A las nueve de la noche del domingo 30 de octubre de 1938, con motivo de la celebración de halloween, se transmitió en vivo la dramatización radiofónica de la novela La guerra de los mundos H. G. Wells, dirigida y narrada por Orson Welles (6 de mayo de 1915-10 de octubre de 1985). El programa causó pánico entre los radioescuchas que tomaron por verídica la invasión extraterrestre. Transcribo las primeas líneas de la novela.
“En los últimos años del siglo diecinueve nadie habría creído que este mundo era observado, aguda y atentamente, por inteligencias más desarrolladas que la del hombre y, sin embargo, tan mortales como él; que mientras los hombres se ocupaban de variados asuntos eran estudiados y observados, quizá tan de cerca como un hombre a través del microscopio observa las pasajeras criaturas que se agitan y multiplican en una gota de agua. Con infinita complacencia, la raza humana continuaba su existencia en este globo, ocupándose de sus pequeños asuntos, serenamente confiada en su superioridad sobre la materia. Es muy posible que los infusorios que se hallan bajo el microscopio hagan lo mismo. Nadie había pensado que los mundos más viejos del espacio podían ser una fuente de peligro para los seres humanos, o si pensó en eso, fue sólo para desechar la posibilidad de la existencia de vida en otro lado como imposible o improbable. Resulta curioso recordar algunos de los hábitos mentales de aquellos días pasados. Como mucho, imaginaron que tal vez hubiera otros hombres más allá de Marte, seres quizá inferiores a los del planeta Tierra y que estarían dispuestos a recibir de buen grado una expedición enviada desde aquí. Así y todo, desde el espacio, mentes frías y calculadoras, sin compasión alguna y mucho más inteligentes que nosotros observaban la Tierra con ojos envidiosos mientras elaboraban, con lentitud y convicción, sus planes contra nuestra raza. Y a comienzos del siglo veinte se produjo la gran desilusión.
Casi no necesito recordar al lector que el planeta Marte gira alrededor del Sol a una distancia de ciento cuarenta millones de millas, y que la luz y el calor que recibe del mencionado astro es apenas la mitad de lo que recibe la Tierra. Debe ser, si es que hay algo de verdad en la hipótesis nebular, mucho más antiguo que nuestro mundo; y mucho antes de que nuestro planeta se solidificara, debió de haber vida en Marte. El hecho de que tiene apenas una séptima parte del volumen de la Tierra debe haber acelerado su enfriamiento, dándole una temperatura que permitiera la aparición de la vida sobre su superficie. Tiene aire y agua, y todo lo necesario para sostener la existencia de seres animados.
Pero tan vanidoso es el hombre y tan cegado está por su vanidad, que ningún escritor, hasta fines del siglo diecinueve, expresó la idea de que allí se pudiera haber desarrollado vida inteligente, ni siquiera de que existiera vida más allá de nuestro planeta. Tampoco se entendió que al ser Marte más antiguo que nuestra Tierra, con apenas una cuarta parte de la superficie de nuestro planeta, y al estar más lejos del Sol, se deduce que no sólo está más distante de los comienzos de la vida, sino también mucho más cerca de su fin”.
Novedades en la mesa
El libro de Guillermo del Toro, En casa con mis monstruos (Turner), es un recorrido por la colección de criaturas monstruosas del afamado cineasta.
