“No espero nada, no temo nada, soy libre”, se lee en el epitafio de Nikos Kazantakis (18 de febrero de 1883-26 de octubr de 1957), cretense de nacimiento, habitante de unas veinte ciudades, viajero, poeta, narrador y dramaturgo, hombre crítico e involucrado en las ideologías de su tiempo. Un entrañable amigo le inspiró Zorba el griego (1946), la novela que le ganaría la fama internacional. Transcribo las primeras líneas.
“Lo vi por primera vez en el Pireo. Había ido al puerto a tomar el barco rumbo a Creta. Era casi el alba. Llovía. Soplaba un fuerte siroco y las salpicaduras del mar llegaban hasta el pequeño café. Con las puertas de cristal cerradas, el aire olía a hedor humano y a salvia. Afuera hacía frío y las ventanas se habían empañado. Cinco o seis marineros trasnochados, con sus camisetas marrones de lana de cabra, tomaban café e infusiones de salvia y miraban el mar a través de los enturbiados cristales.
Los peces, atolondrados por los embates de la tempestad, habían encontrado refugio en la serenidad de las aguas profundas, y esperaban a que la superficie del mar se calmara; y los pescadores, apretujados en los cafés, también estaban a la espera de que aquella agitación divina cesara para que los peces perdieran el miedo y volvieran a la faz del agua a picar. Los lenguados, las escorpinas, las rayas regresaban de sus incursiones nocturnas a dormir. Amanecía.
La puerta de cristal se abrió; entró uno del puerto, bajo, cargado con un zurrón; la cabeza descubierta, los pies descalzos, lleno de lodo.
— Eh, Konstantís —gritó un viejo lobo de mar con un chaquetón de un azul grisáceo—, ¿cómo te va?
Konstantís escupió crispado.
— ¿Cómo me va a ir? —respondió—. ¡Buenos días, tabernero! ¡Buenas tardes, casa! ¡Buenos días, tabernero! ¡Buenas tardes, casa! Ésa es mi vida. Trabajo, ¡nanay!
Algunos rieron, otros menearon la cabeza, blasfemaron.
— La vida es de por vida —dijo un bigotudo que había hecho sus estudios de filosofía con Karagiozis—; de por vida, ¡maldita sea!
Una luz verdeazulada se derramó sobre los cristales sucios, entró en el café, se quedó suspendida de las manos y las narices y las frentes, saltó a la chimenea e hizo refulgir las botellas. Las lámparas eléctricas perdieron su fuerza, el tabernero, amodorrado e indolente, alargó el brazo y las apagó.
Un instante de silencio. Todos los ojos se elevaron y miraron afuera el cenagoso día. Se oyó a las olas que reventaban bramando, y dentro del café, el gorgoteo de algunos narguiles.
El viejo lobo de mar suspiró.”
Novedades en la Feria
En el marco de la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería, del viernes 21 al domingo 23 de febrero se realizará la edición número 14 del ciclo Escritoras latinoamericanas en Minería, organizado por la poeta y narradora Odette Alonso. En el evento habrá lecturas de las poetas jóvenes: Julia Piastro García, Mariana Orantes, Mercedes Alvarado, Zel Cabrera, Anaclara Muro, Diana del Ángel, Nadia López García y Valeria List. Además, Lola Ancira y Elma Correa leerán su propia narrativa, y Odette Alonso tendrá una charla con las booktubers mexicanas Alejandra Arévalo (canal Sputnik), Abril G. Karera (Ensayos de Abril) y Jimena Jurado (The Poem Tube), las tres pertenecientes a la colectiva Libros B4 Tipos, que organiza cada año el maratón de lectura Guadalupe Reinas.
