“Todos los gobiernos españoles han despreciado a la cultura pero el actual la agrede directamente”.
Arturo Pérez Reverte, escritor.
Regino Díaz Redondo
Madrid.-En el momento de escribir estos comentarios (2 febrero por la tarde) no se había despejado la incógnita sobre quien será el futuro presidente del gobierno. Felipe VI podría haber encargado a Pedro Sánchez (PSOE) hacerlo. Y éste habría aceptado la encomienda aunque con pocos visos de realidad porque las diferencias con Podemos no se han resuelto y constituyen una barrera hasta ahora infranqueable.
Pablo Iglesias exige – no solicita—que se cite a referéndum en Cataluña para ver si los pobladores de esa región se inclinan o no por la independencia. Los socialistas, la vieja guardia, se muestra impertérrita y contundente: no podemos asociarnos con un partido que busca la ruptura de España.
Felipe González y Alfredo Pérez Rubalcaba han sido los más determinantes en ese asunto. El ex presidente llama a Podemos “leninista” y abunda en el “error” que sería encontrar una alianza con ese partido.
El monarca tendría que buscar nuevamente a Sánchez para que junto a Patxi López, presidente del Congreso de los Diputados, se pusieran de acuerdo y citasen a una reunión plenaria para ver si Pedro tiene suficientes votos para lograrlo. Parece que esto no es posible pero aceptaría la encomienda.
Rajoy, por su parte, sigue cruzado de brazos y espera que el maná le llegue desde las curules para erigirse como el salvador de la patria. Nadie apuesta por él, se queda sólo y sin investidura.
La situación, por tanto, permanecía en sánscrito. Ninguno de los cuatro partidos mayoritarios ha llegado a moderar sus requerimientos y no transigen para facilitar que alguien se instale en la Moncloa.
Pero todo puede cambiar, o pudo haber cambiado, aunque se ve difícil. Por tanto, cada vez está más cerca la convocatoria a nuevas elecciones generales que se realizarían a finales de mayo o principios de junio.
Es preciso que, cada uno por su lado, comprenda la necesidad de romper con ciertos tabúes de la izquierda dividida como siempre y reacia a dar su brazo a torcer. Con esto aumentan las dudas y la desazón entre la gente.
El neoliberalismo mundial y, concretamente el europeo, presiona cada vez más para que se resuelva el problema y esto influye en las amenazas veladas que lanzan los populares: “nosotros o la catástrofe”.
Es desagradable escuchar cómo el PP y sus testaferros y tertulianos de a tres por uno siembran la discordia y piden a la Virgen del Rocío de Fátima Bañéz que el PSOE no pacte con Podemos porque “es un partido subvencionado por Irán y la Venezuela de Maduro”. Falacia.
Avergüenza también cómo Ciudadanos está ahora dispuesto a coaligarse o a abstenerse para que el partido de Rajoy conserve el poder.
Se nota que carecemos de una trayectoria democrática plena y consciente y que hay personajes en el tablero público que representan la incongruencia y la escoria de la sociedad.
Es evidente la miseria ideológica de nuestros políticos; de aquellos que tienen compromisos con determinados sectores, y que defienden, a capa y espada, los privilegios de unos cuantos, no obstante que los españoles votaron en las urnas por el cambio que aún no llega.
El diálogo ha sido cada vez menor, si acaso, telefonemas de cinco o diez minutos y lo de siempre: nos hablamos después para debatir sobre los programas de cada uno.
Los últimos días han servido para que Sánchez se muestre como un candidato más fiable, sólido y enemigo de los cochupos. El primer asalto lo perdió la vieja guardia socialista pero ya prepara unas primarias para mayo en donde se sabrá, conforme a los estatutos, si Pedro continúa como secretario general.
Entra en el juego, como no podría ser de otra manera, José María Aznar que acusa a Pablo Iglesias de “comunista a sueldo de los que quieren romper España” y vaticina que si la izquierda con Iglesias llega al poder el país se hundiría.
