El futuro es una ilusión, un sueño, una quimera o una utopía. ¿Qué futuro nos espera? Podríamos ser más proactivos y preguntar ¿Qué futuros deseamos o podemos construir? O bien sólo atisbar un poco, dejarnos llevar y preguntar ¿hacia dónde vamos?
No existe una respuesta sino un gran número de aproximaciones diversas, acercamientos desde muy diferentes ángulos y perspectivas, adivinanzas, presagios, predicciones, desde las ciencias o las artes; desde lo religioso, lo social o lo moral.
Nuestra especie ha intentado comprender su existencia y devenir con múltiples explicaciones. El mundo ha sido entendido como algo mágico en el que buscamos signos para descifrarlo, o como reloj y buscamos calcularlo. Pero es más complejo.
Sin menoscabo de los éxitos, nuestros pronósticos y explicaciones, a decir de la historia, son limitados, ya sea porque su complejidad es mucha o porque las restricciones humanas son enormes. Lo que es posible saber con certeza acerca del futuro es siempre escaso.
Uno de los errores más comunes es usar la suposición de que la misma situación produce siempre los mismos resultados, tanto en lo natural como en lo social. Aun admitiendo que esta suposición fuera correcta, la realidad es que nunca estamos en la misma situación, por lo que los efectos nunca serán idénticos.
Hay muchos ejemplos del fracaso de estos supuestos, desde Malthus, quien predijo la extinción de la humanidad a causa de la sobrepoblación sin considerar que se desarrollaría la industria alimentaria y los métodos anticonceptivos; o Marx quien descubrió una ley que nos llevaría irremediablemente a una sociedad ideal en el comunismo. Somos malos futurólogos. Muchos anunciaron la guerra nuclear, casi ninguno la caída del muro de Berlín o el derrumbe de la Unión Soviética.
También es cierto que hoy podemos observar algunas tendencias inmediatas con alguna precisión, como el incremento del trabajo realizado por robots, la clonación, la ingeniería genética, los nuevos fármacos y drogas, la sustitución partes del cuerpo, la producción de nuevos materiales, nuevas fuentes limpias de energía, o la exploración y el turismo espaciales. Pero todo ello si sobrevivimos.
Porque vivimos hoy al lado de un miedo, una incertidumbre, una infelicidad permanente. Un temor al futuro, a no saber a dónde nos dirigimos, aunque aparentemente tengamos el control, estamos como en un naufragio o en un desierto. Enmedio de una pandemia.
Sin embargo, habrá que construir en lo posible el futuro y no dejarnos llevar. Toda visión relista, posible o al menos probable del futuro debe tener tras de sí una gran dosis de conocimiento, pero también de creatividad, imaginación y responsabilidad. Es una proyección, un ejercicio, es ciencia y arte, es la capacidad de ubicar un problema de diferente manera, observarlo desde perspectivas radicalmente distintas, y ser capaces de apuntar hacia escenarios realistas que nos orienten.
¿Qué podemos esperar del futuro próximo? Lo que ocurra depende de muchas variables, no hay una sola acción que pueda definirlo. Todo dependerá de la política gubernamental, de las acciones de cada individuo, del desarrollo de medicamentos y vacunas, entre muchas otras. Es como predecir el clima, aunque conocemos bien las causas de los fenómenos climatológicos, se conocen las leyes que los rigen, no es posible predecirlos más que en rangos muy cortos de tiempo, justamente porque cualquier pequeña variación produce cambios. Ocurre lo mismo con las epidemias, sabemos si están aumentando los contagios o las defunciones día a día y podemos decir si mejoramos o empeoramos diariamente, y predecimos para mañana, quizá para unos días, pero esta conjetura sirve sólo para un tiempo corto.
Un problema adicional es que muchas muertes por problemas cardiacos, renales o hepáticos pueden ser consecuencia de tener el virus, la causa de muerte es, por así decirlo, el hilo que se rompió. Es decir, no contamos con mucha información y esto hace que nuestras predicciones sean aún más imprecisas.
La mejor alternativa ética es no dar el futuro por sentado, por la sencilla razón de que no está determinado. Contar con la mayor información posible y hacer lo que cada uno debe para construir el futuro, cuidarse y cuidar a los demás es fundamental.
