Hernán Lara Zavala (28 de febrero de 1946) es un observador atento, admirador de la orografía, la arquitectura, la herencia milenaria y la vida diaria de la Península de Yucatán, con oído fino para escuchar a los herederos del mundo maya y la cultura ibérica. Lara Zavala es un anglófilo declarado, de refinado gusto literario, presente en sus ensayos y en su labor de editor, maestro de editores. En la narrativa despliega una prosa cristalina, impecable, merecedora de importantes galardones y presente en su nueva entrega, Viaje al corazón de la Península, editado por la Secretaría de Cultura de Yucatán (2001), donde capítulo a capítulo va dibujando las ciudades y caminos de la Península, monumentos, personajes y gastronomía. En las rutas y poblados que recorre el cronista, el lector descubre los ladrillos del gran edificio que construyó Lara Zavala en su novela Península, Península (Alfaguara, 2008), acerca de la guerra de castas, y también el eco de los cuentos primeros, De Zitilchén (Joaquín Mortiz, serie El volador, 1981). Transcribo “A manera de introducción” de Viaje al corazón de la Península.

“Mi padre era un pueblo de campeche. Un pueblo fuerte, independiente y vigoroso, con estirpe y con carácter que logró sobrevivir a base de trabajo y de talento. Mi padre tuvo una sola iglesia, una escuela primaria, varias cantinas, un cine, un panteón y las haciendas de Holcatzín y Ocuchil. Mi padre tenía los ojos azules y se llamaba Hernán Lara y Lara.

”Mi madre es dos ciudades de Yucatán: una amarilla y sagrada y otra blanca, limpia y bien trazada. Mi madre es suave, armónica y un poco melancólica: su infancia transcurre frente a un eorme convento y su juventud en diversos barrios: La Mejorada, Santa Ana, San Juan, Itzimná, Chuburná, Montejo. En ella vivían la panadería ‘La espiga de oro’, la escuela Consuelo Zavala, la temporada en Progreso, el parque del Centenario, las champolas del Colón y los bailes del club Bancarios y del Country. Mi madre tenía los ojos cafés y se llamaba Nydia Zavala Martínez.

”Por ser hijo de yucatecos –de hecho de padre campechano y madre yucateca– y por haber nacido en la Ciudad de México soy lo que en la Península se suele llamar un “yucahuach”. Pero qué duda cabe, por estas mis venas quiéralo o no, corre sangre yucateca o, si se prefiere, peninsular, es decir, de la hermana República de Yucatán, como reza la irónica expresión. Por ambas partes desciendo de una vieja estirpe en donde lo español y lo maya se mezclan de tal modo caprichoso que mis orígenes se pierden en los laberintos del espacio y el tiempo, del azar y del amor. Tal vez por ello he decidido escribir este cuaderno: para rescatar mis raíces. El trayecto que emprendemos juntos es, simultáneamente, un viaje sentimental, un álbum de recuerdos, un retorno al origen, un recorrido histórico y anecdótico así como la crónica de la visita a algunos lugares de la Península que han marcado a mi familia”.

 

Novedades en la mesa

Circula en las mesas de novedades un relato inédito de Sylvia Plath, Mary Ventura y el noveno reino(Literatura Random House), ilustrado por Mònica Bonet y con epílogo de Mariana Enriquez.