Los reporteros consignan los hechos y los historiadores escriben los libros, porque el periodismo diario se hace con datos duros, sin opiniones ni sesgos, los reporteros profesionales no usan la primera persona al escribir, su opinión es irrelevante. No persiguen el protagonismo sino a los protagonistas. Con 50 años de trabajo informativo, la huella de Elías Chávez se distingue en El Universal, Excélsior y Proceso, por mencionar sólo unos cuantos medios, pero también en la defensa gremial. En su más reciente libro, El yo prohibido (Proceso) prologado por José Reveles, ha escogido un puñado de textos dentro de su amplia trayectoria, para contar sus experiencias y definir su postura personal y política desde ese yo prohibido en el ejercicio profesional. El libro, ilustrado con dinosaurios, está dedicado en parte “en solidaridad con los periodistas agredidos desde Palacio Nacional por ejercer honradamente la libertad de expresión”. Transcribo las primeras líneas de su texto “Muertos de hambre”.

“Trabajabas para la Agencia Mexicana de Servicios Informativos, dirigida por don Alejandro Avilés, director también de la Escuela de Periodismo Carlos Septién García, de la que egresaste en diciembre de 1963. Terminaba el quinto año del sexenio de Adolfo López Mateos. Su secretario particular, Humberto Romo Pérez, decía ‘Los periodistas son como los chinos: muchos y muertos de hambre’.

”En ese tiempo China padecía una hambruna. Treinta millones de chinos habían muerto de inanición a consecuencia del fracaso del Gran Salto Adelante impulsado por Mao Zedong, otro tiranosaurio enemigo de los periodistas. (Actualmente, en China ha sido erradicada la pobreza extrema, en tanto que la clase media se fortalece y agranda.)

”Desde siempre, todos los dictadores, sean de izquierda o de derecha, todos, aborrecen a los periodistas críticos.

”Mal pagados, sin seguridad laboral, reporteros ‘muertos de hambre’ eran y son pararrayos en la tormenta de la corrupción periodística donde directores y dueños de medios de comunicación –y algunos articulistas y columnistas– se venden o entregan al mejor oferente.

”Atribuyen al periodista y poeta René Arteaga (1928-1978) haber dicho: ‘Si el chayote no te corrompe, acéptalo’. Originario de El Salvador, regido por una dictadura militar, René sufría la intolerancia de su gobierno contra los periodistas críticos. Para protegerse de los esbirros del tiranosaurio salvadoreño, en 1958 salió de su país, se refugió en Guatemala y también ahí otro tiranosaurio militar lo persiguió. Exiliado del exilio, finalmente llegó a México, donde formó familia y se forjó una patria. ‘Patria es –decía– donde yo grabé un corazón en un árbol’. Trabajó en los diarios Excélsior y Unomásuno, y hasta sus últimos días luchó, como periodista, contra el autoritarismo mexicano.

”El chayote a los reporteros es una nadería. Sirve al reportero, cuando mucho, para completar el pago de la renta mensual de su vivienda, o quizá para pagar la colegiatura de algún hijo en escuela primaria. Aunque de ninguna manera es justificable, el chayote forma parte de la relación prensa-gobierno, y sirve a los fariseos para condenar y generalizar la injuria: ¡Periodistas corruptos!”

 

Novedades en la mesa

En una hermosa edición bilingüe de Akal se ofrecen los Poemas satánicos Manfred y Caín de Lord Byron. La edición y traducción es de Juan Curbet Soler.

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