¿Cómo ve usted el panorama político en este año electoral? Turbio, cenagoso, pestilente, lamentable.
José Luis Cuerda
Escritor – El Cultural
Regino Díaz Redondo
Madrid.- El socialismo español está a la baja, se apoya en el inmovilismo y transforma la esperanza en rasposa costumbre. Su líder, Pedro Sánchez, micrófono en mano, la emprende contra todos y contra todo. Se ceba en Podemos: “ese partido es la ruptura y la descalificación…”.
Y los populares, felices. No podían pedir más el gobierno que encontrar soporte en su habitual, pero ya desgastado, adversario político.
El neoliberalismo acaba de encontrar un socio rentable. Cada vez que Sánchez habla rompe contra las nuevas corrientes progresistas. Lo que hacen para él es populismo “sin razón”.
A medida que pasan las semanas don Pedro se inclina cada vez más a conservar el stablisment y el actual sistema económico: “No veo a Syriza (partido en el gobierno griego) ni en Podemos a la social democracia”, afirma.
Luego asegura que el PSOE es la única alternativa posible y necesaria a la derecha. Los demás no sirven.
Sostiene también que hay fuerzas políticas que “no definen cómo son, tienen que empezar a decirlo…”.
Por lo visto el señor Sánchez no ha escuchado ni leído las propuestas y el programa de trabajo de organizaciones de izquierda que son varias y, como siempre, desunidas.
Es el mismo discurso del PP: el partido de la coleta está subvencionado por el eje del mal: Maduro-Evo Morales-Correa.
Pero no sólo eso. El socialista ha dado un paso más adelante y muy peligroso. En una de sus intervenciones señaló que “Ciudadanos, el partido de Albert Rivera, es una nueva derecha civilizada que seguramente necesitaríamos en España”.
Este señor se fuga con frases hechas y su discurso obedece al propósito de que las cosas no cambien para mantenernos como fieles súbditos de la troika.
Da la impresión que no analiza a fondo la situación política en que está inmersa España. Se precia de saber improvisar. Y ahí está el mal. Tiene que recapacitar porque sino la ideología del viejo Pablo Iglesias se irá a la alcantarilla más temprano que tarde.
Es preocupante oírlo. Nunca antes un socialista había ensalzado a la derecha infumable como lo hace el madrileño.
¿Será que la presión es muy fuerte?. ¿Quizá Felipe González lo contagió de su nueva ideología liberal? Porque este personaje, ex presidente del gobierno y ejemplo de democracia en épocas pasadas, se ha convertido ahora en el defensor de los derechos humanos mancillados por el gobierno de Venezuela.
Bonito papel el de don Felipe que ha dejado algunas de sus asesorías en empresas multinacionales para dedicarse a figurar entre los ex jefes de Estado y de gobierno que han formado una piña y reclaman la vuelta de la democracia a esa nación caribeña.
El señor González Blanco debería primero fijarse en nuestros problemas y contribuir a resolverlos antes que emigrar pachorrudamente para dedicarse a resolver asuntos extranacionales.
González y Sánchez se acercan a una neo-política que se descalza de los zapatos de la izquierda para ponerse los lujosos mocasines que usan Aznar y Esperanza Aguirre.
El joven aspirante a ocupar La Moncloa, representante de una izquierda desorientada, en nada contribuye a fortalecer los principios que, en su momento, defendieron distinguidos socialistas.
No va bien Sánchez en su camino hacia las elecciones generales de fin de año. Sufrirá tropezones, los primeros en mayo, durante las elecciones municipales y autonómicas. El triunfo de Susana Díaz le entusiasma al tiempo que inquieta.
Pero no se preocupe, la presidenta de la junta andaluza ya tiene suficiente con encontrar la fórmula de gobernar esa región y, además, dará a luz en un momento en que se elija el candidato del PSOE a la presidencia del gobierno.
No se preocupe, don Pedro, por esta vez será usted el aspirante a suceder a Mariano Rajoy. Después, si es que hay un después, Dios dirá. ¿No le parece?
Si tomamos en cuenta cómo están las cosas, la Gran Coalición se acerca y es posible entre los dos partidos que han gobernado España en democracia, deja de ser utopía y se convierte en una amenaza.
A nadie convence la praxis de Sánchez. Ciudadanos y Podemos tendrán en sus manos la posibilidad de integrar un gobierno distinto. Seguro.
Pero don Pedro no será el salvador de la patria. De eso estamos seguros. Y lo que es peor, a la larga, tendrá que rendirse a las exigencias de una derecha que, en su fuga, arrastra todo lo que encuentra al paso sin fijarse en colores ni sabores.
Las fuerzas emergentes encuentran un camino abonado para quedarse y crecer e, inclusive, hacerse con el poder.
En estas semanas el panorama empieza a aclararse. Izquierda Unida y Unión Progreso y Democracia tienen gravísimos problemas internos. Por lo pronto, Cayo Lara ha dicho en voz alta que los miembros de esa organización dejen de pelearse entre sí porque sino la debacle llegará muy pronto.
El más lesionado es UPyD que está a punto de desaparecer o de integrarse con Ciudadanos porque Rosa Díez decidió aferrarse al liderazgo y no escuchar las voces que le piden una transformación más creíble. Tiene que permitir mayor protagonismo a los que exigen más democracia.
Los populares aprovechan estas confusiones para sembrar la duda entre los adversarios. El nuevo estribillo consiste en descolocar a Sánchez con la amenaza de que Susana Díaz busca su deterioro en los comicios próximos. Aunque ella insiste en que seguirá en Andalucía, el neoliberalismo español se enfrenta a diario con un socialismo que tiene fecha de caducidad.
El verdadero revuelo llegará a finales de mayo cuando cada quien tome una posición definida.
Pero oigan, los españoles sólo buscan mejorar su nivel de vida y estar en paz. Al menos en el futuro inmediato.
Hay que darles ese dulce. No sean egoístas.