Esto es tan absurdo como que él quiera convertirse en demócrata. Está tan encadenado a la ultraderecha que no puede militar en plataformas ajenas a sus intereses económicos.
Hacer caso a los votantes es transformar la política y convertirla en un instrumento eficaz para rejuvenecer a la sociedad y mejorar el nivel de vida de la gente.
Iglesias, mil veces insultado, no se cansa de repetir, y con razón, que las denuncias son producto de provocadores chulescos, encabezados, ahora, por el portavoz del PP en la Cámara de Diputados, Rafael Hernando. Este señor traspasa la barrera del sentido común y de la lógica más elemental. Con su aire de pimpollo de los nostálgicos se atreve a decir que los requerimientos de Podemos son “el manual de los golpistas”.
El único golpista es él que, miserablemente, utiliza la amenaza y el miedo como armas para descontrolar la política democrática. Este sujeto abreva en las fuentes de la cúpula del actual gobierno en funciones y se convierte en la mano derecha y sucia de los conservadores.
La presidenta de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, ha rebajado sus exigencias a Sánchez y, por el momento, lo apoya casi incondicionalmente. En la reunión del sábado 30 de enero los socialistas reforzaron a su candidato y los históricos perdieron una batalla pero no la guerra. Allí, el presidenciable anunció que informará a las bases de sus pasos en la tierra porque de los cielos, no de Dios, se encarga la derechosa derecha que utiliza las palabras libertad y democracia como le da la gana.
¿Todo se vale en política? No todo porque una mala decisión nos sumergiría en otros cuatro años más de indolencia y de recortes abusivos e inhumanos.
La mayoría ha pedido que haya una cohabitación de izquierdas al frente del nuevo gobierno. No lograrlo será responsabilidad de muchos políticos acostumbrados a dormir la siesta y tocar las castañuelas.
Sin menoscabo de otra resolución, Iglesias debe ajustar sus propuestas con las de Sánchez porque los ciudadanos así lo han pedido. Otra cosa sería desoír el llamado a las urnas del 20 de diciembre pasado.
El que más posibilidades tiene de vivir en la Moncloa es quien mayores presiones sufre. El joven madrileño se mantiene inalterable en su negativa de pactar con el PP y lo repite todos los días y muchas veces. Es congruente.
Si escucha la opinión de la élite socialista pasará a la historia como nuestro José Vasconcelos.
El señor González, ”desfacedor de entuertos” en Venezuela, se enfanga y confunde con sus políticas conservadoras. Quiere ser el redentor aún perdiendo el poco prestigio que aún le queda. Don Felipe limítese a ver por su país y después podrá usted ser uno de los próceres de Europa.
Cambiar de criterio y de ideología por un pedazo de pan y palmaditas en la espalda no va de acuerdo con el sevillano que gobernó España durante tres y media legislaturas. Desde luego muchos líderes del continente le agradecen sus palabras y se las recompensarán. Pero que no se olvide ni trasgreda la decisión de los españoles.
No digamos nada sobre Alfonso Guerra, o digamos algo, que es el eterno diputado que nunca aparece y cuando lo hace es para mostrar su estilo acomodaticio y refunfuñón.
Quizás, ya hoy, el monarca haya pedido a Sánchez formar gobierno. Esperemos que los contactos de éste arrojen buenos resultados, paz y seguridad. De todas formas el Palacio de los Leones albergará a políticos de nuevo cuño y las decisiones que se tomen, sea quien sea el jefe del Ejecutivo, tendrán que ser avaladas por varias fuerzas políticas.
Ya no hay aplanadora como la, que por desgracia, tuvo el PP. De algo hay que estar seguros: si el PSOE gobierna, el Ibex35 se adaptará a ello. Sus representantes son pragmáticos y no comparten ninguna salida que dé al traste con la economía nacional.
