Adam recibe el ofrecimiento de un trabajo de correccción, y ese encargo lo adentra en un libro donde los lectores son protagonistas. Con La mano de la buena fortuna (sexto piso, 2006, traducción de Dubravka Suznjevic) Goran Petrovic (Serbia, 1 de julio de 1961) obtuvo el mayor reconocimiento de las letras serbias. Transcribo las primeras líneas de la novela.
“Era una frase en serbio. Como la siguiente también. Compuesta manualmente. Impresa en letras cirílicas. Entre los renglones se dejaba vislumbrar la impresión del reverso de la página. Originalmente de un blanco perfecto, el papel presentaba manchas amarillas del tiempo que se cuela por todas partes…
”Esperando que el joven examinara la página introductoria del libro, el hombre misterioso aparentaba entretenerse con la inspección de la oficina, un cuartucho al fondo del embudo del pasillo que no se había vuelto a pintar desde hacía tiempo. La estrecha habitación de uso general contenía sólo un archivador de persiana en desuso con una chapa varias veces forzada, un perchero con base, dos sillas destartaladas, un escritorio y una maceta con una desamparada planta de nochebuena. El pequeño y deslucido escritorio de bordes desgastados, apenas suficiente para los seis tomos del Diccionario de la lengua serbia, una edición de Ortografía de la posguerra y un montón de textos periodísticos recién impresos esa semana.
”La luz en el cuartucho era débil; los hombros cacarañados del edificio gubernamental vecino tapaban la vista desde la ventana, por lo que había que esperar al mediodía para recibir una tajada rojiza del sol que allí jamás pasaba de un cuarto de hora, siempre y cuando no estuviera nublado como ese día de finales de noviembre. Tal vez por eso el joven estaba encorvado, con el rostro casi metido entre las tapas del libro. Después de leer la primera página, dio vuelta a la hoja con cuidado, pero pasó por encima de los demás renglones para cerrar el libro y empezar a inspeccionar la encuadernación hecha de safián rojo frío, desde luego demasiado elegante para los tiempos actuales.
”–¿Entonces? –dijo el hombre, sin que un solo rasgo de su rostro se moviera como para merecerse una descripción.
”–¡¿Entonces?! –El joven andaba con rodeos a pesar de que intuía lo que se esperaba de él, tratando de ganarse otro instante para reflexionar.
”–Entonces, decídase, ¿quiere aceptarlo? –El hombre frunció el ceño ligeramente.
”–No estoy seguro… –comenzó Adam Lozanic, estudiante de la Facultad de Filología, pasante del departamento de Lengua y Literatura serbia, corrector por honorarios de la revista de turismo y naturaleza Nuestras Bellezas–. No estoy seguro de qué debo decir, eso ya es un libro, no un manuscrito.
”–Claro que no. Lo importante es que usted cumpla con las condiciones. Lo cual significa que no va a dejar ninguna anotación u otra huella escrita aparte del objeto de su trabajo. La discreción se sobreentiende. Si considera que la remuneración es insuficiente, estoy dispuesto a ofrecerle… –El hombre se inclinó hacia él con un tono confidencial.
”Adam ya se había quedado pasmado con el primer monto que le fue comunicado. De la suma, ahora duplicada, podría vivir cómodamente cinco o seis meses sin preocuparse por el alquiler, terminar tranquilamente su tesis de licenciatura y, por fin, acabar sus estudios […]”
Novedades en la mesa
A manera de charla se arma Guillermo del Toro: su cine, su vida y sus monstruos (Grijalbo) de Leonardo García Taso, con prólogo de Felipe Cazals, donde el afamado cineasta da cuenta de su oficio y su vida.
