“Una entidad independiente debería controlar los instrumentos y operaciones financieras en el mundo”.
Daniel McFadden, Premio Nobel de Economía 2000
Regino Díaz Redondo
Madrid/Atenas.- Grecia cierra los bancos para evitar la salida de capitales que ya asciende a 87 mil millones de euros desde que se inició la crisis. Ahora, la gente sólo podrá sacar 60 euros diarios y el gobierno toma el control absoluto de la economía. El primer ministro Tsipras convoca a un plebiscito, hoy 5 de julio, para conocer si se aceptan o no las estrictas medidas que exige la ex troika y sacar al país del precipicio.
La Unión Europea tiene ya previsto un plan b que consiste en el rescate para cuyo éxito los acreedores exigen reducir las pensiones, recortar los salarios de los trabajadores y los presupuestos en educación y sanidad, minimizar la burocracia, aumentar al 23% el IVA y eliminar el impuesto del 12% que se cobra a las empresas que manejan más de 500 millones al año.
El ambiente está ardiendo. Bruselas hace piña con el FMI aunque el Banco Central mantiene temporalmente el suministro de liquidez para evitar la asfixia de la nación. La gente grita en las calles, protesta y pide a Europa que encarcele a quienes robaron en gobiernos anteriores. Además, que devuelvan el dinero depositado en paraísos fiscales.
Las bolsas suben y bajan a criterio de los acreedores que marcan pautas e influyen en la opinión pública que está totalmente desesperada porque no encuentra cómo desterrar el deterioro social.
Si se aceptan las condiciones impuestas por la UE habrá más empobrecimiento. Si no es así, el estallido puede ser peor porque ya está presente el “corralito”. Por todos lados se pide volver al dracma, también salir de la eurozona. En los últimos escarceos del fin de semana pasado no se llegó a ningún acuerdo y la tensión alcanzó su máximo.
El peligro de que la angustia griega llegue a otros países de la UE surge como un fantasma que ensombrece los cielos del sur de Europa. Irlanda, Portugal, Italia y España están en la mira.
¿Cuál es la solución?. No hay ninguna favorable; si acaso lo menos duro es recurrir al humanismo continental y reformar los preceptos que rigen la UE en materia económica. Si una nación no tiene con qué cumplir es preciso ayudarla aunque sus dirigentes hayan cometido equivocaciones y delitos. El pueblo no tiene porqué pagar las deudas de sus malos gobiernos.
Igual pasa aquí donde el gobierno de Rajoy se ha colocado al frente de los más duros como son Alemania, Holanda y Finlandia. Primero porque está en su ADN y después porque empieza a temer algún contagio grave.
En los días anteriores, siguieron las conversaciones entre Ángela Merkel, Francois Hollande, Christine Lagarde, Mario Draghi y Jeroen Dijsselbloem para encontrar la manera de que la economía griega sea viable. Pero es imposible afirmarlo porque las condiciones que imponen son leoninas y el esfuerzo ciudadano ha llegado a su límite.
Existe un resquicio para resolver el problema de una manera general: revisar la deuda pública griega que ascienda al 175% de su PIB y que en estos momentos resulta imposible pagar. Ni siquiera los intereses acumulados.
Hay que hacer quitas, aumentar los plazos en que se vencen las facturas y acordar que Grecia pague lo que pueda vigilada siempre por la UE hasta que salga de su agonía y pueda cumplir con compromisos reales creados, en parte, por la voracidad de los grandes bancos.
El martes anterior el gobierno de Syriza no pagó, porque no los tiene, los 1,600 millones de euros que le correspondía. Y será imposible que, desde ahora hasta el 20 de agosto, cubra los 12,918 millones que tiene comprometidos con la ex troika.
Mientras, los jubilados y la gente de mayor edad se unen al resto de sus compatriotas y permanecen indignados en la plaza Syntagma de Atenas.
La sombra de una nación en quiebra y abandonada sobrevuela las calles de la capital griega. La miseria muere en las gargantas clausuradas de las personas. Los líderes del stablisment no pueden alargar el dolor de un pueblo que no tiene la culpa de los desvaríos de funcionarios y empresarios veniales. Ellos son trabajadores apolíticos que no utilizaron la función pública para llenarse los bolsillos como está ocurriendo en nuestro país.
De nada sirve mantener a la nación en estado de coma. No importa que sea un país pequeño cuyo PIB no alcanza ni siquiera al de la Comunidad de Madrid. Es preciso tomar en cuenta que Grecia es la cuna de la civilización occidental. Y que, como dijo Alexis “no se puede matar la democracia en el país donde nació”.
Las sonrisas fingidas de los protagonistas del porvenir griego han desaparecido. Antes, la presidenta del FMI se acercó a Yanis Varoufakis, ministro de Finanzas, y con una sonrisa esquiva le dijo: “te saluda la jefa criminal…” al referirse sarcásticamente a los comentarios que hizo el funcionario ateniense.
Los bancos internacionales mueven ficha con discreción y ya se dieron cuenta que la mejor manera de ganar es la de perder lo menos posible.
Si me debes 100 y me pagas 4, estamos a mano. No se puede exigir más a quien no tiene, es de sentido común.
Pero, de todas formas, los dirigentes de las principales instituciones crediticias, de Alemania sobre todo, insisten en que hay que exprimir al máximo el semi-cadáver del pueblo griego.
La solución a este grave asunto nunca será completa ni a satisfacción de cualquiera de los bandos. Saldrá un acuerdo que no puede ser profundo hasta no arrancar las raíces del fracasado neoliberalismo continental que nos mantiene en zozobra desde hace ocho años.
Recordemos que los agiotistas que prestaron a sabiendas de que los bancos griegos no podrían pagar, no son tontos y ya comprendieron que es necesario reducir las desigualdades sociales.
Si Grecia se descuelga, España tiene que revisar su política económica. Tenemos abiertos varios frentes. Desde África llegan miles de inmigrantes que arriesgan su vida para entrar en territorio europeo. Trepan por alambres de púas y se arriesgan a morir a cambio de un pedazo de pan.
Europa debe entender que éste es el momento más grave por el que atraviesa el consorcio comunitario. De no tomar las medidas adecuadas para resolver los problemas que crecen a la sombra de la ceguera gubernamental, caeremos al abismo y el rostro del porvenir será famélico en un cuerpo que morirá sin remedio.
