Gore Vidal (3 de octubre de 1925 – 31 de julio de 2012) fue de los primeros autores en tratar abiertamente el tema de la homosexualidad en su obra narrativa. Además de novelas y cuentos, fue guionista de Hollywood, ensayista y periodista. Es célebre su rivalidad con su contemporáneo Truman Capote. El odio amoroso que se profesaron se inmortalizó en las frases más irónicas, hirientes y divertidas de la vida literaria. De Una memoria (Mondadori, 1995), primer volumen de la autobiografía de Gore Vidal, transcribo las primeras líneas.
“¿Una sarta de mentiras? ¿Podría haber un título más sugestivo, más adecuado para unas memorias? Sobre todo si el punto de referencia del protagonista para estos recuerdos no es tanto sus propias mentiras como las de otros, y si se me permite un pequeño alarde de inmodestia, confieso haber disfrutado de un mano a mano con algunos de los mayores embusteros de nuestro tiempo. Pero yo era un novelista de una época en la cual la línea que dividía ficción y realidad era bastante tenue, ya que el ‘novelista’, haciendo gala de su sangre fría, se sentía libre de rellenar sus páginas con situaciones en las que los diversos personajes reales irían desenvolviéndose a su antojo. He estado también metido en la política, en el teatro y en el cine, tres mundos en los cuales uno nunca está bajo juramento –mientras no te denuncien–, de modo que al último que recoge la pelota le toca relatar la sarta definitiva de mentiras, con frecuencia en más de una ocasión, como le sucedió al incomparable Richard Nixon.
“Escribo esto el 26 de agosto de 1994: taciturno, esquivando una tentadora mentira de conveniencia. Puesto que por lo general me gusta mantener el presente en el tiempo presente, querría señalar que hoy, tras el verano más caluroso de todos los tiempos del sur de Italia, la ola de calor se ha dispersado, aunque en realidad no fue hoy, sino ayer, cuando el tiempo cambió. Desde nuestra casa aquí en Ravello, situada en un acantilado sobre el golfo de Salerno, podía verse una tormenta eléctrica en el oeste y otra en el este, y de pronto se levantó un vendaval que inundó la casa de hojarasca.
“Por primera vez en dos meses me encuentro con el ánimo sereno, y listo para reflexionar sobre lo que he estado escribiendo durante estos dos últimos años: una descripción de los primeros 39 años de mi vida vistos 29 después. Acabo de anotar en esta sarta –¡no, no!– en este registro de hechos y verdades eternas, como lo expresó William Faulkner de manera tan acertada y característica en él, que el verano pasado remitió el día 21 de agosto, cinco días antes que en este año.
“El lugar en donde trabajo es un cuarto cúbico de color blanco con el techo abovedado; a mi izquierda hay una ventana orientada hacia la antigua ciudad de Paestum, al otro lado del golfo de Salerno. En este instante el mar ostenta un gris metálico y hay una calina blanca que oscurece el sol, más hostil todavía. Robert Frost pensaba que, entre el fuego y el hielo, el mundo acabaría en hielo. Sin duda esta vez acabará en fuego”.
Novedades en la mesa
De la magistral pluma de Daniel Sada, una novela acerca de la violencia a la mexicana en el norte del país, El lenguaje del juego, editada por Anagrama.
