“Mi generación creció en un mundo que no cambiaba tanto, pero luego todo se aceleró”
Patrick Modiano, Premio Nobel de Literatura 2014
Regino Díaz Redondo
Madrid.- El continente entero sufre con las medidas de austeridad que lo ahogan desde hace seis años. Está comprobado que los recortes desintegran el tejido social, mutilan los servicios públicos fundamentales y fortalecen, en el mismo modo, al poder.
La élite que, está próxima a desmoronarse, nos ha regido por la complicidad entre políticos avaros y empresarios amorales cuyo patrimonio ofende.
Los bancos rescatados con los impuestos de la gente prestan poco y, cuando lo hacen, es con interés leonino y si no pagas te desahucian sin miramiento. A patadas te echan, no importa la edad que tengas, cuán discapacitado físico seas ni si la crisis que sufres no sea culpa tuya sino del brutal y salvaje neoliberalismo español que nos gobierna.
La ley al servicio del mejor postor
Tu destino inmediato es un lugar en la calle o en la plazoleta más cercanas. El liquidador vestido de negro sentencia, sin inmutarse, el auto de expulsión. Porque, oiga usted, los préstamos son para pagarlos aunque haya instituciones crediticias que fueron a la quiebra por la mala gestión y el robo de sus dirigentes. Éstos se hicieron multimillonarios gracias a los ahorros de los ciudadanos.
Las leyes son distintas según quien las aplique y a quien vayan dirigidas. A usted, a punto de jubilarse le aprietan las clavijas y se apoderan de su dinero. A Rodrigo Rato y Miguel Blesa le hacen lo que el aire a Juárez. Viven como marqueses, se convierten en condes y no alcanzan el principado porque no se lo permite Felipe VI.
Apuntalar a los pequeños emprendedores sería, para la clase en el poder un desbarajuste económico.
La sociedad permite todo hasta hoy porque los partidos políticos se han hecho costumbristas y defensores de una tradición obsoleta. Es lo mismo que sea el PP que el PSOE. Ambos tienen mucha cola que les pisen al arbitrio inmovilista de los populares, mal funciona una sociedad desigual y caduca. No hay diferencia entre los que mandan. El abismo al que nos asomamos es insultante.
La falta de seguridad es la guinda del pastel. Seis o siete uniformados se encargan del trabajo sucio contra los menesterosos ante las protestas de los vecinos, las lagrimas de los afectados y de la indignación general. Pero nada se hace para remediarlo porque las fuerzas del ministerio del interior cumplen con su deber.
El único debe de este gobierno es no haber tratado con un mínimo de sensibilidad a los ciudadanos. Además, debe dinero a Bruselas, no paga a tiempo y los ajustes que resienten las clases medias envuelven al país en un manto de descrédito.
Al año se efectúan desalojos inhumanos. Se calcula que a un millón de familias les quitaron sus departamentos en barrios pobres. No pudieron pagar porque están en el paro. Inclusive, una vez fuera, tienen que seguir abonando por la deuda contraída, no les basta con ponerlos a la intemperie.
La ley, hecha a la medida de los mandamás debe acatarse. Es un pacto a imagen y semejanza de la oferta.
Mientras doña Fátima Bàñez, ministra de Empleo, sale a poner ofrendas a la Virgen del Rocío a la que no se cansa de dar gracias por el “milagro” de convertir el agua en vino. Lo hace en el Congreso de los diputados y en muchos otros lugares públicos.
Los buenos samaritanos abundan poco, cada vez son menos en número y en samaritanos. Porque hay que combatir la mala imagen que dan de España. ¡Malos patriotas! Desde el Consejo de ministros nos pintan cada semana un paraíso alcanzable.
(Quizá en las Moradas de Santa Teresa, monja insigne y doctora de la Iglesia, que en febrero próximo cumple 500 años de haber estado entre nosotros, podrá encontrar su refugio. Hay que visitar el museo conmemorativo que se construye en Villanueva de la Jara, en cuenca. Las dominicas de claustro que ahí viven regalan amor todos los días).
Las paradojas llegan para quedarse en ésta nación donde la libertad ha sufrido en todas las épocas de su historia. Los catalanes quieren irse de España y Rajoy no escucha. En éste caso si aplica la ley cuando casi siempre la viola. Es el triste final será la ruptura de la península.
Prometeo, el hombre que peleó contra los ángeles para traer vida a la tierra, según dicen los griegos es el presidente del gobierno que consiguió, con ahínco y perseverancia, que los cinco millones de desempleados que hay pasen hambre y frío.
Para paliar la pobreza abre comedores públicos y la gente los abarrota con la mirada suplicante y la mano extendida en un ademán que nos recuerda épocas pasadas de dictadura y totalitarismo.
Eso sí, vigila hasta la extravagancia y la minuciosidad que nadie engorde porque el sobrepeso es malo para la salud como todos sabemos, produce infartos y la grasa carbohidratos, horribles patógenos que se acumulan en nuestro cuerpo, y don Mariano no está dispuesto a que los españoles mueran.
Su ejemplo se propaga por los gobiernos de Europa, la mayoría tan humanitarios como él. Inclusive supervisa a través de funcionarios bien pagados porque no haya promiscuidad sino compañerismo, charlas edificantes. De esta manera evita que se mezcle entre ellos algún desalmado que los incite a protestar por la mala calidad de los alimentos.
El Estado de Prometeo es un dechado de virtudes, de protección, de amor al prójimo. Don Mariano es, ¡válgame Dios, un personaje en cuyo vocabulario no existen las palabras demagogia ni negligencia!.
Los grandes empresarios -no todos- distribuyen su riqueza razonablemente porque mucho dinero en manos de ignorantes es peligroso. Su política es ayudar al obrero y al empleado para que controle los excesos y se sometan a una disciplina necesaria… para ellos.
Los salarios son bajos y cada vez más porque forman parte de una estrategia bien planeada que dará a cada uno de los españoles un determinado status de acuerdo con su hidalguía y antecedentes históricos. Por tal motivo los latifundios son, aquí, haciendas, propiedades nobles, intocables.
La mayoría de los medios de comunicación cumple con su deber de informar con imparcialidad. Hay diarios como La Razón y ABC que no distorsionan las noticias. Simplemente las ignoran o las cambian. Los diarios digitales son diversos pero tienen muy bien definida su ideología.
Los sindicatos están en la luna de Valencia, allá, sentadotes en cómodas poltronas que proporcionan las autoridades (léase Gobierno) y solo de vez en cuando bajan a está tierra carcomida para hacer presencia simbólica y justificar su eficaz trabajo. ¿Cómo se atreven algunos a negar y a atacar a este tipo de regimenes democráticos? Solo los envenenados con teorías anacrónicas son capaces de tal fechoría.
Nunca antes la democracia tuvo tan buena salud.
