Describe el cura Morelos a su compadre Francisco Díaz de la siguiente forma:

“Antialler llegué a esta con 16 indígenas armados de Nocupétaro y hoy me encuentro con doscientos noventa y cuatro de a pie y cincuenta de a caballo veo de sumo interés escoger la fuerza con la que debo atacar al enemigo más bien que llevar un mundo de gente sin armas ni disciplina. Cierto que pueblos enteros me siguen a la lucha por la independencia; pero les impido diciendo que es más poderosa su ayuda labrando la tierra para darnos el pan a los que luchamos y nos hemos lanzado a la guerra: es grande la empresa en la que nos hemos empeñado pero nuestro moderador es Dios que nos guía hasta ponernos en posesión de la tierra y la libertad. Usted desde su lugar prestará los eminentes servicios que le encomendé y desde luego espero que con este correo me diga el movimiento del enemigo en nuestro pueblo y la Hacienda de San Antonio que no dudo esta finca es hostil a Nocupétaro.

“Me acompaña el indio Marcelino González, quien como usted sabe, dispuso de trescientos pesos del Estado y aseguró este pago con el rancho de la Concepción le ordeno a usted por la presente  que venda usted: de mis intereses lo que fuere necesario para sacar los trescientos pesos a que me refiero para hacer dicho pago, y haga Ud,  la entrega de este rancho la Concepción al señor Mariano Melchor de los Reyes, Gobernador de Indígenas de dicho pueblo lo que sobre de mis intereses lo repartirá por igual a sus dos hijas, mis ahijadas María y Guadalupe.

“Dios guarde a su merced muchos años” (se respeta la redacción original)

Morelos era un convencido del cumplimiento de la ley y de las responsabilidades contraídas, sus estudios y su vocación sacerdotal lo inducían a una actitud conciliadora alejada de las armas y mucho más orientada a la reflexión y a las labores del conocimiento.

Fue un hombre interesado en los cambios pacíficos y en la búsqueda  de normas y reglas que permitieran la convivencia, de esto pueden dar fe su tránsito por las parroquias de Carácuaro y Nocupétaro, siempre trató de resolver los conflictos acudiendo a los cauces legales.

El cuidado y preocupación que tuvo por su madre y su hermana, tras el abandono de su padre, lo muestran como un hombre bondadoso y agradecido.

La lucha de Morelos no fue un fin en sí mismo, el uso de la fuerza era algo transitorio, el objetivo era la formación de instituciones que dieran paz y prosperidad a la nueva nación; como dan prueba los Sentimientos de la Nación, donde Morelos expresaba su voluntad de que la lucha se materializara en un Estado en el que la resolución de conflictos fuera por la vía de un orden equitativo y justo, la responsabilidad social, la equidad y la libertad deberían tener un anclaje fuerte y duradero en ese ideario.

Por ello escribe a López Rayón, que estaría “dispuesto a dar la vida por la Constitución”, un nuevo contrato social fundado en los principios de igualdad, libertad y justicia social.

Una de sus principales preocupaciones fue que el país entero se sumieran en la anarquía. Dice, también a Rayón: “Estábamos en un mismo pensamiento y muchos días ha que la he deseado para evitar tantos males por los que nada hemos progresado, y por ellos hemos padecido hambres y desnudeces… no hay duda de que a los principios nos fue preciso extender muchas comisiones para aumentar el fermento, pero ya es tiempo de amasar el pan”. Con preocupación veía a los insurgentes discutir acaloradamente entre ellos, sin llegar a acuerdos de fondo. En el discurso inaugural del Congreso constituyente de Chilpancingo dijo: “Yo tiemblo al figurarme los horrores de la guerra, pero aún me estremezco más al considerar los de la anarquía” y compara a la nación en surgimiento con un águila: “Es esta águila tan majestuosa como terrible… las plumas que nos cobijan serán las leyes protectoras de nuestra seguridad, sus garras los terribles ejércitos ordenados, sus ojos perspicaces la sabiduría que todo lo penetre y anticipe”.

Para Morelos que el enemigo más funesto  e implacable habita en medio de nosotros: “Son las pasiones que despedazan y corroen nuestras entrañas, nos destruyen interiormente y se llevan al abismo de la perdición innumerables víctimas; pueblos hechos vil juguete de ellas”

Rescatemos el espíritu moderado de Morelos, todos tenemos responsabilidades y obligaciones, derechos y razón, pero temamos la anarquía como lo hizo el Siervo de la Nación.