¿Qué relación existe entre la novela y la historia? La primera es un arte de la ficción y la segunda el estudio de los hechos del pasado. Sin embargo, ambas disciplinas comparten el acto de narrar. Si bien el escritor de ficciones escribe sus novelas sin depender necesariamente de hechos ocurridos en la realidad, el historiador por más que se apegue al estudio de documentos, libros, todo lo que signifique su investigación, al escribir su narración histórica, que es posterior a los acontecimientos, ya está en el terreno de la ficción o de un tipo de ficción.
Por otro lado, el novelista también puede recurrir a hechos históricos o de la “vida real”, y no me refiero a las llamadas “novelas históricas”, sino al arte de escribir novelas. En el siglo XX se dieron libros famosos hechos con una investigación periodística, como A sangre fría, de Truman Capote. Aunque Martín Luis Guzmán escribió La sombra del caudillo décadas antes.
No escribía novela
En los últimos años, otros escritores tomaron la idea de escribir novelas sobre su autobiografía. Es lo que intenté con La congregación de los muertos o El enigma de Emerenciano Guzmán. Esta novela se la hice llegar al historiador e investigador emérito de la UNAM Álvaro Matute, por medio de su colega Gisela von Wobeser. Después de un año, Matute me escribió un correo-e para decirme que la había leído con interés. Fue para mí un privilegio, entre sus múltiples compromisos se dio tiempo para hacerlo.
Por otro lado, después de leer el ensayo de Matute, “La feria y Pueblo en vilo. La experiencia pueblerina” (Revista de la Universidad de México, mayo, 2013), no tenía duda de que le interesaba la novela como narrativa, arte y quizás como una forma de la historia. Cuando fui a visitarlo al Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, le pregunté si no escribía novela. Me dijo que no. Pero a mí me pareció que podía hacerlo, con el talento que tenía para apreciar a la literatura. Tanto la Microhistoria de San José de Gracia, de Luis González, como La feria de Juan José Arreola, los trata desde un punto de vista analítico que Matute llamó “la experiencia pueblerina”, que no es otra cosa que aprovechar la autobiografía, sin la cual estos dos autores no habrían escrito sus respectivos libros.
Un tanto al margen, al principio de su texto, Matute dice que Arreola había transcrito “literalmente fragmentos historiográficos” que fueron tomados de Mis memorias de campaña, del general Amado Aguirre, abuelo suyo, de la parte en la que narra “la derrota de los constitucionalistas” en la Cuesta de Sayula. Yo desconozco las memorias del general, por lo que no pude constatarlo.
Pero hace el señalamiento y continúa, con generosidad y profesionalismo: comparó los cuentos de Arreola y los artículos de González. Los llamó “pueblerinos cosmopolitas”. Porque el primero tenía una idea universal de la literatura y el segundo de la historiografía. Incluso afirmó que Zapotlán, Jalisco, no debió de llamarse Ciudad Guzmán, su nombre actual, sino Zapotlán de Arreola.
Matute refiere que Arreola escribió en, La feria, lo que vivió y ciertos fragmentos sobre su pueblo. Es una novela fragmentaria que hace una unidad. González, por su parte, escribió en Pueblo en vilo lo que vivió su familia y él mismo en San José de Gracia, Michoacán, en particular, y de México, en general. De la microhistoria a la historia.
Muerte prematura
Una técnica narrativa de avanzada en las metrópolis, usada por estos dos escritores. Matute dice en su texto: “la pregunta investigante del que aborda un texto historiográfico o una narración se dirige a interrogar cuál fue la pregunta que movió a un historiador o a un escritor a trabajar en su libro…”. Tanto Arreola, como González, salieron de sus respectivos pueblos y, a la distancia, avistaron con mejor perspectiva las historias que entrañaban. “También obra el factor nostálgico”, explica.
Álvaro Matute, tal vez se inspiró en su abuelo Amado Aguirre para elegir su profesión de historiador. Había que ponerse a investigar para saber la historia del general, que según dice, no era muy dado a escribir sobre sus actividades, entre las que destaca la de diputado del Congreso Constituyente de 1917. Tal vez por esto le llamó la atención mi novela, que trata sobre diversos personajes de microhistoria, como mi abuelo Emerenciano Guzmán, seguidor y militante en otro pueblo, Salvatierra (de 1917), Guanajuato, del carrancismo y de la Constitución de aquel año.
Miembro de las academias de la Historia y de la Lengua, Premio Nacional de Ciencias y Artes 2008, y autor de una vasta bibliografía, señalan como una de sus virtudes la de analizar los diferentes acontecimientos sin extremismos ni posturas políticas, yerros que suelen cegar a algunos historiadores.
La muerte de Álvaro Matute fue prematura, sin duda tenía mucho que dar aún.
Aviso: Nueva fecha de la celebración de mis 50 años de trayectoria literaria,
la anterior se canceló por el temblor del 19-S: viernes 10 de noviembre, 19 horas, en la Sogem, José Ma. Velasco 59, Col. San José Insurgentes.
Participan Francisco Paco Prieto, Jesús Calzada Gómez,
Humberto Rivas, Edwin Alcántara; modera el celebrado Miguel Ángel Tenorio. Entrada libre.

