La literatura recompone las historias de los autores y de la vida misma, como la del militar francés Pierre Choderlos de Laclos (18 de octubre de 1741 – 5 de septiembre de 1803), hombre metódico y amante de las batallas, que al vivir un prolongado lapso de paz, se refugia en la literatura y con una sola novela, Las amistades peligrosas, trasciende ya más de dos siglos cautivando lectores. Su personaje, Valmont, seductor, frívolo y divertido, resulta una figura antagónica de sí mismo. Transcribo la primera carta de esa novela epistolar.

“Carta 1. Cécile Volanges a Sophie Carnay en el convento de las ursulinas de… Ya ves, mi buena amiga, que cumplo mi palabra y que los tocados y los pompones no ocupan todo mi tiempo; siempre me quedará un poco para ti. Y sin embargo, he visto más adornos en el día de hoy que durante los cuatro años que hemos pasado juntas; y creo que la soberbia Tanville pasará un peor rato con mi primera visita, que tengo toda la intención de solicitarle, que el que ella piensa que nos ha hecho sufrir a nosotras cada vez que ha venido a vernos in fiocchi. Mamá me ha consultado acerca de todo, me trata menos como a una interna que antes. Tengo una doncella a mi servicio, una habitación y dispongo de un gabinete, y te escribo en un secreter realmente bonito, del que me han entregado la llave y en el que puedo guardar lo que desee. Mamá me ha dicho que podré verla cada día, cuando se levante; que bastará con que esté peinada para comer, pues estaremos a solas en todo momento, y que entonces me dirá a qué hora debo reunirme con ella después del mediodía. El resto del tiempo queda a mi entera disposición: tengo mi arpa, mi dibujo y mis libros, como en el convento, con la diferencia de que la madre Perpétue no está allí para regañarme y puedo permanecer ociosa si así me apetece, pero como no tengo a mi Sophie para conversar y reír con ella, procuro mantenerme ocupada. Aún no son las cinco; no tengo que ir con mi madre hasta las siete: ¡cuánto tiempo para mí, si tuviera algo que contarte! Pero no me han dicho nada todavía; y si no fuera por todos los preparativos que veo ni por todas las oficialas que me visitan, creería que nadie piensa casarme, y que se trata de un desvarío más de la buena de Joséphine. Sin embargo, mamá a menudo me ha dicho que una dama debe permanecer en el convento hasta que se case, así que, como ella me hace salir ahora, Joséphine debe de estar en lo cierto a la fuerza. Una carroza acaba de detenerse en la puerta, y mamá ha enviado a decirme que debo pasar a su cuarto inmediatamente. ¿Y si fuera aquel caballero? No estoy vestida, la mano me tiembla y me palpita el corazón. Le he preguntado a la doncella si ella sabía quién estaba con mi madre. “Seguramente se trate del señor M. C.”, me ha dicho. Y reía. ¡Oh, creo que es él! Volveré para contarte lo que pase. Ahí está, siempre su nombre. No puedo hacerlo esperar más. Adiós, regresaré después. ¡Cómo vas a burlarte de la pobre Cécile!”

 

Novedades en la mesa

Sherezade fue una mujer inteligente, pero no valiente. No luchó por sus derechos, los negoció, ha dicho Joumana Haddad acerca de su ensayo Yo maté a Sherezade (Lumen). A las mesas de novedades acaba de llegar la primera novela de la periodista, poeta y narradora libanesa, La hija de la costurera, también editada por Lumen.