Hay quienes piensan que los científicos son como los pintores y los poetas: inútiles. Tienen la razón a medias. Es cierto que los científicos, pintores y poetas comparten esas envidiables características de la creatividad y la originalidad. La otra mitad, en la que se equivocan es en la supuesta inutilidad.

No sólo de pan vive el hombre y, por tanto, no sólo para comer o para producir comida debe vivir. En todo el mundo y en todas las culturas se manifiesta la creatividad humana en la curiosidad por conocer el mundo física y espiritualmente.

La ciencia tiene la motivación de la utilidad del conocimiento y la curiosidad por descubrir los secretos de la naturaleza, pero además tiene la preocupación y la necesidad de establecer mecanismos y métodos que permitan dirimir diferencias sin llegar a la violencia, utilizando evidencias y argumentación.

La ciencia es un medio sistemático y confiable que nos permite obtener conocimientos básicos acerca del funcionamiento del mundo y cómo nos ha demostrado la historia, es una importante inversión, sus aplicaciones, tarde o temprano nos asombran y nos dan frutos insospechados.

En pocas palabras, a los conocimientos sistemáticos acerca del mundo es lo que hoy día llamamos ciencia. La aplicación de esos conocimientos ya establecidos en la solución de problemas prácticos es lo que usualmente identificamos como ciencia aplicada.

Lo más cotidiano y necesario de nuestras vidas actuales sería imposible sin la ciencia. Energía eléctrica, vacunas, vitaminas, telecomunicaciones, medicamentos contra el cáncer, nuevos materiales, antibióticos, etc., simplemente pensemos que la esperanza de vida, aun en las regiones más pobres del planeta, se ha incrementado notablemente gracias a las aplicaciones de la ciencia.

La historia está llena de ejemplos acerca de cómo los conocimientos básicos tuvieron más tarde aplicaciones relevantes, entre otros están las investigaciones básicas que dieron lugar a la electricidad, o los trabajos sobre el moho, gracias a los cuales fue posible aislar la penicilina, un antibiótico cuya ausencia hoy día sería impensable.

La ciencia del caos, que se originó motivada por la sed de conocimiento de la más pura estirpe, se ha convertido en un modelo de importancia fundamental para la explicación y predicción de fenómenos económicos, ambientales y de salud. De hecho, la comprensión del caos ha modificado de manera radical nuestra percepción del mundo.

Pero quizá el mejor ejemplo para ilustrar la potencialidad de la ciencia básica sea la mecánica cuántica. Es una teoría complicada, absolutamente abstracta y teórica en sus orígenes, producto de meras interrogantes acerca de los fundamentos de los fenómenos de la física. Esta teoría no sólo provoca una revolución en la física sino que nos ha enseñado que el mundo es más fascinante aun de lo que se pensaba, las pequeñísimas partículas que constituyen el mundo no siguen leyes inmutables, su comportamiento no es totalmente predecible y, además, todo está lleno de indeterminación.

Pues bien, esta fantástica teoría en la que ni Einstein creía, no sólo ha dado frutos, sino que se considera que las aplicaciones cuánticas dominarán la tecnología durante el presente siglo XXI. Sus probables aplicaciones van desde los procesadores de las computadoras denominadas cuánticas que podrán utilizar arreglos de electrones flotando sobre helio líquido y que prometen velocidades y potencias sin rival, hasta la posibilidad de la fantasmagórica ‘acción a distancia’.

La mecánica cuántica también ha revolucionado la sensibilidad y precisión de los instrumentos tecnológicos, en la exploración espacial y terrestre de recursos naturales y en la medicina. Incluso las fotografías, los videos y hasta los hologramas podrán formar parte de la historia con las imágenes en tercera dimensión que se espera lograr con las nuevas tecnologías.

La inversión en ciencia básica no sólo produce conocimientos científico-culturales, propicia además el desarrollo de ciudadanos creativos, críticos y curiosos, y la cosecha de sus aplicaciones bien podría ser el seguro de vida de las futuras generaciones.