De la cubana de nacionalidad francesa y española, Zoé Valdes (2 de mayo de 1959), poeta, libretista, autora de cuentos infantiles, de una veintena de novelas y activa periodista, cuyas posturas políticas de extrema derecha le han valido numerosas críticas, transcrtibo las primeras líneas de la novela Te di la vida entera (Planeta 1996).
“No soy la escritora de esta novela. Soy el cadáver. Pero eso no tiene la más mínima importancia. Lo imprescindible ahora es contar, tal vez con la boca llena de gusanos, semejante al muerto que va narrando de cabo a rabo mi película preferida, Sunset Boulevard, de Billy Wilder. Más tarde, en otro capítulo, presentaré mis cartas credenciales de muerta oficial. Ahora, paren las orejas, o mejor, zambúllanse en estas páginas a las cuales, no sin amor y dolor, en tanto que espíritu he sobrevivido:
”En el año treinta y cuatro, en Santa Clara, ciudad de la antigua provincia de Las Villas, hoy Villa Clara, nació Cuca Martínez. Su padre era un chino fondero que había viajado de Cantón a México. En México se cambió el apellido y vino a Cuba a hacer fortuna. Su madre era oriunda de Dublín, pero allí solamente vivió sus primeros dos años. Los abuelos matemos de Cuca se trasladaron a Cuba acompañados de tres retoños hembras, también con la esperanza de enriquecerse en asuntos de carne de caballo, el abuelo de Cuca era carnicero, le llamaban El Rey del Tasajo. Las bebitas crecieron y se transformaron en tres señoritas pelirrojas de ojos azules. La menor, que había comenzado a declamar poesía francesa en el teatrucho del pueblo, más por exótica que por asiática, se enamoró del chino cocinero sin casta familiar. De launión del narra y de la irlandesa, vieron la luz cinco niños, uno murió muy tiernecito, a otro le dio la poliomielitis a los quince años, el tercero es asmático y católico crónico, la cuarta está enferma de los nervios, y la quinta: Cuca Martínez, es la más sana de todos, y no siempre fue vieja, desdentada y fea. Hay que aclarar que Cuca Martínez sí tuvo quince, que quiere decir en buen habanero, que fue linda, que estuvo riquísima, que paraba los carros en las calles y avenidas de La Habana entera.
”Cuando la Niña, que así de sencillo era como llamaban a CucaMartínez, cumplió los diez años, tuvo que irse a vivir a casa de María Andrea, su madrina de santo, porque la progenitora de cabellera roja y revuelta, y de ojos marinos, se empeñó en continuar su carrera como actriz, o declamadora, de mala muerte, y se separó del padre chino de la Niña Cuca. Se echó un amante de dieciocho años, y si te he visto ni me acuerdo. El asiático, que no podía con la carga de cuatro hijos, se quedó con dos, y prestó los otros dos a la madrina negra, la cual sufría constantes y emperrados dolores de muelas. Con ella, la Niña Cuca aprendió a lavar, fregar, cocinar, planchar y todo tipo de labores propias de su sexo (¡qué mal me cae usar esta formulita!) En los ratos libres, que eran bien pocos, conseguía permiso para jugar con una botella de cerveza disfrazada de muñeca. Porque la verdad es la verdad, ella nunca pasó hambre, pero juguetes, no se puede decir que tuvo muchos, posiblemente ninguno. La Niña Cuca no tenía tiempo de aburrirse, no cesaba de trabajar como una mula, o jugar con la botella-muñeca en los cortos ratos de ocio […]”
Novedades en la mesa
Tesla y la conspiración de la luz (Boket México) de Miguel Ángel Delgado.
