“Más vale escuchar la represión del sabio que la alabanza del tonto”
Eclesiastés – La Biblia Latinoamericana
Regino Díaz Redondo
Madrid.- Llevamos 126 días sin nuevo gobierno y el que está en funciones toma medidas a su libre albedrío y no da cuentas al Parlamento legalmente constituido. La soberbia de Mariano Rajoy y sus ministros crece al mismo tiempo que su miedo a perder el poder.
El tiempo se agota y el PP está cada vez más solo, sin nadie que le apoye y con problemas internos que tendrá que resolver durante los cuatro años próximos que estará en la oposición, durante los cuales habrá de reestructurarse para recuperar el respaldo de más de cinco millones de votantes que lo castigaron el pasado 20 de diciembre.
Además, quizá esté violando la ley porque muchas de las decisiones tomadas tanto para resolver problemas internos como para avalar los documentos de la Unión Europea, no son examinados ni aprobados por el Congreso.
Insiste en empeorar la situación social de España y se empeña en despreciar a los diputados que, desde la tribuna, lanzan sus reproches y preguntas a unos sillones vacíos porque sus señorías han decido no asistir a ninguna de las juntas en el hemiciclo.
Por si fuera poco, aumenta la corrupción entre ex funcionarios y funcionarios de su partido y lo hunden en un hoyo del que le será muy difícil salir. Sólo una sorpresa mayúscula podría cambiar el panorama. De lo contrario, iremos nuevamente a las urnas el 26 de junio próximo.
Esta semana que viene, el Jefe del Estado, Felipe VI, se reúne con los dirigentes de los partidos políticos para escuchar sus razonamientos y argumentaciones. Después de estas pláticas, el monarca tendrá que decidir si encarga formar gobierno nuevamente a alguno de los candidatos que hasta hoy fracasaron.
Podría don Felipe aventurarse – es simplemente una utopía – a proponer a una persona con prestigio que no pertenezca a ninguna fuerza política para que encabezase la jefatura del Ejecutivo.
Es la primera vez en nuestra corta historia democrática que se da un acontecimiento tan insólito como inesperado: todos los días los diputados dialogan con un adversario invisible que llama a la tristeza y al enfado de quienes se dijeron, sin serlo, defensores de las libertades de expresión.
Mantienen su inflexibilidad PSOE, Podemos y Ciudadanos, sobre todo estos últimos que se niegan a cualquier pacto con la izquierda morada.
Lo mismo hace Pablo Iglesias que ya hizo una consulta a sus bases y obtuvo una mayoría arrolladora para no coaligarse con C`s en un acuerdo que permitiría que el socialista Pedro Sánchez encabezara el próximo gobierno.
Se echan la culpa entre sí y lo cierto es que los dos la tienen (Podemos y C`s); porque en vez de acercar posiciones se alejan entre sí y huyen de las alianzas que podría resolver la ausencia de inquilino en la Moncloa.
Nadamos en aguas procelosas, agitadas por vientos de uno y otro lado que sólo perjudican y retrasan la lucha por elevar los niveles de vida de la gente.
Ahora resulta que Rajoy “siempre estoy dispuesto a escuchar” se entrevista con Carle Puigdemont, presidente de la Generalitat, y ambos se hacen arrumacos. Don Mariano ha demostrado que es capaz de cualquier cosa con tal de no dejar libre el sofá cama desde el que ha desgobernado al país.
Mucho tendría que cambiar la actual situación para que Pedro pudiese lograr su envestidura. Pero hay que reconocer que ha luchado las últimas semanas por conseguirlo y que tiene cintura para admitir muchos de los puntos del programa de la joven derecha y de Iglesias.
El escenario actual es, por consiguiente, un lugar oscuro en donde se debaten los intereses ideológicos – que está bien – frente a los de la nación. Nadie quiere a Rajoy pero con su actitud, Podemos y Ciudadanos le hacen el juego. No llegará el santiagués pero ¡cómo nos hace sufrir hasta el final!.
Demos un jalón de orejas a los dos nuevos partidos políticos y los invitamos a que relean o lean, si no lo han hecho, la forma en que triunfaron algunas fuerzas políticas de antaño. Transigieron para que se iniciaran las legislaturas y, luego, desde sus curules, cambiaron a la nación para bien. Los aspirantes de ahora no parecen dispuestos a hacerlo con consecuencias cada vez más graves.
Los portavoces parlamentarios insisten en que sería una catástrofe volver a votar. Sin embargo, no hacen nada por impedirlo y mantienen sus posiciones radicales, sin ninguna concesión.
Hacer política es calcular no sólo el presente sino el futuro inmediato. Y que se llega a éste mediante la pérdida de batallas pero no la guerra.
Da pena ver cómo los socialistas del 78 se han convertido en defensores de un sistema caduco como el actual con tal de mantener sus privilegios. Algunos de los anteriores dirigentes son millonarios. Otros tienen asegurado el futuro.
Hay quien cobra por pertenecer a consejos de administración de empresas multinacionales y también quienes han formado sus propios organismos para lucrar con ellos.
No olvidemos que los ex presidentes reciben aún el sueldo de por vida que tienen los jefes del Ejecutivo. Mucho se habló de derogar este acuerdo pero, de pronto, todo quedó en agua de borrajas.
El uno por el otro, o el uno y el otro, aspiran a pasar a la historia como ejemplo de políticas sensatas y serias.
¿Qué tiene de sensato desautorizar a Podemos como lo hacen los barones del PSOE?. ¿Qué tiene de serio inundar a España de peligrosas políticas de austeridad para otros y de beneficios para él, como lo hace Aznar?.
Quien sataniza a sus adversarios políticos debe permitir que lo satanice. Los ex dirigentes de España no cooperan para resolver los actuales problemas. Los empeoran y les da igual.
Las dialécticas del andaluz y del castellano leonés destrozan cualquier intento que haya de formar a una sociedad que pide, a gritos, mejoras necesarias e imprescindibles. A juzgar por sus declaraciones hacen lo contrario: dividen por interés propio y se conforman con ser ídolos para algunos de sus súbditos.
Aumenta el temor a que, en las nuevas elecciones, los españoles voten diferente a como lo hicieron en diciembre pasado, o se abstengan. Porque están hartos de tanto negacionismo. Lo que permite que la siempre deseada doña Esperanza Aguirre catalogue a la izquierda morada como “organización criminal”, entre otras lindezas que lanza contra el partido socialista y algunas de las confluencias y mareas de Podemos.
Estamos propiciando que, desde el exterior, se forme un movimiento auspiciado por la Unión Europea, el FMI, los grandes bancos, las multinacionales y las Bolsas de Valores, tendiente a acabar con la inestabilidad que hemos propiciado por falta de lucidez y visión.
PAGE \* MERGEFORMAT 1
