Luis Mesa Delmonte*
En los últimos tiempos, se ha incrementado el debate respecto a la necesidad de introducir reformas profundas a la estructura militar israelí. Al respecto, las 53 recomendaciones contempladas en el llamado “Informe Locker” dadas a conocer el pasado mes de julio, abren nuevos espacios para la discusión y el surgimiento de tensiones sobre muchos de estos temas.
La Comisión Locker, -que ha estado encabezada por el general de división retirado Yohanan Locker, ex secretario de temas militares del primer ministro Benjamín Netanyahu- recomienda a las Fuerzas de Defensa de Israel (IDF): desmovilizar a unos 2 mil soldados activos (dando continuidad a un proceso más amplio iniciado hace dos años); disminuir el tiempo del servicio militar obligatorio a dos años para los hombres a partir del 2020 (ya se redujo previamente de tres a los actuales 2 años y 8 meses); establecer un presupuesto de defensa fijo para varios años; recortar la gran carga de gastos que implican las muy elevadas pensiones; y posibilitar la transparencia en el manejo de los presupuestos militares, entre otros muchos aspectos.
La propuesta sugiere que la asignación militar para los próximos cinco años debe ser de 59 mil millones de shekels, es decir, unos 15 mil 500 millones de dólares cada año, y algo menor a los 62 mil millones de shekels que solicitaba el ejército. A esta cifra, que es un indicador claro de la enorme cantidad de recursos que consume el ejército israelí, habría que añadirle una buena parte de los 3 mil 100 millones de dólares que recibe el país cada año por concepto de “ayuda” estadounidense, así como otros ingresos provenientes de ventas militares que podrán destinarse a mayores gastos de las IDF.
También se propuso que algunas producciones militares, como la del importante tanque Merkava, la modernización de vehículos blindados, y labores de mantenimiento de alta tecnología, pasaran a ser contratadas con compañías del sector privado, en vez de seguir siendo responsabilidad directa de las IDF.
Considerado como uno de los reportes más críticos que se haya dado a conocer sobre las IDF, el informe ataca la falta de transparencia, los gastos excesivos, y el desempeño del ministro de Defensa por no realizar una verdadera labor de monitoreo de la institución. Como era de esperar, el ministro de Defensa Moshe Yaalon mostró inmediatamente su oposición y disconformidad y declaró que el informe era superficial, extremadamente desequilibrado, completamente desconectado de la realidad interna del país y su entorno regional, y que en caso de llevarse a la práctica pondría en peligro a la seguridad del Estado de Israel.
El informe se ha dado a conocer en medio de una revitalización de las fuerzas armadas que desde hace más de un año es dirigida por el Jefe del Estado Mayor y militar de larga experiencia, el teniente general Gadi Eisenkot. Tal fortalecimiento ha insistido en perfeccionar las labores de ataque aéreo, coordinar operaciones entre las distintas ramas del ejército, ensayar estrategias de protección para la población civil, y desmovilizar a unos 100 mil reservistas del ejército para solo contar realmente con aquellos que puedan mostrar adecuadas capacidades para el entrenamiento y el combate.
A pesar del estruendoso discurso del primer ministro Netanyahu respecto a la “amenaza nuclear iraní”, muchos pensadores ligados al sector de la seguridad perciben que realmente no existe ninguna amenaza de carácter no convencional que conspire contra la existencia y seguridad nacional de Israel. Mientras que Irán aparece hoy mucho más limitado a partir del acuerdo nuclear alcanzado con las potencias negociadoras, Siria desactivó su arsenal químico. Igualmente la posibilidad de recibir un ataque convencional por parte de algún ejército de la zona es casi nula, por lo que las tradicionales estructuras militares y estrategias de combate deben ser reajustadas para esta nueva coyuntura regional.
Las IDF tienen el reto de incrementar la efectividad de su poderío y disminuir varias de las ineficiencias que se han hecho evidentes en sus conflictos con Hamas y Hezbollah. Además de las incertidumbres respecto a estos dos grupos, los militares israelíes añaden ahora otra preocupación: el Estado Islámico y sus potenciales de avance en medio de la crisis siria. Aunque las fuentes de inteligencia israelíes opinan que los indicios recibidos apuntan a que estos grupos no desean un enfrentamiento militar directo con Israel, las dinámicas del estancado conflicto árabe-israelí y varios de los nuevos factores en la zona, pueden generar situaciones de alta tensión en cualquier momento y romper los pronósticos más optimistas.
Varias de las propuestas del informe Locker, pueden entorpecer algunos proyectos de la vida militar. Pero la decisión de la Comisión de adjudicar enormes recursos financieros para las IDF, seguramente continuará propiciando las estrategias básicas encaminadas a incrementar las capacidades operativas, y fortalecer los mensajes disuasivos sobre estados vecinos y grupos en la zona. Los roces sobre cifras presupuestales no son trágicos, pero en aras de ir contando con más recursos, el propio informe contempla que podría solicitarse mayor ayuda militar a los Estados Unidos.
Independientemente de cuál será el grado de avance que puedan mostrar o no varias de estas propuestas, y los temas de carácter interno y regional que incidan en ello, el plan para la reestructuración militar israelí se inserta dentro de la gran tendencia que se viene dando en muchos países respecto a la llamada “reforma del sector de la seguridad”, con sus ingredientes de mayor transparencia, debate democrático y traspaso al control civil. Este es un tema que se pretendía abordar en varios países del Medio Oriente a partir de las protestas populares del 2011, pero ha quedado pospuesto. En el caso de Israel, podrá darse una conjugación de avances con estancamientos paralelos debido al peso central que tienen los temas militares y de seguridad.
*Catedrático COLMEX.

