta más, la desigualdad entre ricos y pobres es la mayor de Europa y va siendo hora de que se avergüencen los culpables de la situación. En su alegoría de “buenas razones”, los jerarcas del lucro soslayan un aviso que les conmociona. Ha entrado en la casa un movimiento de renovación imparable. Proponen apoyar a las empresas importantes para progresar, ¿cómo?… pues aligerándolos de impuestos y coartando a los sindicatos.
Para nada solicitan el aumento de salarios ni alguna medida de interés social. Somos muñecos en un ajedrez en el que sólo mueven fichas los jefes del casino.
Para más inri, un buche de lo mismo y ninguna censura a los patrimonios abultados conseguidos por el lucro indebido. Por el contrario, ventajas y ventajas a los que se aprovechan de la gente. Todo contra los trabajadores.
Sería bueno que tomaran en cuenta la ultima encuesta seria que se hizo en la que los políticos vuelven a reprobar con 1.8% en una escala de 9.
Es la prueba de la desconfianza que tiene la gente a todo lo que proviene de la elite.
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