La periodista experta en arte contemporáneo Catherine Millet (Francia 1948) saltó a la fama en 2001 al contar de manera explícita sus encuentros sexuales en La vida sexual de Catherine M. Ahora vuelve al tema del erotismo enlazando la biografía de D. H. Lawrence con la suya propia en Amar a Lawrence (Anagrama, traducción de Jaime Zulaika), de la que transcribo las primeras líneas.
“La heroína de La serpiente emplumada, penúltima novela de D. H. Lawrence, se llama Kate. Al comienzo de este relato de 500 páginas, Kate, que pronto debe decidir si regresa a su casa en Irlanda o si prolonga su viaje, pasea sin rumbo por la Ciudad de México. Atraviesa ‘la gran plaza sin sombra delante de la catedral”, mira “los objetos en venta expuestos sobre la acera: los juguetitos, las calabazas pintarrajeadas, recubiertas de una especie de laca brillante, las novedades importadas de Alemania, las frutas, las flores. Y a los indígenas acurrucados ante sus mercancías: hombres sólidos, silenciosos y bellos que levantaban hacia ti sus hojos negros, sin pupilas […] [Mira] al hombre que preparaba su muestrario de naranjas y que, frotándolas con un paño, las secaba con tanto cuidado y casi con ternura antes de apilarlas en pequeñas pirámides de color vivo, bien alineadas y exquisitas […] y al mismo tiempo, las ropas sucias, la piel sin lavar y el fulgor especialmente hueco, a la vez temible y arayente, de sus ojos negros.’
”Escrita entre 1923 y 1925, La serpriente emplumada se publicó en 1926, el año en que Lawrence empezaba a redactar lo que se convertiría en El amante de Lady Chatterley. Es la segunda novela de Lawrence que leí, o, mejor dicho, la cuarta. Antes había encadenado la lectura de las tres versiones distintas de Lady Chatterly para un artículo que me habían pedido, destinado a un diccionario de personajes novelescos. El editor, por supuesto, había pensado que la autora de La vida sexual de Catherine M. era muy indicada para el tema. De hecho, yo no conocía nada de Lawrence y sólo había aceptado el encargo porque me brindaba la oportunidad de leer por fin una obra tan famosa.
”Como sucede tan a menudo en las historias de amor, al principio no me gustó. Lo achacaba a un estilo que no era de mi gusto, desordenado, repetitivo, como tanto le reprocharon al autor. Es muy posible que el verdadero motivo fuera que quería eludir una pregunta demasiado evidente: ¿qué tenía que decir Catherine M. de Constance Chatterley? […] Las primeras páginas hablan de la aversión que siente Kate por la Ciudad de México, “una ciudad de perros”. Ahora bien, resulta que a mí Ciudad de México me gusta mucho, muchísimo.
”Cuando el avión se acerca ves que la megalópolis ha conservado algo de la ciudad insular que era en la época de los aztecas. Está situada a un trayecto en taxi del Sol y la Luna de Teotihuacán, y en su corazón excavaron el cuadrilátero del zócalo (es decir, la Plaza de la Constitución, por donde se pasea Kate, y cuyo nombre popular es zócalo), con ese mástil en el centro, plantado como una jabalina, que lo convierte en un enorme reloj de sol. México es una gicantesca piel rugosa y arrugada, prensada entre dos vacíos cósmicos. He pasado allí cortas estancias durante las cuales, dos o tres veces, contraté los servicios de un taxista para excursiones de un día […] Estos hombres eran acompañantes muy amables que se divertían conmigo de nuestro chapurreo recíproco […]”
Novedades en la mesa
Llegó a las mesas de novedades la biografía de la ex primera dama de Estados Unidos, Michelle Obama, Becoming. Mi historia contada para jóvenes (Montena).
