“El FMI es parte de la solución. Podemos es la ruptura y la descalificación”

Pedro Sánchez, líder del PSOE

Regino Díaz Redondo

Madrid.- Recuperada en buena parte la imagen del socialismo, con Ángel Gabilondo Soler, candidato a la Comunidad de Madrid, hombre honesto y de estatura intelectual, es el momento de que la izquierda recapacite y no se sumerja en enfrentamientos internos que sólo favorecen a los populares.

Las siglas son respetables, pero hay que unirlas con el mismo fin. Sacar a Rajoy de la Moncloa. Si éste continúa, la nación se irá al garete, sin rumbo ni más propósito que medrar a costa de los españoles.

Es necesario elaborar un programa común para la misma casa: la democracia frente a la derecha mentirosa y pendenciera, irreal y asustada.

En el reciente debate sobre el Estado de la Nación, el líder del PSOE dio una buena felpa al presidente del gobierno. Ante los diputados, el joven socialista confirmó su liderazgo y tranquilizó a quienes dudaban de él, inclusive dentro de sus filas.

Fue contundente al arremeter contra Prometeo desde la tribuna del Congreso: “la corrupción son ustedes y el PP”, rugió Sánchez y, durante media hora, largó una retahíla de verdades de a puño: “…hay cien mil parados más que en 2011… los empleos son parciales de un mes y hasta por semanas…. siguen los desahucios, aumentan la precariedad,… los profesionales mejor preparados se van al extranjero… ustedes dan vergüenza… han roto a martillazos el disco duro del ordenador de Bárcenas para ocultar datos sobre su oscura contabilidad b…”, sin declarar.

Por su parte, Rajoy basó el éxito del gobierno en no haber aceptado el rescate de la troika. Pero otra vez engaña porque firmó un Documento de Entendimiento, elaborado por esa señora desaparecida – obra y gracia de Syriza— en el que se aceptan 32 condiciones y la supervisión permanente de los hombres de negro de la Unión Europea en territorio nacional.

Entre otras exigencias, la UE, el BCE y el FMI  piden reducir salarios, dar facilidades a empresas y “ajustar” a la baja los presupuestos destinados a sanidad y educación.

Todo esto se lo echó en cara Sánchez y mostró una primera plana del Wall Street Journal dónde aparece la palabra “rescue” que le tradujo a don Mariano, con evidente sorna, como “rescate”.

Prometeo aceptó cumplir con los acuerdos leoninos a cambio de que, avalados por el Estado, los bancos españoles recibiesen 100 mil millones de euros para no ir a la quiebra.

Rajoy los nacionalizó y, unos meses después, ya limpios de deudas, los volvió a privatizar. Eso sí, sin permiso de los cuenta-habientes pero con su dinero y dejando a miles de preferentistas en la calle.

Otra hazaña más.

El santiagués olvidó los reclamos de Sánchez y, con soberbia y desprecio,  prometió (no podía ser de otra manera, Prometeo promete pero nunca cumple), que en este año y los que siguen se crearán 350 mil empleos en cada uno de ellos sin decir cómo. ¡Porfía, hijo, pero nunca apuestes, lávate las manos y sigue con tu letanía de improperios!.

Tiene don Mariano una bola de cristal, no muy limpia, no muy grande, pero hecha a la medida.

Gracias. El pueblo está conmovido y le suplica que siga, que si pierde las elecciones funde una ONG para, desde allí, llevar a cabo su plan mágico. Seguro que el próximo jefe de gobierno se lo pedirá y éste no tendrá más remedio que acatar la orden, cuando menos, tan obediente como lo es con la troika.

Prometeo no podía abandonar el púlpito del Congreso de los Diputados sin sentenciar: “señor Sánchez no vuelva usted aquí, ha sido patético y me parece que nunca llegará a ser presidente del Gobierno”. Otro augurio más del político pitoniso.

Le dolió mucho al presidente del Gobierno que le acusaran de esconderse detrás de un plasma y de vaticinar el futuro de España como si fuera el dueño del futuro.

La verdad es que no cumplió con ninguno de los puntos del programa que esgrimió en su campaña electoral. Hizo todo lo contrario. Eso sí, “para salvar a España” de “tolvaneras populistas”, como suele llamar a los miembros de los partidos “bolivarianos” de la oposición.

Ya desesperado, arremetió contra Ciudadanos y UPyD a los que intentó fulminar con desdén y de mala manera, con una ridícula ironía, que no es gallega, desde luego. Se pareció más a su antecesor José María Aznar y a los contlapaches de éste George W. Bush y Ernesto Zedillo Ponce de León.

Ese mismo día, Amnistía Internacional dio a conocer un documento en el que condena al gobierno español por aprobar una ley mordaza llamada de Seguridad Nacional porque sus artículos son tan ambiguos que peligra la libertad de expresión y reduce las manifestaciones.

Con ella se estrecha el campo de las libertades en España. AI deplora, también, el trato que se da a los inmigrantes africanos en Ceuta y Melilla cuando intentan entrar al país. Los devuelven en caliente, afirma esa organización; los maltratan, golpean y arrastran como bultos hasta Marruecos. Todo se vio por televisión.

En resumen, la efervescencia política nos envuelve de mala manera. El gobierno sigue “saqueando al país”. Miente a la gente, dibuja una nación que desconocemos y aprieta tuercas a sus detractores para evitar que protesten.

Manda investigar casa y vida de sus adversarios, busca en sus declaraciones fiscales para encontrar cualquier error, revisa su vida personal y social y puede llegar a tomar medidas que no encajan con el precepto de los Derechos Humanos, aprobados por la ONU.

Al final, en uno de los tantos sondeos que ya se han convertido en el pan nuestro diario, Sánchez salió ganador del debate con un 21.7% frente al 21% de Mariano Rajoy. Diferencia mínima que da un empate técnico, según  el Centro de Investigaciones Sociológicas.

Es sabido que las Cajas de Ahorro fueron convertidas en garitas donde se enriquecieron banqueros puestos, impuestos, por el Partido Popular en épocas pasadas.

La impaciencia y el dolor de la gran mayoría de la gente aumentan en cualquier ciudad o pueblo de España. La gente grita como lo hicieron los cubanos cuando gobernaba Batista:

“…cualquiera menos el mulato….”, aplicado a que, no importa quién, lo hará mejor que Prometeo, que sigue hablando con un interlocutor que no existe.

La olla, donde nos cocemos todos, hierve cada vez más. Contribuimos  a que estalle en cualquier instante.

Las nuevas leyes aprobadas de urgencia, Reales Decretos, que ya son 68, aprietan el cuello de los trabajadores sobre todo de la clase media a la que llegan los golpes por doquier.

La razón y el sentido común están lejos. Quien nos gobierna no busca acercamientos ni equilibrios. A empujones nos hunde. Y en el agujero nos mantendremos durante diez meses más, si no es que antes ocurre una catástrofe.