En el aniversario de nacimiento del genio holandés, Vincent Van Gogh (30 de marzo de 1853-29 de julio de 1890), que coincide con el robo de una de sus pinturas (“El jardín de la casa parroquial de Nuenen en la primavera de 1884), transcribo un par de fragmentos de sus Cartas a Théo (Idea books, con introducción del poeta Fayad Jamis) que son un curso de arte y de vida.
“Amsterdam, 9 de enero de 1878. CM me ha preguntado hoy si no hallaba hermosa la Phreyné de Gérome. Le dije que me agradaba mucho más mirar una mujer fea de Israels o de Millet o una mujer vieja de Ed. Frère, porque ¿qué significa, en suma, un cuerpo bello como el de esta Friné? Esto, los animales lo tienen también, tal vez más que los hombres, pero un alma como la que hay en los hombres pintados por Israels o Millet o Frère: eso es lo que los animales no tienen. ¿Y la vida no nos ha sido dada para enriquecer nuestro corazón, hasta cuando sufre lo físico?
En cuanto a mí, no experimento sino muy poca simpatía por esta figura de Gérome, porque no le veo el más mínimo signo revelador de inteligencia. Manos que llevan la marca del trabajo son más bellas que manos semejantes a las de esta figura […]
CM me pregunta entonces si una mujer o una joven que fuese bella me gustaría, pero le dije que me sentiría y que me entendería mejor con una que fuese fea, o vieja, o pobre, o desgraciada por una u otra razón, pero que hubiese adquirido inteligencia y un alma por la experiencia de la vida y las desdichas y penas […]
Ettenseptiembre 3 de 1881. Mi querido Théo: Una cosa me pasa que quiero contarte, aunque quizás ya estés enterado y no te cuento nada nuevo. Quisiera decirte que este verano me he enamorado de K. Pero cuando se lo he dicho me ha respondido que su pasado y su porvenir permanecían inseparables para ella, y que jamás podría corresponder a mis sentimientos. Entonces he tenido un dilema terrible: resignarme a esto: ¿‘jamás, no, jamás’, o considerar la cosa no terminada, guardar mi esperanza y no resignarme?
He elegido esta última eventualidad.
Mientras tanto, continúo trabajando con tesón, y desde que la he encontrado, mi trabajo es mucho más fácil.
Un año en su compañía sería saludable para ella y para mí, pero los padres están firmemente resueltos sobre esto.
Pero tú comprendes bien que no pienso descuidar nada que pueda aproximarme a ella y que estoy decidido a amarla hasta que ella termine por amarme.
Si alguna vez te sucede Théo, que te enamoras, quisiera que te pasara porque, créeme, las ‘pequeñas miserias’ tienen también su valor. A veces se vive desolado, hay momentos en los cuales uno se creería en el infierno, pero hay aún otra cosa mejor. Existen tres grados: 1º no amar y no ser amado; 2º amar y no ser amado, 3º amar y ser amado. En cuanto a mí, creo que el segudo grado vale más que el primero; pero el tercero… ¡es el summum!
Y bien, old boy, enamórate también y cuéntamelo a tu vez, sé gentil en un caso como el mío y muéstrame simpatía […]
Si alguna vez te enamoras y tienes que oír un ‘jamás, no, jamás’ ¡No te resignes, sobre todo! Pero tú eres tan afortunado que esto, espero, no te sucederá nunca.”
Novedades en la mesa
Todas hemos perdido algo (Tusquets) reúne dos libros de cuentos y una novela corta de la tamaulipeca Liliana Blum.
