“Alemania da miedo cuando se sabe poderosa”

Paul De Grawe

Político liberal germano

Regino Díaz Redondo

Madrid.- Siete mil millones de euros más, luego, ochenta y tres mil millones para el tercer rescate que, sumados a los 200 mil millones que adeuda Grecia, alcanzarían los 292 mil millones sin contar los intereses. Estas cifras representan el 200% de PIB griego que no podrá pagarse antes de 35 años y sólo si se inicia desde hoy la recuperación económica. Algo que se antoja imposible por los excesivos requerimientos de la troika.

Hay quienes dicen que el problema es político, no financiero. Entonces ¿por qué exigir pagos que no pueden hacerse?

Lo fundamental es aprobar la moratoria y una quita al endeudamiento que, por otra parte, es leonino aunque los pasados gobiernos y la UE hayan tenido la culpa de la grave situación actual. Pasok y Nueva Democracia se burlaron de Bruselas. Sí, pero también de los griegos porque no se examinaron las cuentas públicas y los engañaron o permitieron mentiras para favorecer a los acreedores.

Hay culpas y complicidades de ambas partes. Nadie hizo un trabajo serio ni realista. Unos por derrochar y otros para aumentar su hegemonía. El resultado es que las arcas griegas están vacías y seguirán durante mucho tiempo. Por tanto, el pacto recientemente firmado no es la solución ni siquiera un remedio medianamente plausible.

El FMI, que reúne a los mayores bancos del mundo, tiene que presentar un proyecto viable si queremos que Atenas permanezca en la eurozona sin aumentar la pobreza de la gente ni mantenerla en el baúl de los trastos viejos.

El corralito sigue, no sé cuánto tiempo más, pero su desaparición no aliviará la angustia de los helenos. Los cuentahabientes podrán respirar con pulmones artificiales pero también sacar dinero de los bancos y mandarlo al extranjero, como ya ocurrió.

¿Hay quien duda que muchos capitales abandonarán el país por miedo a que los congelen?. El ser humano no es solidario pero ya lo sabemos, no es noticia. Resolver el asunto es el fin, no complicarlo por intereses agiotistas o por falta de “voluntad política”.

Los socios de la Unión europea han de contribuir a que esa nación salga adelante y recupere su alicaído nivel de vida. Un pueblo sin libertad no trabaja bien ni tiene fuerza para contribuir al proyecto comunitario. Se diluye y perjudica.

Por el camino surgen los halcones. Wolfgang Schäuble, ministro de Finanzas alemán, es un negrito en el arroz. Quiere sacar a Grecia de la eurozona durante cinco años. Para después ver si conviene readmitirla. Esta actitud tiene un nombre: violación de la soberanía por el propietario de un coto privado que sólo rinde cuentas al neoliberalismo. Y a su propia conciencia, si es que la tiene.

La vorágine que nos envuelve tiene ya una repercusión internacional que afecta más a las naciones del sur que podrían contagiarse con resultados difíciles de predecir pero que no serían los requeridos para mantener la paz.

Los hilos de la economía y la política se mueven en múltiples direcciones. Aquí se habla de una Europa a dos velocidades en franca discriminación para el sur. El norte quiere partirnos en dos, tres o más pedazos para disfrutar mejor de la bonanza a la que todos hemos contribuido. Para personajes como Schäuble, Portugal, España, Italia, Irlanda y Chipre, son entidades minusválidas que engendran los males y sólo funcionan supeditados a mentes privilegiadas.

Los miembros del G-8, G-20, o de cualquier G que se le ocurra, son los depositarios únicos del porvenir.

Toca a Grecia ser protagonista del primer paso para destrozar un proyecto que ha sido prostituido por personajes al servicio de las grandes instituciones crediticias.

Los europeos se dan cuenta ahora que la canciller Merkel no es la bruja odiada sino que Wolfgang es el demonio rencoroso y aprovechado.

Si continúan las presiones de los capitalistas dueños del pensamiento y obra, Europa irá debilitándose poco a poco, cada vez con mayor celeridad, y sin posibilidades de mantener su seguridad y el equilibrio financiero.

Vamos en caída libre, sin paracaídas ni red protectora. Desde arriba, la troika se dará cuenta tarde de que somos necesarios y nos añorará porque se queda sin víctimas. A ver cómo se las arregla.

Las recetas salvadoras que firma la Unión Europea son disparatadas, ilógicas, imposibles de ejecutar. Los griegos reciben consuelo de todas partes, pero de palabra. Palmaditas en los hombros de Tsipras y sonrisas forzadas de Juncker y Dijsselbloem. Nada más.

En la plaza de Sintagma las protestas toman un nuevo cariz. Hay violencia, producto de la irritación de la gente. Crece la desesperación y desaparece la esperanza.

Para los acreedores lo ocurrido es un negocio redondo. Pero no les durará mucho la alegría. Millones de personas hacen cola en Atenas para sacar 60 euros al día y los jubilados ven cómo se congelan o rebajan sus pensiones. Una demostración más del acuerdo democrático que enorgullece al FMI con el respaldo, siempre bondadoso y caritativo, de la UE.

El presidente Obama habló hace poco con Christine Lagarde (FMI) para recomendarle que fuese más flexible en el trato con los griegos. De inmediato, la señora cambió su programa y es ahora partidaria de estudiar una revisión de la deuda pública griega para alargar plazos y hacer quitas.  Pero no dice cuándo ni cómo.

¿Qué ocurre mientras tanto?

Cuarenta y cinco diputados de Syriza rompieron sus actas en pleno Congreso; varios miembros del ministerio de finanzas renunciaron. La gresca está armada y tiende a aumentar. No llega todavía a los oídos de los que exprimen la economía pero más vale que escuchen pronto porque sino el problema no tendrá solución alguna.

Existe la posibilidad real de que Tsipras cite a elecciones generales. ¿Se resolverá algo?. La salida de Syriza del gobierno está envuelta en disturbios y descontrol. Llegue quien llegue, hay el peligro de que Amanecer Dorado meta la mano.

Abren los bancos, se controlan operaciones bursátiles; habrá vigilancia para que no salgan capitales, el comercio reanudará sus actividades pero, en estricto sentido común, el corralito sigue. Y el gobierno reestructura sus ministerios y se mantiene en un suspiro.

Acaba de iniciarse la fiesta de Morticia con un banquete a los monigotes que intentan decapitar al partido “anti-sistema, extremista, peligroso para los europeos”, como no se cansan de afirmar los jefes de los gobiernos domesticados.