BELLAS ARTES

 

El amor es extraño, de Ira Sachs

 

 

Mario Saavedra

Cada quien su vida: El amor es extraño, película de Ira Sachs

Hasta ahora pude ver la amable y desinhibida cinta El amor es extraño (Love is strange, Estados Unidos, 2014), dirigida y coescrita por el declarado luchador en pro de las causas de las minorías Ira Sachs, ahora tras la historia accidentada de una pareja gay que después de 39 años de vivir juntos decide casarse, con todo lo que ello implique de xenofobia y discriminación por parte de una sociedad norteamericana prejuiciosa y de doble moral. Si bien esta historia se desarrolla paradójicamente en Nueva York, es de todos sabido que la sociedad estadounidense se identifica por sus enormes contrastes, con diferencias abismales entre ciudades cosmopolitas de una gran apertura y otras del interior que se caracterizan por su asfixiante conservadurismo.

Hermosa fábula

Película de una gran honestidad, El amor es extraño pone énfasis en la fuerza de un sentimiento más allá de etiquetas y modelos sociales y morales preestablecidos, de clichés y lugares comunes que generalmente sólo se quedan en la superficie de las cosas y no ahondan en ellas, las más de las veces por el qué dirán y proporcionar alimento al común denominador de una sociedad proclive más bien a irse con las apariencias.

Pareja atípica, que por donde se le vea rompe con el molde de ese “ideal” impuesto por la tradición judeo-cristiana, está compuesta por el pintor retirado Ben y el un poco más joven instructor de música George (maestro en un colegio católico, es indignamente expulsado cuando saben que se ha casado con su pareja de toda la vida), interpretados magistralmente, en un auténtico mano a mano elocuente y conmovedor, por los dos extraordinarios actores John Lithgow y Alfred Molina. Dentro de un amplio reparto escogido igualmente con mesura, en función de la trama y el tono de la historia, del perfil de los personajes, en ese nivel están, secundándolos, intérpretes experimentados como Marisa Tomei, Darren Burrows, Cheyenne Jackson y el propio joven Charlie Tahan que tampoco es ningún novato.

Ira Sachs construye una hermosa fábula sobre el amor y las relaciones personales, conforme su cámara se adentra en la privacidad que moldea las virtudes y demonios de un puñado de personajes obligados a convivir fuera de su área de confort, como causa y a la vez efecto de una sociedad también proclive a las costumbres, a acciones y sobre todo ideas repetidas, porque cuanto rompe con ello la saca de quicio. El guión, escrito con oficio y punzantes diálogos de humor negro que ponen el dedo en la llaga, centra su atención en cómo la presencia de estos dos hombres obligados por las circunstancias a separarse, y quienes en principio son admirados y hasta queridos por la gente que les brinda asilo y se solidariza con ellos, altera la dinámica de sus anfitriones no exentos tampoco de prejuicios y sobre todo de cobardía, de egoísmo, mientras la lejanía exacerba el sentimiento de dos personajes también orillados por las circunstancias a sincerarse y saldar así sus culpas.

Elegante puesta en escena

Para ahondar en ello, el cineasta esquiva el conflicto forzado y los subrayados emocionales, consiguiendo una cinta de autor reposada, elegante, delicada y serena, quizá un tanto difusa en su cierre final, pero que bien se justifica y puede responder a que precisamente no le interesaba proporcionar conclusiones definitivas y en cambio sí dejar abierta la posibilidad a cada espectador para sacar las suyas propias. Así, los miedos y las dudas de los personajes en vilo, y también el sentimiento maduro y relajado que se profesan, se reconocen en los actos cotidianos y en los sutiles apuntes sobre la historia pasada de cada uno de ellos, sin que se sacrifique o dignifique a ninguno. Exquisita en su construcciones literaria y formal, con un cadencioso ritmo que le da el propio curso de la vida con todo y sus altibajos, que bien subraya la música empleada, El amor es extraño se dirige tanto al juicio como al corazón, en derredor de la estabilidad emocional como un mito, de las diferencias generacionales y de cómo las relaciones no son menos frágiles por ser adultas.

Una elegante puesta en escena que sobre todo cuida con rigor el no caer en estereotipos o clichés manidos, en excesos, porque más bien se preocupa por subrayar desde la propia fuente literaria (en colaboración con el brasileño Mauricio Zacharias, autor del extraordinario guión de Madame Satâ, de Karim Aïnouz) el carácter humano de los personajes implicados, sus virtudes y defectos más allá de cualquier tendencia maniquea, El amor es extraño también cuenta, entre otros varios atributos, con una impecable fotografía de interiores y exteriores de Christos Voudouris. Otros rubros, como la ambientación y un no menos ad hoc soundtrack en el que prevalece la música del polaco Frédéric Chopin, enriquecen esta cinta sin mayores pretensiones que compartirnos el clima de opresión y las vicisitudes de una pareja atípica que después de treinta años de convivencia se arriesgan a asumir un derecho que apenas desde el 2011 alcanzó su sustento legal en Nueva York, después de que se lograra en el Distrito Federal, aunque en ambos casos con la resistencia de un amplio sector retrógrado más bien casado con las apariencias y acostumbrado a ver antes la paja en el ojo ajeno que la viga en el propio.