Lejos de las aventuras de Sherlok Holmes, de la copiosa obra de sir Arthur Conan Doyle (22 de mayo de 1959 – 7 de julio de 1930), transcribo las primeras líneas de Rodney Stone (Capitán Swing Libros), libro dedicado a recuperar los inicios del boxeo.

“En este primero de enero de 1851 llega el siglo XIX a la mitad de su camino, y muchos de los que participamos en su juventud advertimos claras señales de que nos va dejando atrás. Nosotros, los viejos de cabezas encanecidas, nos juntamos y conversamos acerca de los días gloriosos que conocimos; sin embargo, cuando tenemos que hablar con nuestros hijos nos cuesta trabajo hacerles comprender cómo eran. Nosotros, y antes que nosotros nuestros padres, hemos llevado más o menos la misma vida; pero ellos, con sus trenes y sus barcos de vapor, pertenecen ya a otra edad. Es cierto que tenemos el recurso de poner en sus manos libros de historia para que lean en ellos lo que fue nuestra fatigosa lucha de veintidós años contra ese malvado gran hombre [Napoleón Bonaparte]. Pueden aprender cómo tuvo que huir la libertad de todo el ancho continente, y cómo Nelson derramó su sangre, y el noble corazón de Pitt sucumbió en el esfuerzo por evitar que nos viésemos en el trance de pedir refugio a nuestros hermanos del otro lado del Atlántico. Todo eso lo pueden leer conociendo las fechas de tal tratado o cual batalla; pero lo que no sé es si podrán leer acerca de nosotros, de la clase de gente que éramos, de cómo vivíamos y de cómo veían nuestros ojos el mundo cuando eran tan jóvenes como lo son ahora los suyos.

No penséis que si tomo la pluma y os cuento esto es porque tengo una historia propia. Cuando ocurrieron las cosas que os voy a relatar apenas había alcanzado la mayoría de edad, y si bien conocí varias historias de vidas ajenas, apenas podría reivindicar alguna propia. Lo que da una consistencia de historia a la vida de un hombre es el amor de una mujer, y habían de correr muchos años antes de que yo mirase por vez primera a los ojos de la que había de ser la madre de mis hijos. Esta historia ya nos parece a nosotros cosa del pasado, y es que, mientras nuestros hijos son ahora capaces de alcanzar con sus manos los ciruelos del jardín nosotros hemos de buscar ya una escalera, y que por donde antaño caminábamos agarrándoles sus pequeñas manos con las nuestras hoy nos enorgullece pasear apoyados en sus brazos. Pero yo voy a hablar de unos tiempos en que todavía no conocía otro amor que el de mi madre, y si tú, lector, buscas en estas páginas algo más, no es para ti para quien escribo. En cambio, si quieres partir conmigo hacia aquel mundo olvidado, si quieres saber de las aventuras del Pequeño Jim, y de Harrison el Campeón; si quieres conocer a mi padre, uno de los hombres de Nelson; si quieres incluso llegar a conocer a ese gran marinero; y a George, el que tiempo después se convertiría en el indigno Jorge IV de Gran Bretaña; pero, sobre todo, si quieres conocer a mi célebre tío, sir Charles Tregellis, El Rey de los Galanes, y a los grandes luchadores cuyos nombres te son tdavía familiares; entonces dame la mano y partamos.

 

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Malasangre (Anagrama) es una mirada moderna al mito del vampiro, en la pluma de la venezolana Michelle Roche Rodríguez.