Poeta, narradora, dramaturga y ensayista, defensora de la República española aún después de la derrota y siempre en España, Carmen Conde (15 de agosto de 1907-8 de enero de 1996) fue la primera mujer en ocupar una silla en la Real Academia Española de la Lengua. Con ese motivo, declaró en una entrevista: “El machismo evidente en la lengua castellana es triste consecuencia de la historia que arrastramos las mujeres españolas. Pero los tiempos han cambiado y la misma Academia se ha dado cuenta; ya no son los días en que Concepción Arenal decía que la mujer sólo podía ser estanquera, reina o puta”. Transcribo las primeras líneas de su discurso de ingreso, pronunciado el 28 de enero de 1979.

“Mis primeras palabras son de agradecimiento a vuestra generosidad al elegirme para un puesto que, secularmente, no se concedió a ninguna de nuestras grandes escritoras ya desaparecidas. Permitid que también manifieste mi homenaje de admiración y respeto a sus obras. Vuestra noble decisión pone fin a una tan injusta como vetusta discriminación literaria.

”No le permitió el Destino a mi ilustre predecesor D. Miguel Mihura, nombrado académico electo, leer su discurso de ingreso. Genial escritor, el que mejor comprendió a las mujeres al interpretarlas en sus inolvidables comedias, don Miguel Mihura fue innovador teatral y no sólo en España. Artista magistral uniendo la suave ironía con la ternura y la ilusión, su especial singularidad posibilitó que la creación de sus personajes —femeninos en particular— sea tan inteligente como repleta de graciosa delicadeza.

”Imagino su sonrisa acompañándome al Sillón que la muerte no le dejó ocupar, y en el que desde hoy empiezan a estar las escritoras de nuestros años, tan conflictivos y henchidos de esperanzas renovadoras.

”A continuación, y apelando a vuestra benevolencia, leeré mis sencillos comentarios a ciertos fragmentos de poesías de algunos autores que en ellas manifiestan su acoso a lo indescifrable del Tiempo, o su preocupación por la inmortalidad de sus obras.

”Si de la memoria ‘sólo vale el don preclaro de evocar los sueños’ [Antonio Machado] cuando suscito los míos resalta mi entrega a la Poesía. Desde la infancia, ‘tan lejos como vaya mi recuerdo, he buscado siempre lo que no cambia, he deseado lo eterno’ [Luis Cernuda]. No la inmortalidad sino la eternidad o el sueño de lo inextricable…

”Por ello, conectar con la vida plena sin apartarme de la Poesía; entregándole cuanto percibía y sentía inmersa en visible totalidad; anhelando aquello misterioso que conduce al hallazgo de palabras que accedieran conmigo o por mí, al todavía un sueño: el más hermoso y respetado por mi existencia.

”Padecer por hallar desde el subconsciente cuanto ayudara a intentar o a ser un puente que alcanzara las orillas del misterio creador… La joven inocencia creyó traer, un día, ‘…palabra redonda y suave como una paloma…’ [Carmen Conde, Obra poética (1929-1966)].

”Eterno e implacable se constataba el Tiempo, aunque todo se creía alcanzable ejerciendo el sueño, germen de lo íntimo, de lo secreto pugnando por nacer. Si recorrer el largo camino acarrearía venturas y desventuras, habría que mantenerse fiel a la Poesía: no como condición adicional, sino porque era supremo logro del ser y del estar en la Tierra. Sin ella me hubiera sido imposible vivir. Por ella, fortaleza y la dulcísima felicidad que inspira imaginarse enlace entre el origen y el fin […]

 

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En Los falsificadores de pimienta. Una historia familiar (Acantilado), Monika Sznajderman emprende una investigación acerca de su familia paterna para construir un relato histórico biográfico de la época nazi en Polonia.

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