En los 50 encierros que hubo en España han muerto 11 personas entre los cuernos de los toros.

El Periódico de Cataluña

Regino Díaz Redondo

Madrid.- El gobierno inmovilista de Rajoy se apoya en Obama, Merkel, Cameron y el Consejo Europeo para fortalecer su intransigencia y atacar al independentismo catalán. Mas, el ideólogo eufemístico y Oriol Junqueras, “desprecio a España y a los españoles”, engañan a sabiendas y toma las elecciones regionales de esa Comunidad como un plebiscito sobre la instauración de un país catalán, “ajeno a Madrid que nos roba”.

Ambos buscan una gloria vanidosa y personal mientras el ambiente se enrarece y la preferencia de los votantes se divide. Artur inflama el entusiasmo con una dialéctica infantil y se auto-considera el pionero de una aspiración “que se forjó hace mucho tiempo” pero que no había encontrado al hombre ideal para encabezarla.

Los comicios se realizan hoy, 27 de septiembre, y Convergencia Democrática junto con la CUP, radical, podrían obtener una mayoría suficiente para iniciar el proceso independentista que culminaría en año y medio con una declaración unilateral de los secesionistas.

Ahora, el president habrá declarado, porque sí, que se inicia el camino hacia el establecimiento de un país nuevo que, lo sabe él, saldría de la Unión Europea y de la moneda única.

Existe una remota opción que se enfrenta a Junts Per el Sí. Podemos, socialistas, Ciudadanos e Izquierda Unida pueden recibir el suficiente número de papeletas y unidos podrían mandar al traste con el “martirologio” de los dos abanderados de una utopía que traerá, sin duda, enfrentamientos cada vez más rudos y posiblemente la violencia.

La Generalitat tiene una deuda de 100 mil millones de euros, no se da abasto para atender la sanidad y la educación, tiene embargados siete inmuebles incluyendo el Palau y peligran, de lograr su propósito, las pensiones de los jubilados y las compensaciones que se otorgan por ley a los parados.

Mariano, Artur y Oriol deben tomar su moto-tándem hacia la realidad. Para aquéllos, el país de Lilliput y para éstos, contundencia legal sin admitir negociación.

Todo se andará, dice mi vecino de Madrid al comentar con tristeza nuestra condición cainita.

En la Moncloa, el jefe del Ejecutivo da maromas, volteretas. Me desdigo, pues sí, es de sabios hacerlo. Mi decisión es absolutamente irrefrenable, piensa el santiagués mientras continúa dando bandazos para hoy desmentir lo que ayer dijo.

La última semana ha sido pródiga en declaraciones y los poderes fácticos del Estado y del dinero definieron posiciones radicales que prevén el aumento de la discordia para desembocar en actos imprevisibles pero desgraciadamente lesivos para la sociedad.

Por si fuera poco, los grandes bancos: Santander, BBVA, Caixa Cataluña, Sabadell y Popular, agrupados, sentenciaron: si se insiste en el independentismo, nos vamos de Cataluña. Ni más ni menos.

Permanecieron discretamente apartados pero, al ver afectados sus intereses o la posibilidad de serlo, el dinero no tiene patria y nada que ver con la democracia a la que tanto aluden sin respetarla.

Lástima que su fortaleza no se aproveche a favor de un sentimiento razonado que exprese el deseo dialogante de no romper España. Como es habitual en todo el mundo, estos organismos se muestran a favor de quienes les garanticen la seguridad económica.

Por su parte, la CECA (Confederación Española de Cajas Autonómicas) también se inclina por retirar su presencia de Barcelona. Allí donde una alcaldesa con brío y decisión, Ada Colau, lucha contra los muros de oro levantados desde tiempo inmemorial por las grandes fortunas. Las mayorías de la cuáles construyeron su imperio apoyadas en la depredación del estatus de las clases medias.

De aquí en adelante la guerra dialéctica puede arrojar alteraciones del orden público. Todas rechazables, vengan de donde vengan. No hubo ni hay suficiente honradez intelectual ni se han utilizado las armas del convencimiento sino sólo las de la agresión verbal y a veces física.

El Banco de España también participa en el debate y manifiesta que peligran los ahorros de los catalanes porque tendrán que inventarse una moneda para comenzar sus operaciones financieras. El Banco Central dice lo mismo y advierte que es imposible una nación catalana separada de España porque de ocurrir se cerrarían todos los contactos con la Unión Europea.

Las componendas y desaires, la política insufrible del gobierno español y las marrullerías de Artur Mas y Raúl Romeva, que encabezan la lista por la secesión, prenden la mecha de una cadena de fuego que puede quemar a todos si se siguen polarizando las posturas de los malos actores de esta obra inédita hasta hace poco.

El último sopapo lo acaba de dar Felipe VI que estuvo en Estados Unidos y arrancó al presidente Obama una escueta declaración institucional: “queremos una España fuerte y unida” que manejaron los medios de comunicación como un rechazo categórico al separatismo. Otro error, un manipuleo más de Mariano Rajoy que se cuelga de los clavos que tiene a mano sin darse cuenta que le pueden quitar la escalera y darse un porrazo monumental.

Defensores y detractores de la independencia catalana han hecho trampas a costa de la ilusión de los ciudadanos de esa región y del resto de los españoles.

Quienes no deseamos que Cataluña salga de España porque es parte de nuestra identidad nacional, pedimos una negociación madura por ambas partes. La cerrazón de don Mariano y su insensato ego traerán consecuencias de una magnitud que todavía no puede valorarse.

Hay que remitirse a las encuestas realizadas por los medios y los partidos políticos. De esta manera las cosas están así:

Junts por el Sí, tendría 60 curules, Ciutadans, 18-20, Catalunya Sí que es Pot, que une a los nuevos partidos de izquierda, 12-14, PSC (socialistas), 11-13, PPC (neoliberales), 10-11; CUP (extremistas), 7-9 y Unió 0-2.

En los pronósticos hay que tomar en cuenta que el 25% de los posibles votantes no respondieron o no saben aún por quién hacerlo. Éstos, la población silenciosa, podrían inclinar la balanza hacia una coalición contra Mas y sus veleidades.

Vista la situación este país, España, se convierte a los ojos de los analistas de todo el mundo como el primer territorio europeo del cambio. Estamos destartalados pero tenemos una meta común: terminar o reducir al menos las desigualdades tan enormes que ahora nos asfixian.

Resulta impresentable que los jugadores que participan en la trama tengan las manos sucias y la mente corrupta o anquilosada.

Para avanzar hay que reformar la Constitución y llegar al federalismo, un sistema de gobierno con el que nuestros padres soñaron hace ya 80 años y al que no se pudo llegar por el nazi-fascismo-franquista.