No tan popular como otras piezas líricas del inigualable talento de Wolfgang Amadeus Mozart (por atrás de La flauta mágica, Las bodas de Fígaro y Don Giovanni, las dos últimas también de la exitosa dupla Mozart-Da Ponte), su deliciosa y divertida ópera cómica (“drama giocoso”, en su italiano original) en dos actos y ocho cuadros Così fan tutte, con libreto del ya mencionado Lorenzo da Ponte, tuvo su estreno en el Burgtheater de Viena, el 26 de enero de 1790, a pocos días del cumpleaños 34 del célebre compositor y casi dos años antes de su prematura muerte. Así hacen todas o La escuela de los amantes, haciendo alusión Da Ponte a la exitosa obra en su época La escuela de los celosos del tan injustamente vilipendiado Salieri, posee arias de lucimiento para sus seis solistas, pero sobre todo se distingue por sus varios ensambles de voces (desde duetos hasta sextetos) que corroboran la maestría musical de quien aquí ya había alcanzado plena madurez creativa.
Por otra parte también la más incomprendida del amplio y variado catálogo mozartiano, por considerar su argumento baladí y sobre todo atrevido (no exento, por supuesto, de misoginia, pues son ellas en principio las que en su fidelidad son puestas a prueba), su título se anticipa en la anterior y más conocida Las bodas de Fígaro de 1786, cuando en el famoso terceto del primer acto el conde encuentra al travestido Cherubino en la habitación de Susana: “Così fan tutte le belle, non c’è alcuna novitá”. Asociada también con el Buch del lieder del romántico Heinrich Heine, Così fan tutte es un profundo canto al amor comprometido, a todos aquellos enredos que por descuido e ingenuidad pueden ponerlo en duda y/o a prueba, porque el que ama es susceptible de acceder a la tentación del también humano deseo pero de igual modo resistir a esa debilidad por una poderosa y por supuesto no menos humana convicción por el —Otro— ser amado. Y aunque aquí hay final feliz, esa recompuesta “alegría” no dejará de estar teñida de cierta dosis de amargura tras lo que ha implicado la prueba y lo que se ha dejado atrás, entre otras cosas, la pérdida de la confianza y el desmoronamiento de un idílico modelo de “pureza”.
Auténtica pieza de cámara con seis intérpretes solistas y un complejo argumento en mucho adelantado a su tiempo, admirable por su explosivo equilibrio, Così fan tutte es una de las obras líricas de Mozart más modernas tanto en su construcción musical pletórica de contrastes melódicos y armónicos como en su descripción de la entreverada naturaleza psicológica del ser humano.
Otra interrogante “trágicamente” moderna y adelantada a su tiempo en Così fan tutte, en medio de una jocosa confusión, tiene que ver con el siempre sinuoso e inasible tema de la identidad: ¿puede un ser humano ser fiel a sí mismo o se encuentra a la merced del destino y de las circunstancias cambiantes? Una de las duplas más eficaces conforme lo dramático y lo musical encuentran aquí una recíproca coincidencia de precisos hallazgos, Così fan tutte se adelanta al describir la crisis existencial implícita en el hecho de quien ya no es capaz de reconocerse a sí mismo en medio de una nueva situación que rompe con lo habitual-establecido, como uno de los temas centrales de ese juego de espejos característico del arte contemporáneo, y que curiosamente en el caso Mozart-Da Ponte no dejó mucha información en su proceso de composición que hubiera sido muy revelador.
Programada recientemente en la Metropolitan Opera House de Nueva York que hasta la fecha sigue siendo el foro belcantístico por antonomasia, en cuanto a cantidad de diferentes producciones de excelencia programadas en cada temporada y la magnificencia de sus repartos, me volví a aventurar a las transmisiones en vivo que el Auditorio Nacional y varias salas cinematográficas locales tienen concertadas con el MET para comprobar una nueva producción de esta extraordinaria ópera de Mozart que tengo entre mis favoritas y de la que había escuchado muy buenos comentarios. Y para nada ha sido una decepción, porque si bien se trata de una nueva versión más de esta ópera ahora situada en un contexto más actual (en el ya mítico Coney Island, en la década de los cincuenta), el talentoso y experimentado inglés Phelim McDermott nos ha sorprendido con una lectura pletórica de dinamismo, imaginación y colorido.
Singular clásico
Bajo la dirección del sabio mozartiano estadounidense David Robertson (sí, homónimo del conocido pelotero de las Grandes Ligas), aquí han lucido las seis voces solistas convocadas, todas ellas muy en la línea lírica del compositor austriaco. La soprano también norteamericana Amanda Majesti ha confirmado el gran momento por el que pasa, con un bello color de voz y una impecable técnica para dibujar con toda pulcritud a su difícil Fiordiligi que llega sobrada a su conocida aria “Come scoglio…” Otro tanto habría que decir de la reconocida mezzo italiana Serena Malfi que llena la escena con su hermosísimo timbre y su garbo muy latino, increscendo desde su lucido y no menos aplaudido “Smanie implacabilli…” Entre los varones, el tenor de igual modo norteamericano Ben Bliss, cuya impecable emisión nos regala una destacada versión de la celebérrima aria “Un’aura amorosa…” todavía del primer acto, corrobora por qué Estados Unidos sigue siendo generoso en ésta y otras tesituras. La otra voz foránea invitada, el barítono bohemio Adam Plachetka, nos regala un canto flexible y pletórico de colorido, a la vez armónico y poderoso, y cuya musicalidad se hace patente en aires de gran belleza como “Non siate ritrosi, occhietti vezzosi” o “Donne mie, la fate a tanti a tanti”.
Cerraron esta extraordinaria nueva producción en el MET del Così fan tutte de Mozart, en lo vocal, el no menos experimentado bajo-barítono inglés de sólida y hermosa corpulencia vocal Christopher Maltman, quien por cierto nos dejó un muy buen sabor de boca con su sólido abordaje del siempre complejo rol estelar del Don Giovanni del mismo Mozart, y quien como Don Alfonso volvió aquí a manifestar sus no menos sólidos recursos histriónicos. Cerró la pinza la soprano de igual modo estadounidense Kelli O’Hara, actriz con una destacada carrera en Broadway y quien para nada desmerece en una prueba vocal mucho más compleja como interpretar la competida Despina de este singular clásico mozartiano.
FE DE ERRATAS
En la edición 3380, del 25 de marzo de 2018, el artículo “El amor sin estereotipos de Llámame por tu nombre”, del maestro Mario Saavedra, se publicó con un pie de foto equivocado. Ahí se consigna que uno de los actores estelares de Llámame por tu nombre fue Daniel Day-Lewis, cuando debió decir “Armie Hammer”. Al autor y a los lectores, nuestras disculpas.
La Redacción.

