“Las municipales no las ha perdido Rajoy, desprovisto de ideas, sino Aznar y su FAES”.

Xavier Bru de Sala

El Periódico

Regino Díaz Redondo

Madrid.- El partido está hecho pedazos. Sucesor de UCD (Unión de Centro Democrático) el PP sufre un mal degenerativo. Nació fuerte para abanderar a una derecha respetable. Fue su estandarte hasta que llegó Rajoy. Luego empezaron a brotar los corruptos como hongos silvestres.

Desde 1990 se inicia el asalto y la prevaricación. Felipe González iba de salida poco después y no se dio cuenta o tuvo otros asuntos que resolver. Mientras tanto, se afianzaban los perversos acuerdos entre políticos y empresarios amorales.

Los emprendedores siguieron trabajando con honestidad pero vieron como otros se enriquecían en poco tiempo y sin escrúpulos. Las compañías nacionales se fueron al extranjero para huir de la vigilancia y no pagar impuestos o apenas un pequeño porcentaje.

Aquí, los economistas que trabajan en grandes bancos y multinacionales, fueron ministros. Estos, salieron de la política para lucrar a mansalva. Las puertas giratorias. Entró José Maria Aznar al gobierno y creyeron llegado el momento de apoderarse del poder y del dinero.

El hombre de las Azores no se dio por enterado o no lo supo. Permitió manga ancha, los abrazó y consideró suyos. Quizá nunca pensó que fuera tan grande su ambición.

El entonces presidente no pudo evitar el latrocinio. Decidió tapar la basura en vez de deshacerse de ella. Esta actitud, aunque fuera pasiva, es ya reprobable. Las investigaciones siguieron y su gente fue denunciada e imputada por robo y tráfico de influencias.

Han sido muchos militantes del PP y del PSOE, también dirigentes sindicales, los depredadores de Hacienda y de todos los españoles.

De la cúpula del gobierno popular la gente pasaba a organismos financieros internacionales o se quedaba en el gobierno como Luis Bárcenas para ganar millones y depositarlos afuera. En bancos y en empresas fantasmas que nunca existieron.

El gobierno de Zapatero fue condescendiente. Quizá no fue copartícipe pero se hizo de la vista gorda. Además, llegó la crisis mundial, la del ladrillo en España, la del abuso y el crédito a espuertas.

El presidente socialista entre 2004 y 2011 aprobó leyes importantes como la Memoria Histórica, el matrimonio homosexual y el aborto libre. Este gobierno las echó abajo, liquidó y las puso en un rincón de la historia. Viven debajo de las alfombras y sus panegiristas no las reclaman.

Los cochupos prevalecen en los anexos moncloístas y otros consistorios municipales. La red de personajes sicalípticos crece y goza de impunidad. Los juicios contra los grandes corruptos no se resuelven. Algunos llevan ya 5 o 6 años y no se sabe cuándo concluirán. Es posible, cada vez más, que los grandes ladrones se vayan de rositas.

Esta situación permanece aunque haya jueces responsables e imparciales. Pero todavía no son suficientes. Infinidad de subordinados continúan al servicio del Estado en connivencia con las autoridades.

La médula del PP hace aguas. Se diluye en un charco de podredumbre. La derecha busca soluciones de última hora. Pero allí siguen Rafael Hernando y Carlos Floriano.

El partido que preside Mariano Rajoy debe refundarse porque si no se refundirá. Doblemente fundido, hecho líquido. Sin el menor intento de autocrítica puede ser absorbido por Ciudadanos.

Pero dentro de esa institución comienzan las protestas de barones y de personajes serios de la derecha, gente seria.

Lo que no puede permitirse es el totalitarismo y que un partido que se dice demócrata se incline hacia el fascismo. De nada le sirve la experiencia pasada. No aprende.

Entre los dirigentes patronales hay inteligencia pero muchos están al servicio de intereses poco claros. Tenemos presidentes de negocios que usan el vocabulario de la dictadura. No sólo eso sino que también actúan como si el gobierno estuviese en manos del caudillo.

En ninguna otra parte hay individuos como nuestros españoles catacúmbicos. Es una especie que sólo se da en España. Nace y se desarrolla desde principios del siglo pasado. Aunque también antes fue la señal de identidad de la mayoría de los monarcas que forjaron la historia de la nación.

Ahora es el momento de desterrar los vicios de siempre. Que la gente siga en la derecha, en la defensa del libre comercio y hasta de poderosos, que compran y venden conciencias. Democracia para todos.

Pero que, cuando menos, modifique su estafeta estrafalaria por un liberalismo competitivo. De lo contrario, revivirán con más fuerza los castigos y golpes sociales.

El neoliberalismo tiene fecha de caducidad y sucumbirá este fin de año. Sus partidarios obtendrán votos y quizá sean una fuerza política importante. Pero no podrán pactar con nadie y perderán el gobierno. Que lo pierdan y que entiendan que su ideología sólo podrá seguir vigente si el chip tiene componentes democráticos, algo dudoso de creer.

Los populares no son tontos y saben que la libertad de expresión les ha permitido gobernar y manejarse a sus anchas. Y que sólo ésta podrá mantenerlos semivivos en la oposición. Hasta que logren o intenten alcanzar el poder nuevamente, si dejan de ser arrogantes.

Por el momento, están acabados, pero que no mueran.

Quizá sea mejor para todos.