“El fascismo consiste sobre todo en no limitarse
a hacer política y pretender hacer historia”
Rafael Sánchez Ferlosio. Campo de Retamas
Regino Díaz Redondo
Madrid.- Podemos se equivoca y no es el momento de analizar si ideológicamente tiene o no razón. Fuera remilgos y recelos, de lo contrario el PP volverá a gobernar con el apoyo de Ciudadanos.
Pablo Iglesias debe olvidarse de Gramsci y dejarlo para mejor ocasión, cuando haya suficiente tiempo y mayor holgura democrática. La discusión sobre ir a las elecciones con varias siglas o con una sola, es lo importante.
El asunto se las trae. Izquierda Unida, Ahora en Común y otras fuerzas políticas como las Mareas Atlánticas y las por venir, han solicitado en repetidas ocasiones formar un frente común para que el cambio sea para bien y Prometeo deje el poder porque de lo contrario este país se verá muy cercano a Grecia.
De nada sirven hasta hoy los intentos de Alberto Garzón, candidato de IU a la Moncloa, y otras organizaciones, para conseguir la unidad popular que precisa el país y llegar a fin de año con una mayoría holgada.
Las elecciones para la presidencia del gobierno se presentan viables para la transformación de la sociedad española siempre y cuando impere el sentido común y no venzan la irresponsabilidad política, las impertinencias y la insensibilidad de los grupos llamados progresistas.
Por fortuna, las posiciones se acercan y ya no se habla de “chantaje”, como se atrevió a decir el señor de la coleta. Una coleta que lo puede llevar a la Moncloa aunque su presencia física no sea precisamente la adecuada. O, por lo menos, a representar a los españoles dentro del Congreso como baluarte de una fuerte oposición al gobierno que podría liderar Pedro Sánchez.
Lo anterior es el panorama más viable si los acontecimientos que se suceden día a día no revolucionan el modo de vida nacional y nos llevan a situaciones extremas que no conducen más que a la desobediencia civil o violenta.
Y nadie quiere eso. Lo que la mayoría desea es que don Mariano abandone dignamente el lugar que ocupa y se vaya a descansar a Santiago de Compostela o a Pontevedra donde sería bien recibido como Registrador de la Propiedad. Si es que lo desea, porque bien podría estar jubilado y con un estupendo sueldo de 450 euros al mes.
Lo que nos jugamos a finales de este año es mucho más trascendente que todo lo acontecido hasta ahora después de la Transición. Basta de bromas y de titubeos. Se impone la seriedad, el buen juicio, el saber hacer, la necesidad de que España vuelva a tener un peso específico dentro de la UE que ha perdido, evidentemente, en los últimos tres y medio años de gobierno.
La última humillación sufrida fue el descarte de Luis de Guindos como posible presidente del Eurogrupo. Jeroen Dijsselbloem fue ratificado en el puesto y, en su comparecencia, volvió a burlarse de las esperanzas que Prometeo puso en el ministro de Economía.
En estos momentos, España que es la cuarta potencia europea, sólo tiene la secretaría de Medio Ambiente dentro de la UE. Preciosa recompensa a un político como Rajoy que se supeditó y cumplió con todas las exigencias de la troika sin que haya sido reconocido por ello.
Por el contrario, el buen alumno, el obediente, el que bajó la cabeza e hincó las rodillas, se queda solo con el resto de los habitantes que ya estamos hartos de tanta entrega y de tan poca recompensa.
Hay que recobrar la dignidad y el tan cacareado orgullo del que nos vanagloriamos a veces con un exceso de soberbia y otras con coraje y enfado.
Somos parte de un pueblo que siempre ha estado en la cúspide para inmediatamente después bajar a las bodegas donde reman los esclavos del barco que cruzó el Atlántico.
El ejemplo de lo que sucede en territorio griego es una muestra más de que la transigencia no conduce a buen término. Si continuamos como hasta ahora seguiremos siendo el referente de lo que no debe hacerse dentro del consorcio comunitario.
Sin embargo, hasta las llamadas fuerzas de izquierda parecen no haberse dado cuenta de ello. El casi enfrentamiento entre sus líderes nos lleva a una dispersión del voto que tanta falta hace depositar en las urnas en noviembre.
Hay que atacar al adversario en su centro, en su centro-centro. En el centro de la nada, como está Rajoy. De un “algo” ininteligible que sólo sirvió para que los que lucraron durante tanto tiempo sigan en la calle y a punto de quedar libres de todo cargo.
Un acontecimiento paradigmático es el de Rodrigo Rato a quien el juez Antonio Serrano-Artal acaba de exonerar de toda culpa menos de aquélla que se denomina responsabilidad fiscal. De las denuncias que hicieron partidos políticos y organizaciones civiles contra él, nada queda.
En una insólita pronunciación, Serrano-Artal manifestó hace poco que “sólo” podrá juzgarse al ex director del FMI por los ilícitos contra Hacienda. Se olvida el magistrado que Rato emitió y aceptó tarjetas black, llevó a Bankia a la bancarrota y tuvo que ser rescatada con 35 mil millones de euros. Dejó en la calle a 300 mil dueños de acciones preferentes vendidas como oro a sabiendas de que eran chatarra.
De estos pecados don Rodrigo sólo tendrá que rezar unos cuantos padres nuestros. Darse algunos golpes de pecho para después seguir su camino por las montañas suizas y las islas vírgenes.
Pero volvamos al ambiente político que se enrarece. En él están los que, por miedo, votarán al PP para seguir en el umbral de la pobreza, no sea que nos vaya peor. También quiénes han disfrutado de impunidad, pese a que se llevaron a los bolsillos millones de euros.
Los indecisos son muchos aún. Titubean como si se tratase de subir o no en la noria de la verbena. ¡Qué gusto estar arriba pero que miedo si nos quedamos allí por horas o una de las barcas se sale de madre!
Siembra vientos y recogerás tempestades. O, cállate y a ver qué pasa. Así somos los españoles. Bocazas cuando nos conviene y mudos en el momento en que tenemos que afrontar realidades y ser responsables de nuestro porvenir.
Hemos defendido a la patria cuando nos va bien. En cuanto se presenta un problema silbamos, nos encasquetamos la gorra y caminamos por el Retiro para tomarnos un chocolate con churros.
Si no aprovechamos el momento que se nos presenta, que fijará una fecha a recordar en la historia de Europa, habremos caído, otra vez, en el fango, en la inoperancia de nuestras instituciones, en el importamadrismo, en la indecencia. Actitudes anti-natura que nos identifican y de las que parece que no escarmentamos.
No hay tiempo ya para la quietud inmoral. Es preciso determinar nuestros pros y contras, dar paso a una posición visible y respetable. Ser los protagonistas de nuestro propio destino y no dejarlo en manos de quienes nos han manejado desde hace mucho tiempo. La gente tiene en sus manos la llave para cambiar el futuro. De no hacerlo, será por falta de valentía o ignorancia. Ambos son factores negativos que sólo nos lleva a continuar siendo siervos de los demás.
Quienes recibieron a Podemos con alegría ahora lo ven con recelo. La culpa es de Iglesias, Juan Carlos Monedero, Íñigo Errejón, Pablo Echenique, Teresa Rodriguez, José María González y otros.
Estos se han convertido en defensores de unas siglas cuya paternidad es de César Chávez, el mexicano-estadounidense, líder obrero, que luchó por los derechos de los migrantes.
