Hay que replantearse el modelo macroeconómico internacional pero la mayoría de los políticos no lo desean.

Paul Krugman, Premio Nobel de Economía 2008

Regino Díaz Redondo

Madrid.- Blanqueo de dinero, puertas giratorias, nepotismo, fraudes fiscales, robos bancarios, protección política a delincuentes, respaldo a grandes empresas para contratar a trabajadores con salarios de miseria, sueldos por hora o semana, privatización de colegios, universidades y hospitales, evasión de capitales hasta por 160 mil millones de euros, complicidad entre el poder y los millonarios prevaricadores.

Alcaldes que cambian la legislación municipal para hacer urbanizables grandes terrenos que eran reservas ecológicas, cochupos legaloides para recibir sobres en negro pletóricos de billetes, sin declarar a Hacienda; libre camino a la corrupción, puñaladas entre hermanos políticos y promesas gubernamentales incumplidas.

Mansiones en las principales ciudades de Europa, América y Asia, hoteles de lujo, compañías fantasmas, latrocinio a medianos y pequeños ahorradores con acciones basura.

Pocos juzgados en mínimos espacios, acumulación de miles de folios con denuncias que se pierden o desaparecen en cuartos contiguos, sordera al reclamo de la sociedad, gente que protesta en la calle sin que nadie le haga caso. Cárcel para los que intentan quejarse en forma pacífica.

Prisión para quienes rompen un cristal y libertad incondicional para los prevaricadores, lentitud para resolver tramas como la Gürtel, Pokemon, Cajas de Ahorro etc, bancos utilizados para medrar y obtener millones por “servicios prestados”, jubilaciones multimillonarias, reparto de “utilidades” por enormes cantidades de euros para dirigentes sin escrúpulos que llevan a la bancarrota a sus negocios.

Tres o cuatro confesos y miles de culpables en la calle, viviendo como sultanes en tierra de cristianos. Políticos advenedizos que entran con una mano adelante y salen dueños de castillos y residencias en las zonas más lujosas de las grandes capitales del mundo.

Uno de cada cuatro españoles en el umbral de la pobreza. Un 24% de desempleados (la segunda mayor cifra de los países europeos), éxodo de jóvenes preparados porque aquí no encuentran donde emplearse.

“Movilidad exterior” de Fátima Báñez, ministra de Trabajo, que no es otra cosa que la fuga de cerebros de las nuevas generaciones mejor preparadas en más de un siglo.

Desahucios inhumanos, niños y ancianos que duermen en la calle mientras encuentran vivienda donde alojarse y que pocas veces la hallan. Autismo de las autoridades ante el aumento de personas que recurren a comedores públicos y a centros de alimentación para los que están en la precariedad.

Angustia de madres que no tienen donde llevar a comer a sus hijos porque las escuelas están cerradas por orden superior.

Mítines en los hoteles de lujo para políticos de todos los colores (en el Ritz se hacen juntas, se dan conferencias de prensa y se realizan asambleas de líderes gubernamentales de aquí y del resto de continente).

El mayor endeudamiento desde que vivimos en “democracia”, carencias por todos lados, algún que otro suicidio, mucho cabreo, gritos de desesperación que no son atendidos.

Mentiras oficiales que nadie se traga, ídolos que se diluyen en el barro donde debieron estar hace tiempo. Sedes del PP en Madrid y la Rioja, cuando menos, edificadas con euros de sus simpatizantes para no cumplir con el pago de impuestos, aumento de la deuda del Estado por encima PIB, amnistía fiscal a evasores, entre ellos amigos y miembros de fuerzas políticas distintas.

Ciento sesenta mil millones de euros de españoles depositados en bancos extranjeros, sin haber pagado los impuestos correspondientes.

Bolsillos abultados de quienes se encargan de formar a trabajadores en Andalucía, ex presidentes de la Junta que no se enteraron de nada cuando su obligación era saberlo. Jueces que pierden el tiempo y se inclinan al sol que más calienta; cambio de instructores para que no continúen buscando la verdad en los casos más sonados.

Venta de terrenos a 50 metros de las playas en varias comunidades que trasgreden la ley. Hoteles lujosos y parques temáticos sin permiso de construcción que quedan como elefantes blancos. Impago de deudas contraídas y despido de empleados sin indemnización pese a que los responsables gozan de buena salud.

Rechazo de inmigrantes sajarauis “en caliente”, expulsiones de latinoamericanos en aviones donde son golpeados por agentes de migración (hay videos), ningún detenido y nula investigación.

Campañas electorales de baja estofa con insultos y embustes que, por repetidos, suenan mal en los oídos de los españoles que ya no creen en ningún político.

Ex presidentes del gobierno que se convierten en defensores del más obstruso neoliberalismo internacional, que se unen aun habiendo tenido ideologías totalmente contrarias (son los casos de José María Aznar y Felipe González Márquez).

Mercado negro de medicinas con etiquetas falsas que se venden al por mayor y originan enfermedades cada vez mayores. Bancos nacionales que pierden dinero en operaciones en el exterior y lo pagan los cuentahabientes; patrones y sindicalistas que se reúnen en privado, en supersecreto y cuyos acuerdos no trascienden.

Ausencia de la moral y del orgullo, pachorra, pasión en Semana Santa, la risa se transforma en amargo rictus. Cada vez son más los inconformes pero no importa; se cierra el horizonte de la esperanza, la sociedad aplastada por los caballos de los hunos.

Clanes elitistas en todas partes del territorio nacional. Y mucho más. Esto es sólo una muestra.

Total, el desgarriate, los conchudos a bailar. Y esta piel hoyada.

Diciembre es el plazo que todos nos hemos fijado para encontrar alguna que otra salida.