“Daniel Ortega, presidente de Nicaragua, ejerce ahora como sultán más que como Jefe del Ejecutivo”.

Sergio Ramírez, escritor y ex vicepresidente del Sandinismo.

Regino Díaz Redondo

Madrid.- El principio del cambio político en España comenzó el domingo pasado con las elecciones a la Junta de Andalucía que ganó la socialista Susana Díaz con una mayoría holgada pero no absoluta. El resultado arroja una derrota muy grave y esperada del Partido Popular y la emergencia de dos fuerzas políticas nuevas: Podemos y Ciudadanos que entran por primera vez al parlamento de esa comunidad autónoma.

El 63% de las 6,5 millones de andaluces depositó su voto en una jornada espléndida en la que no hubo altercados y la democracia gozó del total respaldo de la gente en un ejemplo de respeto y entusiasmo.

En mayo habrá comicios en miles de ayuntamientos entre los que figuran Madrid, Barcelona, Bilbao, Sevilla y Valencia. Luego se elegirá a un buen número de presidentes regionales y, en noviembre o diciembre, serán las generales de la que saldrá el nuevo inquilino de la Moncloa.

Sólo un acontecimiento inesperado o violento puede impedir la debacle del PP. Mariano Rajoy dejará su puesto a una coalición de dos o tres partidos (dos es lo esperado) porque nadie tendrá mayoría absoluta.

El tiempo del carro completo ha terminado para bien de este país. Los socialistas andaluces conservan los mismos 47 diputados de la última votación sólo que ahora son mayoría cuando hace tres años los populares obtuvieron 50. El  PP con 33, pierde 17.

Es evidente que las políticas de austeridad (recortes) y el empobrecimiento de la población castigaron con dureza a los conservadores que aceptan la derrota con bastante serenidad ante los medios aunque, internamente, la sede de Génova es un cementerio.

Irrumpen con firmeza aunque no con la contundencia que se esperaba, Podemos convertido en tercera fuerza con 15 curules seguido de Ciudadanos con 9. Ninguno de estos dos partidos  estaba representado en ese Parlamento.

Izquierda Unida se descuelga y baja de 12 a 5 asientos. Al final UPyD no consiguió ni una sola curul por lo que el partido de Rosa Díez tendrá que reinventarse si quiere sobrevivir en el ámbito nacional.

El recuento fue rápido y respondió a las expectativas de la gente. El bipartidismo sigue ahí pero tocado. En el futuro, aún ganando, las dos fuerzas tradicionales que se sucedían en el gobierno desde 1978, tendrían, por obligación, que coaligarse para gobernar España.

Lo saben Mariano Rajoy y Pedro Sánchez cuya misión, a partir de ahora, será reforzar sus filas, modificar políticas costumbristas y perjudiciales y responder a la demanda de las clases medias y necesitadas con programas totalmente distintos a los actuales.

     Estos hundieron a la nación con la excusa de “habernos sacrificado para sacar a España de la crisis”. El vocabulario de la derecha será otro sin duda pero ¿podrán los españoles creerlo después de lo que han sufrido?

La esperanza de la gente crece, aumentan sus endorfinas y se avizora un futuro más halagüeño y prometedor desde el año próximo.

La sociedad española espera, anhela, una transformación positiva y real de la economía para levantar su nivel de vida que está por los suelos.

El partido de Pablo Iglesias vuelve a conmocionar al país pero es evidente que mucho tendrá que hacer para continuar en primer lugar en la intención de voto como lo auguran en estos momentos las encuestas realizadas.

Hay dos organizaciones que tienen que cambiar sus estrategias: IU y UPyD que fueron duramente castigadas.

Por lo ocurrido, queda claro que terminó la hegemonía del PP y del PSOE y que sólo una locura política de sus dirigentes les permitirá subsistir como fuerzas hegemónicas.

Resulta inimaginable una alianza entre ambos aunque parecidas aberraciones se han visto en este continente de la cultura y de la prevaricación.

Los populares sí lo querrían pero no imagino una coalición pedida y aceptada por el socialismo. La sensatez permite deducir que esto no ocurrirá, que no se atreverán a hacerlo.

Pese a que el líder del PSOE Pedro Sánchez ha sido muy terminante contra Podemos podría recapacitar e inclinarse por un bi-gobierno con este organismo político o con Ciudadanos.

No hay ningún motivo para sostener el argumento de una unión entre los partidos de costumbre porque los viejos y los muy nuevos socialistas lo impedirán. Se opondrán los socialistas verdaderos, no Felipe González que ya va a defender a los políticos venezolanos encarcelados, y como él, algunos más. Pero sí la verdadera izquierda nacional.

Si Sánchez cometiese ese error, el PSOE sería condenado al ostracismo y, luego, a la desaparición.

En estos momentos el panorama es el siguiente: Díaz tendrá que decidir cómo quiere gobernar Andalucía, la comunidad más poblada de España. Tiene dos opciones claras y otra confusa, casi imposible.

Lo puede hacer sin alianzas porque cuenta con una mayoría importante, aunque para ser absoluta debió alcanzar 55 curules.

Otra, pactar con Ciudadanos que está dispuesto a ello, no obstante que hacerlo deterioraría su imagen gravemente con consecuencias nefastas.

Manejarse con acuerdos puntuales con Ciudadanos sería la tercera vía política a lo que también se prestaría el partido de Albert Rivera que aún crea dudas sobre cuál es su ideología.

A Ciudadanos y UPyD aún no se les ha puesto un sello formal. A veces actúan como representantes de la izquierda y otras de la derecha. Ellos dicen que son de centro, pero nada más. El centro tiene que acodarse a alguno de los lados para no caer.

Ser de centro es anodino y poco confiable. Pero tienen a su favor que tanto Rivera como Díez son dos personas bien preparadas, respetables y dignas de crédito. Sólo les falta decidir una presencia más clara en los contextos nacional e internacional.

España amanece esta primavera con una ilusión que inunda todo. El cambio llegó para quedarse. Evitarlo es imposible y sería entrar a degüello contra la democracia y la salud de los españoles.