“El hombre moderno es decidido, sano, activo,
sereno y austero, un tipo admirable; se portará a las mil maravillas en la próxima guerra”.
Hermann Hesse – El Lobo Estepario.
Regino Díaz Redondo
Madrid.- Contra el Estado de Derecho y la fractura de España hay que olvidar las diferencias ideológicas y actuar conforme a la ley para evitar que menos de la mitad de los catalanes violen los preceptos constitucionales y se declaren a favor de iniciar el proceso de independencia que sólo puede ser autorizado por el Congreso de los Diputados.
Los partidos del Junts Pel Sí y CUP, con sólo 42% de los votos a favor y la mayoría de curules en el Parlament, anunciaron que se la juega por la “República Catalana”, según lo afirmó Carme Forcadell presidenta de la Asamblea a en esa región española.
En el mismo acto, los secesionistas, que son muchos pero no suficientes, dijeron que desde cuando entre en vigor su declaración de soberanía desobedecerán las órdenes del gobierno central y del Tribunal Superior de Justicia de la nación.
Nadie puede evitar que la gente decida sobre su porvenir y cómo hacerlo. Pero en este caso se han manchado los preceptos legales y morales. En dos cuartillas, escritas con maña, emiten un comunicado unilateral en el que se desligan de las normas que ellos mismos aprobaron y piden, directamente, la “desobediencia civil” y sólo acatarán las órdenes emanadas del Parlament.
Forcadell, en una de sus intervenciones ante la prensa, dijo que “no podemos seguir siendo esclavos de España”.
En respuesta inmediata y acertada, el presidente del gobierno Mariano Rajoy leyó un comunicado institucional en que expone con claridad que lo acordado por ambas formaciones es “una provocación” y, contundente, señala que “utilizaré todos los mecanismos políticos y jurídicos” para que la resolución no surta efecto, “no van a conseguir sus propósitos”.
El jefe del Ejecutivo estuvo en su lugar bien y pronto. En esto tiene el apoyo de la gente. Si acaso, afirmar que “mientras yo siga en el cargo España será un país unido” sea una frase un tanto electoralista. Pero no importa, por lo menos respondió con celeridad y rapidez aunque ello, lo sabe bien, le proporcione votos en los comicios de diciembre.
Habló con Pedro Sánchez (PSOE) y Albert Rivera (Ciudadanos), antes de presentarse a los medios de comunicación.
Rajoy, como es su costumbre, no mencionó a Podemos ni a Pablo Iglesias, al que ha ninguneado desde el principio. Actúa como si esta fuerza política no existiese y no mereciera, también, participar para fortalecer la cohesión española.
La última instancia para el gobierno central es aplicar el artículo 155 de la Constitución y retirar la autonomía a esa autoridad. Pero ello implica vencer muchos problemas jurídicos y sociológicos.
Sin embargo, no será él quien recurra a estas últimas medidas porque, desde la oposición, se limitará a participar en los debates. Estos deben comenzar ya. Sánchez, Rivera e Iglesias tienen que hablar del asunto y encontrar soluciones desde hoy. Ellos formarán el nuevo gobierno o, por lo menos, estarán en la Cámara con la mayoría de los votos, de la próxima legislatura.
Por tanto, las conversaciones entre los tres son imprescindibles y deben sentar las bases para evitar la ruptura con Cataluña mediante el convencimiento de los catalanes que se sienten olvidados y después de una auscultación entre todas las instituciones del Estado. Fundamentalmente con el asesoramiento del Tribunal Superior y de los que participaron para elaborar la Constitución de 1978.
Artur Mas implora, las manos sobre el pecho, para que lo nombren president de la Generalitat. No hay que olvidar que también es el máximo responsable y líder de Convergencia Democrátic, partido al que se investiga por haber recibido dinero negro (el 3%) de las obras que se autorizaron durante el reinado de Jordi Pujol.
Este es ahora uno de los presuntos delincuentes que ocultó dinero en Andorra y todos sus hijos están acusados de realizar operaciones fraudulentas en nombre de su padre, el ex molt honorable, y, sobre todo, como intermediarios entre el gobierno regional y las empresas que querían hacer obras públicas.
En las denuncias se afirma que Jordi Pujol Ferrusola manejó cientos de millones de euros en paraísos fiscales y recibido dádivas de las compañías a las que el gobierno que encabezaba su padre otorgó concesiones de construcciones públicas.
El actual presidente en funciones, Artur, fue funcionario de esas administraciones durante muchos años pero afirma, cínicamente, que no se enteró de nada pese a que tuvo a su cargo las finanzas de CIU.
En los últimos días, se registraron los domicilios del jefe del clan Pujol i Soley y de todos sus vástagos. Mas insiste en que no supo nada y, en último caso, engaña y se burla cuando dice que no es un asunto oficial sino un problema privado del clan Pujol.
Este es el sujeto que junto a Oriol Junqueras (ERC) y Räul Romeva, quiere encabezar un gobierno que inicia el proceso de independencia rompiendo todas las reglas del juego democrático de la nación española.
El Estado catalán independiente es, hasta ahora, sólo un deseo expresado y escrito oficialmente pero no debe de olvidarse su importancia. Los acuerdos de los separatistas agudizan las incertidumbres en nuestro país y aumentan la intranquilidad social. Mas y compañía no sólo mancillan la ley sino que son protagonistas de una situación que únicamente se explica por el mesianismo y martirologio en que quiere situarse.
La acelerada de los secesionistas es comprensible pero injusta. Creen que es el momento y el tiempo acertados. Pero estamos sumergidos en una lucha contra la precariedad y tenemos enfrente unos comicios que definirán el futuro de España.
No es adecuada la actitud de Junts Pel Sí porque CDC, que lidera Mas, está sujeta a la sospecha de haber recibido dinero negro, sin declarar al fisco, para ir a los bolsillos de la famiglia con el silencio cómplice del actual presidente en funciones.
Ciudadanos obtuvo 25 curules y es quien encabeza una oposición a rajatabla para evitar el desmantelamiento de los nexos territoriales en el lugar donde ahora se inicia una transformación democrática no sólo de España si no de la Unión Europea.
No tienen derecho y carecen de legitimidad quienes se aprovechan de tan difícil momento para destruir a un país al que siempre pertenecieron y defendieron durante siglos.
Los soberanistas viven en el Parnaso egocéntrico y tienen cara de mártires. Llegan a un lugar y hay quien les quiere besar la mano (lo vi). Ellos, paternalmente, condescienden, retiran a los que hincan la rodilla y siguen con la mirada puesta en los cielos de su utopía.
El desafío debe enfrentarse con fuerza y sentido común. Los que aspiran a gobernar tienen la responsabilidad de buscar soluciones y resolver el problema mediante el diálogo. Cruzarse de brazos ahora es casi un delito. Quienes pueden impedir que todo llegue a mayores deben ser imaginativos y realistas.
Hay que evitar el desgajamiento de nuestro territorio. Hoy más que nunca los españoles tenemos en la mano la llave para defender la dignidad de esta putrefacta sociedad de consumo.
