Hay en Madrid 309 símbolos, calles, monumentos,
estatuas, obeliscos y otras referencias públicas
que llevan nombres del franco-fascismo.
Regino Díaz Redondo
Madrid/Atenas.- Independientemente del resultado final, el gobierno de Syriza, con el apoyo del 63% de los votantes, consiguió que la troika revise las exigencias austericidas contra Grecia y que el resto de los ciudadanos europeos se den cuenta que es posible cambiar las reglas de un juego sucio que originó la bancarrota y el empobrecimiento de esa nación.
El FMI, el BCE y la Comisión Europea fijaron un nuevo plazo para decidir si aceptan o no el plan presentado por el primer ministro Alexis Tsipras que contiene, fundamentalmente, aplazar el pago de la deuda, hacer quitas y no aumentar impuestos ni el IVA a la gente que casi no puede comer.
Desde hace cinco años esa nación redujo en un 25% su PIB y debe a los grandes bancos internacionales 360 mil millones de euros imposibles de pagar.
La semana tuvo altibajos pero siguen las conversaciones en Bruselas. Yanis Varoufakis renunció y el nuevo ministro de Finanzas es Euclides Tsakalotos, medida inequívoca de que el gobierno elimina al negociador impertinente que colmó la paciencia de sus interlocutores.
Todo hace suponer que se llegará a un acuerdo (o ya se llegó) que permita al pueblo heleno respirar aunque sea con dificultad. El plebiscito reforzó a las autoridades y puso en evidencia la ya insoportable soberbia y la hegemonía aplastante de los prestadores de dinero.
Durante los últimos días se manejaron varias hipótesis sobre el final de este enfrentamiento que nunca debió darse si hubiese habido sentido común por parte de los acreedores y un mínino de responsabilidad de los antiguos gobiernos (Pasok y Nueva Democracia) que fueron los autores de la precaria situación actual.
Pide Tsipras un nuevo rescate por 35 mil millones de euros a devolver de acuerdo con la evolución de sus finanzas sin que esto afecte más a la gente que de por sí está, en su mayoría, en el umbral de la pobreza.
Las actuales políticas económicas de la Unión Europea ya no sirven. Además de obsoletas, son inhumanas, perversas. Los inversores y las bolsas oscilan según el estado de ánimo de quiénes tienen estrangulada la vida de los griegos.
El camino que propone Bruselas es intransitable y peligroso. Hay que construir uno nuevo por el que transitemos todos. La conciencia está sujeta a la tortura que sufren los trabajadores. Cuidado porque con ella no se juega y el que lo intenta fracasa.
En esas horas se habría tomado una resolución para saber si Grecia se mantiene en la Eurozona o vuelve al dracma. Se habla de que los nuevos billetes temporales serían IOUS (I ow you) que es una de tantas fantasías inventadas al calor de la lucha.
El dinero prestado a los griegos nunca estuvo en manos del pueblo. Se emitía la transferencia en Bruselas, pasaba por los bancos griegos y volvía nuevamente a las instituciones acreedoras. Principalmente a bancos alemanes y al Fondo Monetario Internacional.
Hubo reuniones entre la canciller Ángela Merkel y el presidente François Hollande para llegar a un acuerdo que satisfaga a ambas partes. Tsipras habló por teléfono con ambos y el presidente Barack Obama comunicó a sus homólogos europeos el deseo de Estados Unidos porque Grecia se mantenga dentro del consorcio de naciones del continente.
Han sido múltiples las reuniones en la capital europea. Se movieron, por su lado, Jeroen Dijsselbloem, Jean-Claude Juncker y Donald Tusk, presidente del Consejo Europeo. Después, hablaron entre sí para determinar la mejor forma de unir los cabos sueltos que mantienen a Europa en una crisis que se extiende por toda nuestra geografía.
No olvidemos que las primeras protestas contra los ajustes salvajes, ordenados por la troika y que puso en práctica sin rechistar el presidente Rajoy, nacieron en la multitudinaria manifestación de los Indignados en la Puerta del Sol.
A nadie escapa el convencimiento de que los millones prestados a Grecia no serían devueltos porque la economía está petrificada y tiende a más. Ahora, hay que apechugar con las consecuencias que dieron como resultado la desmedida ambición de los prestamistas. Créditos insólitos y leoninos.
El acoso fue tal que abochornó a la Unión Europea. Se repartió dinero como confeti. Miles de funcionarios públicos lo aceptaron y despilfarraron; se hicieron ricos. Las autoridades no tuvieron ningún control sobre las transacciones y la deuda creció imparable. Conviene más que los griegos sigan pagando, aunque sea menos y a largo plazo, que propiciar su salida de la UE.
Los medios de información, casi todos, aún los que se manejaban como independientes, han torcido bastante su línea. Prensa, televisiones privadas y diarios digitales, con sus mínimas excepciones, presentan un panorama que no existe. En sus primeras páginas los periódicos manejan una posición maniquea. Dicen que Grecia se enfrenta a Europa y que no desea permanecer en la UE. Nada más falso. En centenas de ocasiones, el gobierno de Tsipras ha manifestado que es europeísta por antonomasia y que no hay otra cosa mejor que permanecer integrados al consorcio de los 28 países que forman la comunidad.
Sin el menor prurito profesional acusan a Syriza de formar “un gobierno marxista” y a Europa como ejemplo de democracia. Ignominiosa tesis que adoptan las naciones ricas.
Basta con preguntar si es válido someter a la gente que no tiene para comer y no paga porque no puede. La culpa no es del trabajador, del empleado ni de los autónomos que se ganan la vida con esfuerzo e imaginación. Los responsables son los que ya se llevaron 40 mil millones al extranjero, botín sin patria.
Los países del sur de Europa – Grecia, ahora – sólo piden que disminuya la desigualdad social que continúa creciendo en forma desmedida. Ni siquiera anhelan la igualdad proporcional a sus capacidades sino tener lo suficiente para evitar la depauperación.
Sea cual fuere la conclusión próxima, los griegos seguirán ahogados por las deudas y los créditos que ellos no pidieron.
Aquí el gobierno de Prometeo es uno de los más duros con Syriza. Se ha convertido en la mano que descarga los golpes y obedece órdenes. Utiliza el conflicto para trasladarlo a nuestra nación y advierte que si la oposición, Podemos e Izquierda Unida, llega al poder caeremos en la catástrofe que ahora sufren los helenos.
Otra raya más al inocuo revólver de Mariano Rajoy que humea antes de disparar y, que si lo hace, es contra los españoles.
No estamos para bromas ni para campañas electorales tan miserables. Deseamos que Prometeo regrese a la senda del sentido común del que se ha olvidado en los últimos tres años. Nada más eso, y no es mucho.
