Escritores del pueblo

Guillermo García Oropeza

La vida y las noticias pueden ser a veces muy caprichosas y ofrecernos casualidades. Escribo esto el día que murieron dos grandes escritores contemporáneos, en Alemania, Günter Grass, y en Uruguay, Eduardo Galeano.

Günter Grass nació en una ciudad con un destino muy trágico cuando fue el pretexto para que comenzara la terrible Segunda Guerra Mundial. Esta ciudad, Danzig, era un viejo puerto del Báltico poblado por polacos y por alemanes, y para integrar a esos alemanes al Reich, Hitler no dudó en atacar Polonia, incendiar Europa y por poco el mundo. Victoriosos los alemanes mataron a muchos polacos pero luego, al perder la guerra, Polonia recuperó el puerto, le puso nombre polaco y los alemanes fueron expulsados. Grass vivió sus primeros años en Danzig y su literatura como tantas arranca de sus memorias primeras, las que se plasmaron en un libro fundamental: El tambor de hojalata que marca el regreso de Alemania como gran potencia literaria y que sirvió de base a una película extraordinaria.

Este libro levantó muchas olas en Alemania aunque era producto de un hombre que no tenía una gran formación académica, que venía de la muy pequeña clase media, que era también artista visual y que trabajó en las cosas más diversas. Grass escribió muchos libros y realizó muchos dibujos y grabados pero sobretodo fue siempre el centro de discusiones y debates. Era un escritor incómodo pero algo tendría cuando Suecia le concedió el Premio Nobel de Literatura.

Por su parte, Eduardo Galeano, que tampoco tuvo una educación académica adecuada y que trabajó también en los más diversos oficios y que según dijo siempre fue periodista, de ésos que florecían en los cafés a la antigua usanza, se hizo famoso, tan joven como Grass, con su libro Las venas abiertas de la América Latina, un grito antimperialista y una proclamación de la independencia por conquistar nuestra América. Libro que marcó a toda una generación.

Galeano, como tantos latinoamericanos, sufrió el exilio porque pertenece a esos escritores muy molestos para el poder imperial y local pero tuvo y tiene millones de jóvenes seguidores. Galeano conocía muy bien nuestra América de la que estamos tan alejados y que como caballero de las letras admiraba a su “maestro” Juan Rulfo.

Grass y Galeano son dos escritores que están profundamente interesados en la política, en el mejor sentido de la palabra. Alejados de los escritores útiles al poder o al negocio del libro y que se refugian en una cómoda torre de marfil. Esos escritores premiados y consentidos y que nunca comen el pan amargo del exilio. Grass y Galeano vivieron incómodamente y eran a su vez incómodos.

Escritores del pueblo, no de las elites académicas y cuyas principales virtudes eran el valor y la fuerza, comprometidos hasta el fondo. Grass y Galeano mueren el mismo día y nos dejan a los que escribimos, a los periodistas, una lección: la de ser incómodos y tocar siempre molestando a los de arriba nuestro tambor de hojalata.