Las elecciones de 2018

Dentro del contexto de agotamiento del paradigma de desarrollo neoliberal se realizaron las elecciones federales, estatales y locales del 1 de julio de 2018, cuyo resultado fue la generación de un enorme tsunami político, como nunca antes se había presentado en la historia contemporánea de México.

El triunfo arrollador de Andrés Manuel López Obrador y del frente político de Morena (Movimiento de Regeneración Nacional) fue un acontecimiento asombroso en la historia nacional, que dejó atónita a la opinión pública mexicana e internacional, por la contundencia de los resultados. Esto debido a que la mayoría de la población decidió democráticamente que el país debía encaminarse, por primera vez en su historia moderna, hacia el establecimiento de un gobierno nacionalista con orientación de izquierda.

Por ello, para poder comprender con mayor claridad, desde el marco de las ciencias sociales, las causas que propiciaron la transformación de los cimientos del sistema político que funcionó en el país durante las últimas nueve décadas ocasionando una profunda rebelión ciudadana, es indispensable estudiar los diversos factores sociales, políticos, culturales, mediáticos y comunicativos que permitieron que Andrés Manuel López Obrador y Morena, creado solo cuatro años antes, ganaran abrumadoramente las elecciones en 2018.

Entre los indicadores sociales que posibilitaron que la voluntad mayoritaria de los ciudadanos decidiera optar por transformar sustantivamente el modelo neoliberal heredado desde 1980 se pueden enumerar los ocho siguientes:

 

La crisis sistémica del país

1.- Al transitar la sociedad mexicana de la etapa del “milagro mexicano” a la fase del “infierno mexicano”, se produjo la concentración, durante muchas décadas, de enormes conflictos estructurales sin resolver como la extendida corrupción, la desbordada inseguridad, la escandalosa impunidad, la polarizada concentración de la riqueza, la enorme desigualdad, la aguda marginación, la imparable rapacidad, el creciente desprestigio de la clase política, la injusticia sin límite, el avance del narcotráfico, la violencia irrefrenable, la pobreza extrema de más de 53 millones de personas, la marcada opacidad en el ámbito público, etc. que afectaron severamente la calidad de vida de los mexicanos y produjeron un ambiente de malestar social contra el régimen imperante.

 

El debilitamiento de la rectoría del Estado

2.- La fragilidad de la rectoría del Estado como directriz de la nación y el consentimiento oficial para que fuera la “mano invisible del mercado la dinámica estructural que reordenara todos los niveles de funcionamiento de la sociedad, con base en la mentalidad de la máxima ganancia para los negocios y no la del desarrollo estabilizador.

3.- El fracaso del modelo de desarrollo modernizador vinculado al fortalecimiento de los grandes monopolios, nacionales y extranjeros, a través del ejercicio de la lógica de mercado con pocos contrapesos, la globalización desenfrenada y  la ausencia de impulso a la economía del bienestar”. 

4.- La crisis sistémica del proyecto de desarrollo robusteció el deseo de grandes sectores de mexicanos de buscar un cambio profundo en el modelo de expansión neoliberal instalado en el país desde los años ochenta, y sustituirlo por otro modelo de crecimiento basado en la mayor intervención del Estado para favorecer el Estado de bienestar”.

 

El derrumbe de la verdad histórica

5.- El reforzamiento del enojo popular que se generó en todo el país desde la “noche de Iguala” en septiembre de 2014, por la masacre realizada contra los 43 estudiantes normalistas, en Ayotzinapa, Guerrero. Dicho suceso reconectó rápidamente la conciencia colectiva con diversos factores como la violencia, la impunidad, la corrupción, el narcotráfico, la marginalidad, la pobreza, etc., alrededor del proceso de deterioro nacional; marcando de manera significativa, en todas las clases sociales, el deseo psicoemocional de buscar un cambio radical hacia la primavera mexicana. El anhelo de transformación se tradujo en manifestaciones, protestas, movilizaciones, rebeliones en todos los sectores sociales y regiones de la república acusando al Estado mexicano y la clase política como autores del macrocrimen y desplomando la respuesta oficial que construyó el gobierno del expresidente Enrique Peña Nieto a través de la Secretaría de Gobernación (Segob) con el veredicto expresado en la verdad histórica. Esta situación alimentó la irritabilidad social por los diversos casos de corrupción acumulados por el priismo, reforzando el resquebrajamiento de la imagen de Peña Nieto como “salvador” de México.

 

Desencanto por las promesas incmplidas

6.- La fuerte desilusión ciudadana sobre las promesas gubernamentales ofrecidas mediante la instrumentación de las diversas reformas estructurales en materia de energía, gas y carburantes, durante el gobierno del presidente Enrique Peña Nieto, pues se aseguró que bajarían los precios de tales insumos familiares y  sucedió todo lo contrario.

7.- La aplicación del “gasolinazo” en enero de 2017 endureció coyunturalmente la indignación acumulada en el grueso de la población, en especial de las clases medias, pues contribuyó a acelerar más la inflación, el debilitamiento del ingreso personal, la erosión del consumo básico familiar y la pauperización social.

8.- El acrecentamiento del colapso social sensibilizó fuertemente a los ciudadanos para comprender con mayor facilidad que la democracia era un camino para el cambio, y que el voto era un instrumento para lograr el país al que se aspiraba desde muchas décadas atrás.

La acumulación de estos factores y otros más agravó la crisis sistémica de la nación, provocando que más de la mitad de los electores decidieran aplicar un voto de castigo contra el gobierno en turno y el comportamiento de la partidocracia tradicional que durante décadas no ofreció alternativas mínimas de “vida digna” para extensos grupos de habitantes.

La suma de estas realidades socioeconómicas creó, en la vida cotidiana de las comunidades, en particular en las más depauperadas, importantes condiciones de irritabilidad, cansancio y desesperanza que gestaron un gran pesar social, demandando un cambio drástico en el modelo de desarrollo para la sociedad mexicana.

Este marco de amplio deterioro global demostró el fracaso del sistema de crecimiento del país, creando un campo muy fértil para manifestar el deseo de amplios sectores sociales de impulsar una transformación radical e histórica del sistema socio-económico-político-cultural de la nación.

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